Sería posible elaborar un esquema del cine de Jorge Sanjinés a partir del libro Grupo Ukamau: Teoría y práctica de un cine junto al pueblo (1979), escrito por el propio realizador con el fin de resumir sus criterios tras la cámara.
Esta búsqueda se construye en el diálogo entre el teórico del cine y el activista político, pues la política es tema forzoso en un director como él, crecido a contracorriente del sistema, en un ámbito turbulento. De nuevo habrá que preguntarse por las metas que apunta el cine militante, considerando más de cerca su doble función, narrativa y doctrinal.
Con todo, la trayectoria del director boliviano, por lo amplio de su vuelo, refleja un problema de primer orden que atañe a todas cinematografías de América Latina. Naturalmente, se trata de la incómoda estructura mercantil que condiciona su desarrollo y acaba impidiendo la expresión de su poliédrica identidad.
Dentro de este nivel, es preciso que nos refiramos a la circunstancia biográfica del cineasta, analizable desde las bases expuestas en su producción fílmica. Sanjinés nace en La Paz, en 1936, y estudia Filosofía y Letras en la Universidad Mayor de San Andrés. La situación desesperada de numerosos bolivianos acentúa su conciencia cívica e influye, al hilo de lecturas y conversaciones, en su filiación marxista.
De la tragedia de muchos compatriotas del director pueden advertirse resonancias en sus primeros cortometrajes, Cobre (1958), El manguito (1959) y Revolución (1963). La minería del estaño le sirve para escenificar su postura frente a la injusticia social y, avanzando en esta línea, frente a la marginación del pueblo indígena.
Con ello nos da Sanjinés una clave para comprender, si así puede llamarse, el área de sinceridad que exige una denuncia de estas características. Es, pues, la realidad más conmovedora lo que nutre sus filmaciones.
Como es lógico, la obstinación del realizador en este tipo de críticas no es agradable para quienes engendran la injusticia. Cuando en 1965 es designado director del Instituto Cinematográfico Boliviano, apenas permanece un año en el cargo, pues el estreno de su filme Ukamau (Así es, 1966) motiva su cesantía. La consecuente opción del cineasta es proseguir por el camino elegido. Sin apoyo industrial, logra reunir mediante una cooperativa el presupuesto de Yawar mallku (Sangre de cóndor, 1969), una película que insiste en su lucha contra el imperialismo.
De forma inesperada, logra financiación internacional para rodar El coraje del pueblo (1971). Así, con el capital que le proporciona la Radiotelevisión Italiana (RAI), culmina este relato de una matanza de mineros ocurrida en 1967. Años después, reanuda la denuncia en clave de actualidad y resalta en ¡Fuera de aquí! (1977) los desmanes de las multinacionales. Más atención foránea merece La nación clandestina (1989), un largometraje que rueda en plano-secuencia y con el cual gana la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián.
Pero los halagos no detienen el quehacer de Sanjinés. Siguiendo esa manera tan personal de identificar la circunstancia social de los suyos, el realizador trata de señalar nuevos caminos a la interpretación del infortunio indígena. Para recibir el canto de los pájaros (1995), fácilmente identificable con sus convicciones, viene a ser el nuevo desarrollo de ese escenario convulso y feroz que proyecta toda su filmografía.
Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.










































































































