Los cineastas de linaje hispano, con distintas perspectivas, asumen en Hollywood una identidad peculiar, pero complementaria dentro del friso cultural estadounidense. El estereotipo de lo chicano, reformulado a través del cine, abrevia hoy su vehemencia y cede paso a los buenos sentimientos. El auge social de la minoría hispánica justifica esa postura. Pero está claro que aún pervive el recuerdo de tiempos peores. Lo comprobaremos hoy a través de un mítico personaje: Gregorio Cortez.
Ustedes conocen a un realizador muy distinguido dentro y fuera de la comunidad latina, el tejano Robert Rodríguez. A primera vista, el de Rodríguez es un cine escapista, ceñido a las convenciones del gusto juvenil.
Ello se manifiesta en una obra tan aparentemente inocua como Spy Kids (2001), largometraje de tono familiar, sin otro interés que el de entretener con eficacia a su público. Asumiendo las reglas de la comedia de acción, Spy Kids encauza un claro elogio de la familia tradicional y, de paso, reivindica a los hispanos en un plano social elevado.
Por medio de la aventura, la audiencia simpatiza con los cuatro protagonistas: un matrimonio de espías y sus dos retoños, asimismo dedicados a las misiones secretas.
Para reforzar nuestra tesis inicial, hemos de insinuar una lectura sociológica del padre de estos niños espías, Gregorio Cortez, galán interpretado por Antonio Banderas. Cortez es un aventurero que puede resumirse como un James Bond hispánico: arriesgado y seductor, al tiempo que bienhumorado y sentimental.
A partir de dicho modelo, característico de los héroes anglosajones, podemos inferir, con cierta obviedad, el mejor perfil de la minoría chicana. Sin embargo, el análisis nos lleva a un dominio simbólico aún más fructífero. Y es que el tipo a quien Banderas encarna lleva el mismo nombre que un famoso fugitivo mexicano, víctima del racismo a comienzos del siglo XX.
Un malentendido convirtió a Gregorio Cortez en fugitivo de la justicia allá por 1901. Su peripecia incluye tiroteos, persecuciones y juicios teñidos de incomprensión, que no obstante acabaron reconociendo una certeza: la inocencia de Cortez.
Gregorio Cortez Lira (1875-1916), hijo de jornaleros, recorrió Texas en busca de trabajo. Fue en 1901 cuando el sheriff del condado de Karnes, W.T. "Brack" Morris, se acercó a él y a su hermano Romualdo mientras investigaba un robo de caballos.
El encuentro acabó en tragedia. Morris disparó a Romualdo, y Gregorio respondió a la agresión, con tan mala fortuna que Morris cayó muerto.
En aquellos tiempos, no era raro que este tipo de situaciones acabara con el linchamiento del mexicano. Sobre todo porque, en su huida hacia Laredo, Texas, Gregorio Cortez participó en un nuevo tiroteo con víctimas.
Cientos de hombres armados, muchos de ellos trasladados en los vagones del International-Great Northern Railroad, participaron en esa cacería humana.
Tras muchas vicisitudes, Gregorio fue detenido el 22 de junio de 1901.
Después de comparecer en un primer juicio –toda una novedad cuando el acusado era mexicano–, lo condenaron a cincuenta años de cárcel como culpable de un homicidio en segundo grado.
Gracias a las alegaciones y al revuelo social, el caso fue estudiado ante el tribunal de Corpus Christi, en 1904.
Finalmente, Gregorio Cortez fue perdonado en 1913 por el gobernador Oscar Colquitt. La lucha por su liberación y la controversia originada fueron decisivas para modificar la imagen de los jornaleros mexicanos.
Convertido en símbolo por la comunidad hispana de Texas, este personaje inspiró canciones como El corrido de Gregorio Cortez (1901), relatos populares e incluso un libro tan bien informado como el de Américo Paredes, With His Pistol in His Hand: A Border Ballad and Its Hero (University of Texas Press, 1958).
En tiempo de reivindicaciones, la película The Ballad of Gregorio Cortez (1982), de Robert M. Young, certificó la vigencia de una figura y de un mito que, según hemos podido comprobar, también se inmiscuye en largometrajes tan poco trascendentales como el de Rodríguez.
Copyright © Guzmán Urrero Peña. Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas. Reservados todos los derechos.









































































































