
El Capitán Trueno vivió sus aventuras en todos los rincones del globo. Como seguramente recuerdan sus admiradores, algunas de estas peripecias transcurrían en Asia. Por su interés, dedicaré este artículo a los viajes asiáticos de Trueno, que componen uno de los periodos más felices y memorables de la historieta española.
A juicio de su creador, Víctor Mora, el Capitán Trueno era un agitador. Era un caballero andante que defendía la libertad, la justicia y la dignidad humana. Llegaba a una aldea oprimida y levantaba a la gente contra el tirano. Las peripecias de Trueno comenzaron a publicarse en cuadernos de formato apaisado a partir de junio de 1956.
El éxito inmediato de la serie pronto obligó a la publicación de aventuras paralelas en la revista “Pulgarcito”. La repercusión de la serie sólo cabe ser catalogada de espectacular. Además, como recoge Joan Navarro, las ventas siguen en aumento y se alcanza la cifra de 175.000 ejemplares de tirada a la semana.
Aparecerán nuevos formatos, como “El Capitán Trueno Extra” (1960), adaptados a las nuevas exigencias del mercado. Posteriormente saldrán a la venta “Album Gigante El Capitán Trueno” (1964) y “Trueno Color” (1969), siendo la reedición emprendida por Ediciones B desde 1987 la más cuidada comercialización de un cómic de permanente interés en nuestro país.
Aunque el dibujante por excelencia de las hazañas del Capitán fue el valenciano Miguel Ambrosio Zaragoza “Ambrós” (1913), el constante incremento de la producción forzó a la contratación de otros dibujantes de talento.
Por si ello no fuera bastante, el éxito del personaje entre las nuevas generaciones permitió la edición de nuevas aventuras, ilustradas por autores más modernos. En el largo catálogo de dibujantes que pasaron por la serie figuran Juan Martínez Osete, Francisco Fuentes Man, Angel Pardo, Luis Bermejo y John Burns.
El relato aventurero elaborado por Víctor Mora está salpicado de episodios asiáticos que a continuación relataremos cronológinamente, con su correspondiente indicación bibliográfica, centrándonos con mayor atención en las planchas que se desarrollan en Japón o que incluyen personajes nipones.
La biografía imaginaria del Capitán Trueno se inicia en 1162, en una localidad catalana. Aunque es el primogénito de un señor feudal, renuncia a los honores propios de su cuna con tal de vivir unas aventuras que pronto le ligarán al forzudo Goliath y a Crispín, joven hijo del conde de Normandía. Sempiterno enamorado de Sigrid, la hermosa hija del pirata vikingo Ragnar de Logbrot, Trueno extiende cada vez más la geografía de sus aventuras.
Gracias al globo aerostático construido por el Mago Morgano, conseguirá llegar hasta Asia. En ese globo, además de sus dos camaradas, viaja Grune, la hija de Morgano.
Aterrizan en China, donde habrán de enfrentarse con un perverso mandarín local, siendo ayudados en su empeño por Wang–Ho, un honorable guerrero que finalmente conquistará el corazón de Grune. Posteriormente toparán con las hordas de Genghis–Khan. El poderoso jefe guerrero se enfrentará en duelo singular con Trueno, pero ni las espadas ni los puños servirán para que uno de ellos logre la victoria. Agotados, ambos caerán desplomados.
Hasta este punto, hay en la creación de Mora dos clichés tratados de forma novedosa. El guerrero honorable, Wang–Ho, es a la par un caballeroso galán que logra convertir a Grune en su prometida, además de ayudar muy activamente a Trueno y sus camaradas.
El caudillo invencible, Genghis Khan, es impulsivo y pasional, muy alejado de esa tremenda frialdad con que está habitualmente dotado este modelo de personajes en la historieta internacional. Como es constatable leyendo sus cómics, Mora recurre a los clichés para hacerlos identificables a los lectores, pero luego consigue enriquecerlos con elementos inesperados.
Tras las aventuras en China, llenas de encanto, llegan las japonesas, culminación del recorrido de Trueno por Asia y aún más originales en su tratamiento.
Esta opinión es compartida por uno de los dibujantes de esos números de la serie, Tomás Marco Nadal (1929), quien afirmaba: Mi aventura favorita es una que transcurre en Japón, aquélla en la que aparece un tipo muy malvado con un triángulo en la frente. Disfruté mucho documentándome para reflejar ese ambiente apasionante que rodeaba las aventuras de El Capitán Trueno.
El personaje del triángulo tatuado, Tagaka, aparece por vez primera en la historieta “El hombre del triángulo”, ilustrada por Darnís. En las primeras viñetas se muestra la caída del globo de Morgano en el mar del Japón, cerca de una costa desde la que se vislumbra un torî. Atado a esta típica construcción shintoísta, un hombre está a punto de perecer ahogado por la marea. Se trata del citado Tagaka.
El Capitán Trueno salva a Tagaka, pero éste aprovecha un descuido de sus benefactores para atarlos, pues está obsesionado por conseguir lo que él llama el secreto del dragón volador, esto es, el globo de Morgano. El villano a punto está de acabar con la vida de Trueno, pero aparece oportunamente un grupo de samurais a caballo que fuerzan la huida de Tagaka. Se sumerge de inmediato en las aguas y un grupo de tiburones va tras él. Todos creen que ha perecido, pero en realidad logrará huir de los escualos.
La caracterización física de los samurais es bastante fantasiosa. Las espadas se parecen a las empleadas por los guerreros chinos, pero en modo alguno son semejantes a la katana japonesa. En cuanto a las armaduras, diremos que la imaginación del dibujante se desboca, presentándolas con un estilo japonés idealizado y enriquecido, mezclado en algún caso con motivos chinos.
Al mando de los samurais cabalga una amazona, Hokize, que acusa a Trueno y sus amigos de la escapada de Tagaka. Responde a la acusación el Capitán, y lo hace en chino, pues ha aprendido este idioma durante su peripecia en el vecino país.
No obstante, el héroe se desvanece antes de haber finalizado su explicación. Hokize es la hija del difunto shôgun local, además de hermanastra del villano Tagaka. Quedan así definidos los bandos: el hermano es belicoso, en tanto que la hermana desea la paz y la prosperidad del territorio.
Tagaka, como líder de una rebelión, había sido condenado a perecer ahogado, pero Trueno ha malogrado la condena. Los amigos españoles quedan de esta suerte a merced de la decisión de Kokize, convertida en gobernadora del territorio hasta que el Mikado decida el nombramiento de un nuevo shôgun.
La aventura japonesa del Capitán Trueno continúa en el episodio titulado “¡Contra todos!”. Tagaka, que ha logrado alzarse contra Hokize reuniendo una horda de feroces partidarios, persigue ferozmente a la población local. Una joven herida, testigo de su crueldad, habla al Capitán y sus compañeros: Yo voy a reunirme con mi venerable padre en el bosque de la eternidad. Una luz podría guiarme por los caminos de la muerte.
Como puede advertirse en estas líneas, Víctor Mora, que se sacude muchos tópicos en la narración, no quiere renunciar a ese modelo de lenguaje, entre poético y epigramático, que la cultura popular occidental aplica a los asiáticos. Sigue la acción cuando los protagonistas escapan por un cañaveral y alcanzan un barco que está cerca de la orilla.
Aquí hallamos un nuevo estereotipo. El capitán del barco, que a primera vista parece un samurai fuertemente armado, es en realidad una mujer pirata llamada Sivara. Aparte de evocar a esos clásicos piratas chinos que tanto menudearon en la novela finisecular, Sivara es también una amazona, con todos los convencionalismos que requiere esa tipificación. A través de las palabras de Sivara sabremos que el bando de Hokize está perdiendo. Su hermanastro pretende ejecutarla y ya planea la conquista de China. Así están las cosas cuando Hamato, un samurai fiel a Hokize, toma por asalto el barco de Sivara. Ayudado por el guerrero japonés, Trueno logrará entrar en palacio, evitando la ejecución de Hokize.
Por cierto: el dibujante ha caracterizado a la muchacha como si fuera una geisha, tocada con un pesado peinado que se adorna con alfileres. Ese personaje femenino es ahora presentado en toda su fragilidad, como la doncella a la que el caballero Trueno ha de rescatar. Naturalmente, éste lo hace, después de un combate a vida o muerte con Tagaka en lo alto del globo de Morgano.












































































































