Realismo(s). La huella de Courbet

Gustave Courbet

El MNAC presenta un recorrido por el Realismo con algunas de las obras más emblemáticas de Gustave Courbet, el fundador del movimiento realista, y otros pintores franceses para mostrar su influencia en la pintura catalana del siglo XIX, y principalmente en Ramón Martí Alsina, el máximo representante del movimiento realista catalán.

Realismo(s). La huella de Courbet reúne unas 80 obras, entre pinturas, dibujos, fotografías y grabados, que permiten acercarse al movimiento realista desde un punto de vista estético, iconográfico y temático.

De Gustave Courbet (1819 –1877) se pueden ver 17 de sus pinturas más emblemáticas que han contribuido a convertirlo en un referente ineludible del movimiento realista, muchas de las cuales se podrán ver por primera vez en España.

Asimismo, de Ramón Martí Alsina (1826-1894) se presenta un número similar de piezas dentro de su producción más inequívocamente realista.

Ambos van acompañados de otros pintores realistas franceses, como Carolus- Duran (1837-1917), Jean-Baptiste-Camile Corot (1796-1875), o Jean François Millet (1814-1875), y catalanes, como Benet Mercadé (1821-1897), Antoni Caba (1838-1907), Simó Gómez (1845-1880) o Pere Borrell del Caso (1835- 1910).

Las obras de los artistas catalanes, que en su mayoría están muy bien representados en las colecciones del MNAC, permiten contextualizar el movimiento realista en nuestro país, y comprobar el efecto de contagio y la estimulante influencia que los realistas franceses, y especialmente Courbet, tuvieron en la pintura catalana de mediados siglo XIX, por otra parte el único foco de esta tendencia en España.

Articulada en cinco ámbitos, la exposición, centrada en la figura, incluye algunas de las temáticas cultivadas por los pintores realistas, como el retrato, el autorretrato, el desnudo o las escenas de género.

Asimismo Realismo(s). La huella de Courbet incluye una selección de pinturas y estampas del siglo XVII, dedicada a mostrar el ascendente que la obra de los grandes maestros barrocos ejerció sobre la pintura realista del siglo XIX.

Con esta finalidad se ha incluido una selección de obras de algunos de los grandes maestros de la época, como Velázquez, Murillo, Rembrandt o Ribera, cuyas producciones aparecen de manera intermitente a lo largo de la muestra.

Y, para sugerir que el realismo es una corriente viva que persiste en el tiempo, la muestra se cierra con una selección de obras de Antoni Tàpies en diálogo con los realistas que protagonizan la exposición.

Las obras que forman parte de la exposición proceden de diferentes colecciones públicas y privadas europeas y americanas, como el Musée de Orsay de París, el Musée Fabre de Montpellier, el Musée desde Beaux-Arts de Dijon, el Musée des Beaux-Arts et d’Archéologie de Besançon, la National Gallery de Londres, el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el Museo del Prado y museos catalanes como el Museo de Montserrat y el mismo MNAC.

Ámbitos

Esta exposición tiene como objetivo poner de manifiesto que el realismo catalán mostró una indudable permeabilidad a las novedades artísticas procedentes de París.

De ahí que Courbet, el fundador de la escuela pictórica, y Ramón Martí Alsina, el artista que lideró el realismo en Cataluña, convivan en los cinco ámbitos de la exposición. Las obras aquí reunidas se han agrupado en unos microrrelatos que permiten acercarse a la realidad artística de la época desde un punto de vista estético, iconográfico y temático.

Al mismo tiempo, con la inclusión de obras de maestros del siglo XVII, cuyos efectos tenebristas y paletas oscuras influyeron en los realistas del XIX, y de unas pinturas de Antoni Tàpies, un artista a caballo entre los siglos XX y XXI, se sugiere que, aunque la historia oficial acote el realismo al espacio que va de los románticos a los impresionistas, esta corriente nunca ha dejado de estar presente.

Espejos

El género del autorretrato ocupa un lugar importante en la exposición dado el interés que este tema despertó entre los pintores realistas, para quienes la imagen reivindicativa que perseguía el reconocimiento social, especialmente durante el Renacimiento, había perdido su vigencia.

El autorretrato del pintor realista utiliza un lenguaje austero, alejado de la grandilocuencia, y se convierte en un pretexto para encauzar su inquietud creativa. Lejos de constituir un signo de egocentrismo, se trata de una práctica muy habitual que, en períodos de ausencia de encargos artísticos, adquiere un comprensible protagonismo.

En cierto modo, puede decirse que el autorretrato en la pintura equivale a la autobiografía en la literatura porque, como en ésta, también explora y refleja los cambiantes estados de ánimo del autor.

Presencias

Junto al autorretrato, los artistas realistas mostraron un especial interés en representar personajes de su entorno. Así, en sus inicios Courbet representó en numerosas ocasiones a sus hermanas, mientras que los hijos de Martí Alsina fueron los modelos de algunas de sus pinturas de la década de 1860.

Esta fidelidad al entorno doméstico, que lógicamente se amplió con retratos de sus mejores amigos, fueran colegas de profesión o músicos, como algunos de este ámbito, pone de manifiesto el afecto que la mayoría de pintores realistas sintieron por sus raíces y por su gente.

En estos retratos los personajes aparecen tal como eran, sin artificios, con una puesta en escena generalmente sobria, y constituyen de alguna manera un legado singular que nos permite reconstruir una parte de la biografía de sus autores, quizás la más humana.

Arte viviente

“Ser capaz de traducir las costumbres, las ideas, la apariencia de mi época, de acuerdo con mi apreciación, en una palabra, hacer arte vivo, éste es mi objetivo.” Con estas palabras acaba un escrito de Courbet de 1855 que, aunque no lo escribió como manifiesto del realismo, se considera como tal.

En efecto, aunque cualquier ámbito de esta exposición responde a esta máxima del fundador del realismo, se reúnen aquí las obras que más directamente reproducen esta voluntad de plasmar los personajes y las escenas cotidianas tal como eran en la realidad del momento, es decir, sin concesiones a la imaginación del artista.

De ahí que el ámbito se haya acompañado de fotografías, una disciplina que entonces estaba muy en boga en Francia y que sin duda condicionó la mirada de los pintores realistas.

Transgresiones

La representación del desnudo femenino en el arte occidental es tan antigua como la propia historia del arte. Durante siglos prevaleció, sin embargo, una visión idealizada del cuerpo de la mujer que garantizaba alcanzar la belleza ideal y la exclusión de la sensualidad.

La pintura occidental desde el Renacimiento estuvo poblada de Venus, Dánaes y ninfas, ocultando así el verdadero rostro de las modelos. Un conjunto de convenciones y códigos iconográficos y técnicos fijaron el canon.

En pleno siglo XIX, la Academia seguía perpetuando estos clichés. Fueron los pintores realistas –y los fotógrafos- los primeros que osaron transgredir la tradición: el cuerpo de la mujer deja de tener las formas lisas e ideales de una diosa para incorporar todos aquellos “accidentes” que la hacen de carne y hueso; un agente portador, por tanto, de erotismo.

Por fin el artista puede prescindir de las coartadas mitológicas, alegóricas o de otro tipo que le habían impedido figurar la mujer contemporánea.

Realismos

A pesar de que la historia “oficial” del arte haya limitado la cronología del realismo a los años que median entre la generación romántica y la irrupción del impresionismo, la selección de piezas mostradas en este ámbito quiere reivindicar que el realismo es una corriente viva que, aun cuando muchas veces fluya subterráneamente, siempre busca la manera de hacerse presente.

Estas telas evidencian que la preocupación por reflejar la realidad nunca ha sido un afán técnico, antes bien una inquietud física para abarcar lo que se ve y lo que no se ve. Si por un lado la mirada de artistas como Courbet o Martí Alsina hacia los maestros antiguos de la realidad nos recuerda que el afán clasificatorio de la historia del arte va en contra de la visión y la expresión artísticas, por otro, la brecha que las pinturas de Tàpies abren hacia los siglos XX y XXI contribuye a hacer palpitar con renovado vigor a los llamados pintores realistas.

Ficha de la exposición

Realismo(s): La huella de Courbet

Fechas: Del 8 de abril al 10 de julio de 2011

Organiza: MNAC. Museu Nacional d’Art de Catalunya, con la colaboración de Fundación Abertis.

Comisarios: Cristina Mendoza, subdirectora de colecciones del MNAC; Mercè Doñate, conservadora jefe de la Colección de Arte Moderno del MNAC; Francesc Quílez, conservador jefe del Gabinete de Dibujos y Gravados del MNAC, y Elena Llorens, conservadora adjunta de la Colección de Arte Moderno del MNAC

Precio: 5,50

Horario: De lunes a sábado, de 10h a 19h; domingos y festivos, de 10h a 14.30h. Lunes no festivos, cerrado.

Lugar: Sala de exposiciones Temporales 1. Catálogo: 2 ediciones: catalán y castellano. Presentando la entrada de la exposición o la general del Museo, 5 % de descuento en la adquisición del catálogo en la Tienda del MNAC (Promoción válida hasta el 10 de julio de 2011)

Imagen superior: Courbet, Gustave. Retrato del artista, llamado El desesperado 1844-1845. Óleo sobre tela. Colección particular, cortesia del Conseil en Art. BNP- Paribas

Copyright de texto e imágenes © Museo Nacional de Arte de Cataluña. Cortesía de la Oficina de Prensa del MNAC. Reservados todos los derechos.


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