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"Barbarella", de Jean-Claude Forest

BarbarellaBarbarella, aparte de una joven de extraordinaria belleza, cuya apariencia se inspira fielmente en el físico de Brigitte Bardot, es uno de los personajes míticos del cómic francés y, sin duda, la obra más famosa de Jean-Claude Forest.

En 2007, el productor italiano Dino de Laurentiis anunció que se iba a rodar un remake de Barbarella (1968), aquella cinta de ciencia ficción protagonizada por Jane Fonda y dirigida por Roger Vadim.

La protagonista de la nueva versión iba a ser Kate Beckinsale, y sus guionistas, Neal Purvis y Robert Wade.

De ahí en adelante, el proyecto pasó por muchas vicisitudes.

Tantas que no me detendré a enumerarlas.

Lo que muchos cinéfilos desconocen es que la película de Vadim se inspira en un cómic extraordinario, que originalmente apareció por entregas en V-Magazine (1962), para luego integrarse en un tomo recopilatorio bajo el sello Le Terrain Vague (1964), que a su vez fue traducido al inglés por la editorial Grove Press (1964).

Si lo analizamos con cierto detenimiento, es obvio que el cómic de Forest resume la cultura pop de los sesenta.

El lugar donde Barbarella vive sus principales aventuras es el planeta Lythion, un lugar muy apartado de la galaxia.

Nuestra heroína ha de emplear la violencia en sus peripecias, pero nunca se resiste a probar los placeres más mundanos.

De ese modo, explora su erotismo de la mano de personajes tan originales como el ángel ciego Pygar, un ser alado de embrollada personalidad.

Inocente hasta lo increíble, Barbarella viaja por los confines de este universo imaginario sin perder nunca el sentido de la sorpresa y el afán por imponerse al caos de los exóticos reinos que visita.

Nace una leyenda

Cuando en abril de 1962 aparece la primera historieta de Barbarella en el número 566 de la revista francesa V Magazine, se abre un nuevo periodo del cómic para adultos.

Esta serie de ciencia ficción, llena de sensualidad, pronto sufre las consecuencias de su audacia.

De hecho, la censura de los diversos países donde se publica la serie impone sus condiciones.

El creador del personaje, Jean-Claude Forest, se ve obligado a retocar ciertos contenidos para ceder a las exigencias de un mercado editorial que aún no está preparado para explotar productos tan inusuales.

Sin embargo, ello no limita las posibilidades profesionales de Forest, que en 1962, el año del nacimiento de su criatura, es nombrado director artístico de una organización de prestigio, el Club des Bandes Dessinés, cuyo presidente, Francis Lacassin, apoya de manera resuelta al dibujante.

Forest cuenta por entonces 32 años y ya tiene un notable prestigio profesional en el campo del cómic y el diseño gráfico.

A pesar del escándalo inicial que suscita, Barbarella aparece en un momento particular que favorece las intenciones de Forest.

En plena ebullición de los movimientos feministas y con el surgimiento de las primeras ofertas contraculturales, este cómic parece simbolizar toda una filosofía social y artística.

En buena medida, ése es uno de los motivos de su éxito en Francia y, poco después, en todo el mundo.

El aspecto gráfico del cómic es igualmente renovador.

El trazo simple, a veces descuidado para las convenciones del tebeo realista, complementa eficazmente un guión literario lleno de frescura, con diálogos sorprendentes, destinados –casi sobra añadirlo– a un lector adulto.

En 1964 sale a la venta el primer álbum, cuya excelente carrera comercial llama la atención de los ejecutivos de la compañía cinematográfica Paramount Pictures, que planean realizar una versión destinada a la gran pantalla.

Barbarella en Technicolor

En 1967 las especulaciones en torno al rodaje de Barbarella son constantes.

Entre las actrices candidatas a interpretar el papel protagonista figuran Ira de Furstenberg y Elizabeth Wiener.

Ninguna de las dos convence a los responsables.

Directores como Marco Ferreri y Mario Monicelli también intentan hacerse cargo de un proyecto que, finalmente, va a parar a manos de Roger Vadim, cuya esposa, la actriz Jane Fonda, es elegida para encarnar a Barbarella.

La producción es costosa y exige que colaboren la compañía Marianne Productions (París) y el italiano Dino de Laurentiis.

Forest, colabora en el guión escrito por Terry Southern y aporta ideas al diseñador de producción, Mario Garbuglia.

Los trajes son obra de los modistos Paco Rabanne y Jacques Fonteray.

Y el reparto, en línea con la internacionalidad del proyecto, cuenta con actores como John Philip Law (el ángel Pygar), David Hemmings (Dildano), Marcel Marceau (Ping) y Ugo Tognazzi (Mark Hand).

Sin embargo, ese despliegue de medios acaba siendo decepcionante por el cuestionable nivel artístico del film, que se estrena en 1968.

Al margen de las críticas que despierta, lo cierto es que algunos hallazgos visuales y la originalidad de los decorados conservan ese ambiente bizarro y sensual que distingue al cómic de Forest.

Imitaciones y secuelas

Como ya indiqué, la editorial Le Terrain Vague, propiedad de Eric Losfeld, fue la encargada de dar impulso popular a Barbarella.

Su éxito fue más que notable, y dio lugar a otras series con la misma filosofía.

Pienso en Les aventures de Jodelle (1966), del belga Guy Peellaert y el francés Pierre Bartier, Scarlett Dream (1967), de Robert Gigi y Claude Moliterni, La Saga de Xam (1967), de Jean Rollin y Nicolas Devil, y Ulysse (1968), de Georges Pichard.

Refiriéndose a la saga de Rollin y Devil, Román Gubern escribe una reflexión que, si la empleamos en un sentido amplio, también sirve para definir lo que Barbarella y sus seguidoras aportaron al cómic internacional.

Dicha historieta, nos dice, “señaló los límites a la creciente y desbocada sofisticación intelectual de una vanguardia que corría el riesgo de conducir a la incomunicación con los lectores, reemplazando el placer de la lectura por la laboriosa tarea del sofisticado aristocratismo highbrow, sólo apta para los lectores con abundante tiempo libre”.

n todo caso, es obvio que, a la hora de superar el moralismo imperante durante la década de 1950, el cómic erótico internacional asimiló contenidos feministas, lo cual dio lugar a heroínas independientes, sexualmente activas, que no se dejaban dominar por el varón.

Con ligeras variantes del estereotipo fijado por Barbarella, esta figura se prolongó en historietas como Jodelle (1966), de Pierre Bartier y Guy Peellaert; Uranella (1966), de Pier Carpi y Floriano Bozzi; y Dracurella (1973), del gran Julio Ribera.

Este artículo incluye citas de artículos que escribí en los libros Perspectivas de la comunicación audiovisual (2000) y La cultura de la imagen (2006).


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