Tanto en su cronología histórica como en lo concerniente a la maduración de Corto Maltés, todos los volúmenes de la serie a él dedicada mantienen una total coherencia.
Así, podemos saber que los sucesos narrados en Bajo el signo de Capricornio (Suite caribeana e Mare d'oro, 1970) ocurren entre dos años decisivos en el siglo XX: 1916 y 1917.
Bajo el signo de Capricornio (Sotto il Segno del Capricornio) fue publicado por la revista francesa Pif Gadget en abril de 1970.
Abarca seis relatos inolvidables: El secreto Tristán Bantam (1970), Cita en Bahía (1970), Samba con Tiro-Fijo (1970), Un águila en la jungla (1970), Volveremos a hablar de aquellos aventurerosPor culpa de una gaviota (1970). (1970) y
Corto se encuentra en Paramaribo, en la Guayana holandesa, donde conoce a quien será buen amigo suyo, Steiner, un viejo profesor europeo refugiado de sus desdichas en el alcoholismo.
Corto y Steiner deciden ayudar a un muchacho inglés, Tristán Bantam, cuyo padre, además de dejarle en herencia los documentos demostrativos de la existencia de un fabuloso continente hundido en el Pacífico, Mū, le indica la dirección de una hermanastra mulata, Morgana Dias dos Santos.
En Salvador de Bahía tiene lugar el encuentro familiar, probablemente inspirado al autor por los días pasados con el clan Dos Santos.
Este episodio le sirve a Pratt, como es razonable, para introducir una clara defensa del mestizaje.
El personaje de Morgana fluctúa entre los detalles seductores y el tópico afroamericano.
Se trata de una iniciada en el candomblé que maneja con habilidad los naipes del tarot.
Su maestra en las artes esotéricas es una mujer de edad indefinida y gran inteligencia, Boca Dorada, defensora de las pequeñas revoluciones locales.
Aquí se introduce una causa política por la que Pratt no oculta sus simpatías y que ilustra a través del líder cangaçeiro Tiro-Fijo, protagonista de uno de los episodios del álbum.
Aunque este rebelde perece en su lucha contra el terrateniente que oprime a los suyos, un sucesor toma las armas en su lugar, continuando una lucha desigual que conmueve a Corto Maltés y, por congruencia, también al dibujante.
Recordaré que son los años del guerrillerismo, interpretado de forma romántica y muchas veces idealizada por aquella generación de la guerra fría.
Corto Maltés combate más adelante el espionaje alemán en las Antillas, bien es cierto que sin pretenderlo.
Tras un fallido intento de hacerse con el tesoro del galeón Fortuna Real, Corto pierde la memoria durante un tiroteo en la playa de un islote cercano a la británica.
Es en ese lugar donde conoce a Soledad Lokäart y al caribe Jesús María, acusados de unos crímenes que nunca cometieron.
Todo nos es ya conocido y, sin embargo, despierta simpatía.
Como puede advertirse, América aparece representada sin demasiadas sutilezas.
No hay voluntad de realismo y las tipificaciones difundidas por la cultura de masas –tesoros ocultos, magia africana, selvas llenas de guerrilleros– son manejadas por Pratt con total desenvoltura.
Y a pesar de todo ello, el ensueño se adueña del lector. Lo cual no es poca cosa.
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