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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
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Biografía de Amparo Rivelles

AmparoRivellesAmparo Rivelles fue una de las actrices cinematográficas más populares de la década de los cincuenta, y pasó a convertirse luego en intérprete de muy merecido prestigio en los escenarios teatrales. A sus méritos, tan notables, cabe sumar una prolongada presencia en México, donde completó una trayectoria importante en el teatro, el cine y la televisión. De ahí que su aparición en estas páginas cobre una relevancia particular.

Amparo Rivelles nació en Madrid el 11 de febrero de 1925, incorporándose a una saga familiar de largo aliento teatral y en constante ampliación de horizontes interpretativos. No cabe aquí el exceso: los abuelos de Amparo fueron Jaime Rivelles y Amparo Guillén, y sus padres, Rafael Rivelles y María Fernanda Ladrón de Guevara. Es muy probable que fuera precisamente ese linaje escénico lo que condicionó su vocación. De hecho, acompañó a la familia en sus giras, y se sabe que comenzó a pisar los escenarios cuando era adolescente.

Con sólo quince años, intervino en el filme Mari Juana (1940), de Armando Vidal, y muy pronto su belleza, buena dicción y maneras elegantes conquistaron al público de la época, que hizo de ella una verdadera estrella. Un contrato con la compañía Cifesa fue el resorte que impulsó definitivamente la carrera de Rivelles en el cine español.

No deja de sorprender el acierto estratégico de sus promotores, ya que buena parte de su filmografía de este periodo está integrada por éxitos de taquilla. Para confirmarlo, cabe citar largometrajes como Los ladrones somos gente honrada (1941), de Ignacio F. Iquino; Eloísa está debajo de un almendro (1943), de Rafael Gil; Malvaloca (1942), de Luis Marquina; El clavo (1944) y La fe (1947), ambas de Rafael Gil; Eugenia de Montijo (1944), de José López Rubio; Espronceda (1945), de Fernando Alonso Casares; Fuenteovejuna (1947), de Antonio Román; La calle sin sol (1948), de Rafael Gil; Sabela de Cambados (1948), de Ramón Torrado; y La duquesa de Benamejí (1949), de Luis Lucia.

En esa portentosa trayectoria, sobresalen dos películas de asunto americano: Alba de América (1951), de Juan de Orduña, y El indiano (1954), dirigida e interpretada por el mexicano Fernando Soler. A ello cabe añadir su presencia en el magnífico largometraje Mister Arkadin (1954), de Orson Welles, y su trabajo a las órdenes del argentino Tulio Demicheli en La herida luminosa (1957).

En 1957 un empresario teatral le ofreció trabajo en México, país donde Amparo tenía previsto permanecer seis semanas. Diversas circunstancias personales y la felicidad profesional que encontró entre los mexicanos ampliaron esa estancia, que se prolongó a lo largo de veinticuatro años.

La primera película mexicana de Amparo Rivelles fue El esqueleto de la señora Morales (1959), una comedia de humor negro escrita por Luis Alcoriza y dirigida por Rogelio A. González. Dicho título inaugura una generosa filmografía, en la que destacan los melodramas familiares: Alfredo B. Crevenna fue su director en Los novios de mis hijas (1964), El día de las madres (1968), Los problemas de mamá (1968) y El juicio de los hijos (1970). Otros filmes de este periodo iberoamericano de la actriz fueron La casa de las muchachas (1968), de Fernando Cortés; Indio (1971), de Rodolfo de Anda; Presagio (1974), de Luis Alcoriza; y La madrastra (1974), de Roberto Gavaldón, con quien también trabajó en La playa vacía (1976).

Además de numerosos montajes teatrales, protagonizó en tierras mexicanas producciones de aire español, como La casa de Bernarda Alba (1980), de Gustavo Alatriste. Asimismo, intervino en numerosas teleseries, entre las que destacamos Pecado mortal (1960), escrita por Caridad Bravo Adams y dirigida por Raúl Astor; Pensión de mujeres (1960), de Raúl Astor; y Pasiones encendidas (1978), de Fernanda Villeli y Marisa Garrido.

El retorno de Amparo Rivelles a España fue impulsado, al menos en lo profesional, por el éxito notabilísimo de la serie televisiva Los gozos y las sombras (1981), basada en la trilogía literaria de Gonzalo Torrente Ballester. Curiosamente, el papel principal de esa producción lo interpretaba el hermano de la actriz, Carlos Larrañaga. La buena acogida de la función teatral Hay que deshacer la casa, de Sebastián Junyent, fue otro de los estímulos de Amparo, quien además logró un Premio Goya gracias a su labor en la adaptación cinematográfica de la pieza, que rodó en 1986 José Luis García Sánchez.

A pesar de su excelente cometido en películas como Soldados de plomo (1983), de José Sacristán; Esquilache (1988), de Josefina Molina; y Una mujer bajo la lluvia (1992), de Gerardo Vera; Amparo Rivelles ha volcado sus esfuerzos más recientes en el teatro, medio que hoy constituye el eje de su carrera profesional.

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.

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