
Con más de tres décadas como cineasta profesional, Wes Craven se ha convertido en un fenómeno cultural para el cine y la televisión. Reinventó el género de terror en 1984 con la clásica Pesadilla en Elm Street, escrita y dirigida por él, y unos años después volvió a dar otra vuelta de tuerca a las películas de horror con la exitosa trilogía Scream.
Las entregas de ambos títulos han recaudado casi mil millones de dólares y demuestran un profundo conocimiento de los miedos inconscientes que habitan la psique humana.
Pero el éxito de Wes Craven empezó en 1972 con su primera película, la sorprendente La última casa a la izquierda, un largometraje que hizo historia producido por Sean Cunningham, otro experto del género, que lanzó posteriormente otra exitosa saga, Viernes 13.
Cuando Craven rodó La última casa a la izquierda, a principios de los setenta, los universitarios estadounidenses protestaban en la calle contra la guerra de Vietnam. Millones de ciudadanos se sentían profundamente desilusionados por la carnicería que se emitía en cada boletín de noticias. Pero la injusticia también se vivía en Estados Unidos. Los jóvenes exigían más derechos civiles, más derechos para la mujer y los gays.
Fiel reflejo de esta actitud revolucionaria, una nueva generación de jóvenes cineastas fue más allá de las fronteras del cine convencional.
Entre estos innovadores cineastas se encontraban Craven y Cunningham, que empezaron a desarrollar esta idea que iba a cambiar el molde del thriller moderno. “La última casa a la izquierda fue un proyecto muy acorde con la época”, dice Wes Craven. “Durante esos años tiramos las reglas por la borda, intentábamos deshacernos de la censura. Todos estábamos contra el sistema. Se luchaba en Vietnam, y las imágenes más fuertes que veíamos procedían de documentales de la guerra. En La última casa a la izquierda decidimos mostrar la violencia tal como es, y destapar la parte escondida de las películas de género hollywoodienses. Dimos la vuelta a todas las convenciones aceptadas hasta entonces para el cine de serie B”.
Wes Craven era profesor de universidad antes de cambiar de profesión, y se inspiró en la película clásica de Ingmar Bergman El manantial de la doncella, basada a su vez en la balada medieval sueca Töres dotter i Wänge (La hija de Töre de Wänge).
En su época, La última casa a la izquierda supuso un cambio radical con respecto a las habituales películas de monstruos y científicos locos de los años sesenta y principios de los setenta.
Los dos cineastas no estaban seguros de que una película de tan bajo presupuesto y con un tema tan controvertido atrajese al público. De hecho, por encima de todo les interesaba hacer un largometraje.
“Cuando Sean y yo conseguimos levantar la película”, recuerda Wes Craven, “estábamos convencidos de que sería muy pequeña, que se estrenaría en dos o tres de cines. Muy poca gente la vería y menos se acordarían de ella. Por eso se nos ocurrió enseñar cosas que no se habían visto nunca en la pantalla. Decidimos saltarnos todas las reglas y hacer lo que nos diera la gana”.
a primera versión de La última casa a la izquierda fue, tal como dice Sean Cunningham, “una película de guerrilla”. Se rodó con un equipo de quince personas y un presupuesto que no alcanzó los cien mil dólares. Para ahorrar dinero, rodaron sobre todo en las casas de sus familias en Westport, Connecticut.
“Digamos que más o menos fue así”, explica Sean Cunningham. “Dije: ‘Tengo una idea, hagamos una película. Escribes el guión, yo la produzco, tú la diriges. Haré los bocatas y grabaré el sonido’. Fue un rodaje muy básico, típico de estudiantes. Como cuando se prepara una obra de teatro en el instituto y todos trabajan 24 horas al día sólo por el placer de conseguir estrenarla. Éramos unos locos yendo de un lado a otro con una cámara”.
Los humildes orígenes de La última casa a la izquierda no permitían vaticinar que se convertiría en un enorme éxito de taquilla y que revolucionaría el género del thriller. Wes Craven recuerda el fin de semana del estreno: “Llamé a Sean para saber qué pasaba con la película. Y me dijo: ‘¿Estás sentado? Es un éxito, es tremendo, la cola para entrar casi da la vuelta a la manzana’”.
Después de estar en cartel durante semanas, siguió su camino por los campus universitarios y los pases de medianoche.
El crítico de cine Roger Ebert, del Chicago Sun Times, la aplaudió y la describió como “una pequeña película dura y amarga, cuatro veces mejor de lo que esperaba… una de esas raras películas que aparecen sin promoción y que funcionan a nivel comercial, pero que ofrece mucho más”.
En la industria, directores actuales pertenecientes al llamado splat pack (especializados en cine gore) reconocen que La última casa a la izquierda influyó mucho en su estética. Con esta nueva versión de la obra maestra, dan la bienvenida a un nuevo miembro de este exclusivo club: el joven director griego Dennis Iliadis, cuya reciente película Hardcore ha sido muy aclamada a pesar de crear una fuerte controversia por su descripción de la prostitución adolescente en Grecia.
La película fue catalogada como una de las mejores películas de un director novel europeo por la Selección de la Crítica de Variety en 2005. También fue galardonada con el prestigioso Premio Alemán Independencia.
La última casa a la izquierda © 2009 Rogue Pictures y Craven / Cunningham / Maddalena Productions. Cortesía de Universal Pictures International Spain. Reservados todos los derechos.









































































































