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El verdadero origen de La guerra de las galaxias

La guerra de las galaxias¿Es posible, a estas alturas, escribir algo nuevo sobre la saga Star Wars? Se suele hablar de Lucas como el cineasta que reinventa la aventura, pero yo le veo más bien como el impulsor del Nuevo Hollywood. Lucas es el director indie que cambia de piel, y recupera el cine de aquellos viejos tiempos en los que sentarse frente a la pantalla equivalía a soñar.

Decir que fue inteligente o que supo ver el rumbo del negocio es quedarse corto. Lucas fue un visionario en una época en la que el resto de su pandilla –Coppola, Scorsese, De Palma…– estaban perdidamente enamorados del cine europeo, y mantenían una visión pesimista de la humanidad, muy acorde con las tragedias de la Guerra Fría.

El 3 de marzo de 1972 se había lanzado desde Cabo Cañaveral la Pioneer 10, la primera astronave capaz de superar el cinturón de asteroides existente entre Marte y Júpiter y abrirse camino hacia las fronteras del espacio conocido.

Esta idea según la cual el ser humano podía conocer nuevos horizontes más allá de los conocidos a través los telescopios espoleó la imaginación del joven cineasta.

Sorprende que el Lucas que finalmente crea el universo Star Wars fuera el mismo que había llegado a deprimir al mismísimo Francis Coppola con su primera obra, THX 1138 (1970).

Por fortuna, Coppola olvidó sus prejuicios –“Su cine es algo pedante”, había dicho– y, le apoyó durante el desarrollo de American Graffitti (1973). Al narrar el sueño de aquellos jóvenes de pelo engominado, exprimiendo la vida en 1962, antes de la pesadilla de Vietnam, Lucas maduró su proyecto definitivo: una ópera espacial con robots, cazarrecompensas y una princesa que viste de blanco.

Lucas y los cómics de Flash Gordon

En 1971, Lucas había llegado a un acuerdo con la firma United Artists que le obligaba a rodar dos largometrajes. Tras el éxito obtenido con el primero de ellos, American Graffiti, el realizador propuso su nueva idea: llevar al cine las aventuras de Flash Gordon.

A decir verdad, el californiano llevaba casi una década con esta cantilena, y todo a causa de un detalle financiero: no tenía suficiente dinero para adquirir los derechos del famoso cómic de Alex Raymond.

Quien sí tuvo capital suficiente para comprar los citados derechos fue el magnate italiano Dino de Laurentiis, que primero quiso a Federico Fellini como director, y que años después puso al mando del proyecto a Mike Hodges.

La guerra de las galaxias

En 1979, los agentes de De Laurentiis preguntaron a Dan Barry, uno de los más fecundos dibujantes de las tiras de Flash Gordon, quién podría encarnar un Flash ideal. Barry propuso a Robert Redford, pero los productores pensaron que el actor, además de ser muy costoso, estaba demasiado viejo para el papel.
Tras una larga búsqueda se eligió a un joven atleta cuyo mayor mérito profesional había sido ocupar la portada de la revista Playgirl. El muchacho en cuestión era Sam J. Jones, de quien Barry dijo que él mismo hubiera interpretado mejor el personaje de Flash.

Acaso fuera una suerte que Lucas no pudiera adquirir esos derechos de adaptación. En ese momento, ya atesoraba una cierta experiencia como realizador y guionista –fue el primero en desarrollar, junto a John Milius, el guión de Apocalyse Now–. Por otro lado, conocía bien los entresijos de la industria.

Había fundado junto a Coppola el estudio American Zoetrope: el mismo que financió THX 1138. Su experiencia con United Artists le había mostrado lo mejor y lo peor del negocio. No olvidemos que, aunque impulsaron American Graffitti, acabaron rechazando la idea de que Lucas se dedicara a la ciencia ficción.

Por suerte, al contar con el apoyo de Alan Ladd, Jr. en la Fox, el realizador aún podía elevar la ambición de su siguiente proyecto.

Dado que no era posible llevar Flash Gordon a la pantalla, Lucas quiso crear su particular ensueño espacial con planteamientos nuevos, realmente originales.

Al fin y al cabo, gracias a Ladd Jr., tenía asegurado un amplio presupuesto.

Cómo empezó todo

En 1974, durante el proceso de negociaciones con 20th Century Fox, Lucas se aseguró el control sobre su producto. A cambio, aceptó unas condiciones económicas bastante limitadas: recibió cincuenta mil dólares por el guión y un salario total de cien mil dólares como realizador.

Lo que más inquietaba a Alan Ladd Jr. es la extraña sinopsis de doce páginas que George Lucas había presentado al estudio. Era un texto escrito a mano, titulado Aventuras de Starkiller. Primer Episodio de La Guerra de las Galaxias.

El primer párrafo era propio de un cuento de hadas: "Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana... Esta es la historia de Mace Windu, un sacerdote Jedi-bendu de Puchi, emparentado con Usby C. J. Thape, discípulo padawaan del famoso Jedi".

Buen admirador del cine de Kurosawa, Lucas introdujo el término Jedi como un homenaje al jidai geki, ese subgénero que en Japón se dedica a narrar las antiguas hazañas de los samuráis.

En términos generales, el proyecto destilaba clasicismo. Algo que no sorprende en Lucas, cuya cultura y estilo se inclinan en esa dirección.

“Soy esencialmente un hombre victoriano –le diría, años después, a Orville Schell–. Me encantan los objetos y el mobiliario victorianos. Me gusta coleccionar arte. Adoro la escultura. En realidad, me gusta todo tipo de objetos antiguos. Pero el calificativo que más me cuadra es el de romántico. Me gusta la estética de la época victoriana, ese ambiente cómodo e íntimo, tipo Medio Oeste americano, con su aire cálido y aterciopelado. Por lo que se refiere a las historias que narro, creo que sugiere un enfoque humanista de ver las cosas: un punto de vista emocional”.

A comienzos de 1975, Lucas consiguió eliminar el exceso de referencias y entregó a Ladd un guión bastante pulido, cuyo nuevo título era Las aventuras de Luke Skywalker, como están tomadas del periódico de Whills. Saga primera: La Guerra de las Galaxias.

Probablemente fuera el propio Ladd quien convenció a Lucas de que lo mejor era reducir el título y aprovechar sólo su última parte: La Guerra de las Galaxias.

A diferencia de los ejecutivos de la compañía, Lucas quería actores desconocidos para interpretar los principales papeles de ese guión que le había costado dos años de esfuerzos. En el primer borrador, según algunas fuentes, Han Solo era un lagarto de siete patas con enormes branquias. Una vez corregido el personaje, éste pasó a ser un piloto negro, por lo que el papel fue ofrecido al actor Glynn Turmann.

Los chismes y las habladurías van y vienen, pero lo cierto es que, en su momento, se asentó el siguiente rumor: uno de los primeros castings contaba con Will Seltzer en el papel de Luke Skywalker, Christopher Walken como Han Solo y una estrella de la revista Penthouse, la despampanante Terry Nunn, en el papel Leia Organa. Con el tiempo, Lucas ha dado a conocer a otros aspirantes menos heterodoxos, como Kurt Russell (Solo), William Katt (Luke) y Amy Arving (Organa).

En realidad, por las audiciones pasaron Paul Le Matt, Burt Reynolds, Nick Nolte y Jodie Foster. Se sabe, además, que Leia iba a ser Sissy Spacek, y que sólo a última hora ésta cambió de proyecto y pasó a protagonizar Carrie, a las órdenes de Brian de Palma.

Por fortuna para el filme y para su legión de seguidores, Coppola aconsejó a Lucas que plantease mejor el reparto, y fueron finalmente Harrison Ford, Mark Hamill y Carrie Fisher los elegidos para ser, respectivamente, Han Solo, Luke y Leia.

Claro que, como veremos en el siguiente artículo, los inconvenientes más graves aún estaban por llegar...

Copyright de imágenes de Star Wars: TM & © Lucasfilm Ltd. 2009. Twentieth Century Fox Film Corporation. Cortesía de Hispano Foxfilm. Reservados todos los derechos.


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