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King Kong (1933) - Los efectos especiales de King Kong

Índice de Artículos
King Kong (1933)
Los efectos especiales de King Kong
Sinopsis
Las secuelas de King Kong
Todas las páginas

Los efectos especiales de King Kong

Como ya sucediera en títulos anteriores de O'Brien, el procedimiento de animación empleado fue el de fotograma a fotograma, a un ritmo de veinticuatro imágenes por segundo.

Pese a aparentar en la pantalla unos quince metros de altura, King Kong era en realidad un muñeco completamente articulado de alrededor cuarenta y cinco centímetros de envergadura. Para simular sus desplazamientos se utilizó un tablero base con agujeros para que la criatura no perdiera el equilibrio.

El armazón del muñeco era de acero, con articulaciones que funcionaban por rodamientos a bolas. La carne del simio era en realidad de caucho, recubierto con piel de conejo.

Según Ray Harryhausen, que investigó todo lo referente al rodaje de esta película, el emplear la piel de conejo trajo problemas porque los dedos del animador dejaban en ella huellas que podía advertir el espectador.

La musculatura fue marcada con látex, lo que completó un acabado muy superior al de las demás bestias que aparecían en la película, cuya piel se realizó con una simple combinación de esponja y caucho.

Por otra parte, hubo que crear tres piezas a tamaño real: un pie, una mano y la cabeza –según algunos, también brazos y piernas–. La cabeza era una estructura cubierta con cuarenta pieles de oso que albergaba a cuatro especialistas en su interior. Tenía rasgos móviles, como las cejas o las niñas de los ojos, que, por cierto, medían unos veinte centímetros de diámetro. También eran móviles las mandíbulas, cuyo funcionamiento se basaba en motores y dispositivos de aire comprimido.

Aparte de la ocultación, hubo un efecto especial manejado de modo constante en la película: la retroproyección. La innovación en este campo fue que la pantalla translúcida empleada fue hecha de celulosa por Sidney Saunders, sustituyendo así las antiguas y frágiles pantallas de cristal.

En las tomas ambientadas en la jungla perdida se utilizaron láminas de vidrio pintadas como fondo para distribuir decorativamente maquetas de flora acabada en cobre, papel y laca.

En una de las escenas, el gorila gigante mueve un tronco que sirve de puente a los protagonistas, con riesgo de que estos caigan al abismo. Esta toma fue filmada mediante el movimiento manual del muñeco a través de una placa de vidrio pintada, delante de la que se colocaron plantas verdaderas. Después, en el laboratorio se sobreimpresionaron los planos de los personajes humanos.

La famosa secuencia de Fay Wray en lo alto del edificio Empire State –una maqueta de unos veinticinco centímetros–, fue rodada invirtiendo el sistema habitual de la transparencia: se proyectaron escenas de los actores sobre una pantalla que se había situado previamente sobre una maqueta de la ciudad de Nueva York.

En los planos del monstruo encaramado al edificio y luchando por su vida contra los aviones la sensación de profundidad fue lograda disponiendo un gran telón que recreaba el río Hudson y las afueras de la ciudad, delante del cual se situó otro más pequeño con una detallada pintura de la urbe, quedando delante de éste las maquetas y el muñeco del simio. Por último, los diminutos aviones biplanos que atacaban a Kong fueron movidos con alambres.

A pesar de su perfección, podemos encontrar pequeños fallos de perspectiva en King Kong que nos hablan del aún inexacto dominio de O'Brien sobre la animación fotograma a fotograma: en la mano de Kong todo tiene el mismo tamaño, lo mismo una persona que un coche o un vagón de tren.

Como anécdota, cabe añadir que los rugidos de Kong eran producto del laboratorio de sonido, donde se había mezclado en cuatro bandas el rugido de un tigre grabado hacia atrás lentamente, con la añadidura del aullido de un perro, aunque hay quien dice que tal sonido era la combinación del gruñido de un león y un tigre.



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