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El manga y el anime en España

Appleseed

¿Recuerdan la primera vez que, siendo niños, compraron un tebeo de Akira o Bola de dragón? En los años ochenta, el impacto comercial del manga fue substancial, no sólo en España sino en el resto de Occidente. Muchos analistas consideraron aquella naciente moda como un hecho totalmente novedoso. Sin embargo, aquel auge comercial del manga en nuestro país se vinculaba a un lento proceso de implantación anterior.

Es cierto que las cifras de venta, particularmente en el caso de “Bola de dragón”, se dispararon en los primeros noventa. Pero no puede olvidarse que el dibujo animado y sus adaptaciones en cómic habían llegado al mercado español desde los años 70.

Esto último quedará fácilmente demostrado con la siguiente lista de títulos, exitosos en mayor o menor grado, pero todos ellos populares en su momento: Heidi (Alps no shojo Heidi, 1974), Mazinger Z (Mazinger Z, 1974), Vickie el vikingo (Chiisana vicking Vicke, 1974–1975), Calimero (Calimero, 1974–1975), El perro de Flandes (Flanders no inu, 1975), Las aventuras de la abeja Maya (Mitsubachi Maya no boken, 1975–1976), Las aventuras de Huckleberry Finn (Huckleberry no boken, 1976), Marco: De los Apeninos a los Andes (Haha o tazunete sanzenri, 1976), Candy Candy (Candy Candy, 1976–1979), Barbapapá (Barbapapa, 1977–1978), La batalla de los planetas (Kagaku ninjatai gatchaman, 1978), Ana de las tejas verdes (Akage no Anne, 1979), Banner y Flappy (Seaton Dobutsuku: Risu no Banner, 1979), Las aventuras de Tom Sawyer (Tom Sawyer no boken, 1980), Belfy y Lilibit (Mori no yoki wa kobitotachi Belfy to Lilibit, 1980) y El maravilloso viaje de Nills Holgerrson (Nills no fushigina tabi, 1980–1981).

En su momento, muchas de estas series tuvieron una explotación derivada en el mundo del cómic, por medio de historietas que adaptaban el contenido de aquellas producciones televisivas.

Por otro lado, ya existieron en los 70 coproducciones entre Europa y Japón. La firma alemana Bastei Verlag colaboró en la producción de Heidi, Vickie el vikingo y Las aventuras de la abeja Maya. La serie Ulises 31 (Uchu densetsu Ulysses XXXI, 1988) fue el resultado de una coproducción entre Tokyo Movie Shinsha y el estudio francés de Jean Chalopin. La RAI y el estudio de Marco Pagot cooperaron con la productora Tokyo Movie Shinsha para desarrollar Las aventuras de Sherlock HolmesMeintantei Holmes, 1984–1985). Incluso la BRB International de Claudio Biern Boyd ensayó la coproducción hispano–japonesa. (

La serie más conocida de BRB, D'Artacan y los tres mosqueperros (Wan Wan sanjushi, 1981-1982), fue realizada por Nippon Animation, que sacó adelante 24 episodios. Fue emitida en Japón desde el 9 de octubre de 1981 al 26 de marzo de 1982, siendo programada a través de Televisión Española en varias ocasiones. Otra serie notable realizada en colaboración fue Ruy el pequeño Cid (Little El Cid no boken, 1984), también elaborada en los talleres de Nippon Animation. Sus 26 episodios pudieron verse en las pantallas japonesas desde el 6 de febrero hasta el 12 de marzo de 1984. Ni que decir tiene que en España el éxito fue considerable, animando a Biern Boyd de cara a nuevos proyectos.

Así pues, tenemos una considerable producción previa al así llamado fenómeno editorial, origen además de una rica mercadotecnica, sobre todo en casos como el de Mazinguer Z. También contamos con coproducciones y, en época algo más reciente, nuevos éxitos de público como Goleadores (Captain Tsubasa, 1986) y Transformers (Tatakae! Chorobot seimeitai transformer, 1985-1986). Todo ello nos lleva a reconducir ese auge a fechas anteriores a “Bola de dragón”, sobre todo en el campo de la animación televisiva.

Razones de un éxito

La explicación sociológica de esa atracción por las creaciones de la cultura popular japonesa no queda de ese modo circunscrita a una moda repentina, sino que tiene una evolución y una continuidad en el tiempo.

Explicar las razones de esa atracción es un asunto más complicado. A juicio de Rodríguez del Alisal, es muy posible que en nuestro modo de apreciación de la estética existan características que por una parte coincidan y que por otra constrasten con la estética japonesa. Este factor puede producir una especial atracción mutua.

Está claro que el exotismo es un factor importante a la hora de promover la opción japonesa entre el público juvenil español. Además, muchas de las informaciones que suministran ese tipo de productos no son desconocidas, pues proceden a su vez del cine o el vídeojuego, lo que ofrece un frente promocional tan sólido como eficaz.

Coincido con Rodríguez del Alisal cuando señala que, básicamente, el género “manga”, el “anime” o el vídeojuego apuntan a una globalización cada vez más acusada. Para nuestras generaciones más jóvenes, la cultura popular japonesa actual tiene los ingredientes justos de “occidentalización” que los hace identificables y, además, el “exotismo” adecuado para que su imaginación se satisfaga plenamente.

A todo ello hay que añadir un factor importante, de carácter puramente industrial, y es el abaratamiento de costes que han supuesto el manga y el anime en España. La emisión de una teleserie japonesa es más barata para una empresa televisiva que la producción propia o la compra de material americano de calidad.

Del mismo modo, resulta más económico para una compañía editorial la publicación de manga en blanco y negro y línea clara que la edición de autores españoles o de material norteamericano en color. Se trata de una simplificación, desde luego, pero creo que, en líneas generales, apunta otro factor que explica el impulso del manga y el anime en nuestro país.

Cronológicamente, la edición de historieta japonesa ha conocido una progresión constante desde los años 80. El primer autor promocionado en España fue Yoshihiro Tatsumi, que en 1984 vio publicada en las páginas de “El Vibora” las planchas de “Infierno”, un relato dramático, adulto, que ahondaba en las consecuencias de la tragedia de Hiroshima. Posteriormente, salió a la venta una recopilación de historietas de Tatsumi bajo el título “Qué triste es la vida y otras historias”.

Los años 90 se caracterizan en lo editorial por el éxito de “Akira”, un extenso cómic de ciencia-ficción realizado por Katsuhiro Otomo. Publicado originalmente por la firma japonesa Kodansha en 1984, Ediciones B lo lanzó en España en 1990, logrando una notable aceptación.

Fenómenos populares

Poco tiempo después se inició la programación en las televisiones autonómicas de Bola de dragón, publicándose en historieta desde abril de 1992. Este cómic de Akira Toriyama tuvo en principio una periodicidad semanal, pero su éxito aconsejó el lanzamiento de una serie quincenal.

La fórmula de ese cómic fue tan bien acogida que, casi de inmediato, se inició un fecundo mercado editorial de fanzines y revistas semiprofesionales consagradas a analizar, homenajear y reproducir los episodios de la teleserie y los números del cómic.

El año 1992 salen al mercado “Crying Freeman: La ley del yakuza”, “La leyenda de Kamui”, “Xenon, el guerrero heavy metal”, “Baoh”, “Grey” y “El puño de la estrella del norte”.

Un año después, Planeta-DeAgostini apuesta por el cómic japonés y promueve varias colecciones de gran éxito: “Mai, la chica con poderes”, “Ranma 1/2”, “Santuario”, “Alita, ángel de combate” y “Los caballeros del zodíaco”.

El mercado adulto, descuidado ante el aluvión de publicaciones infantiles y juveniles, será el objetivo de “Hotel Harbour View”, también editado por Planeta.

El citado cómic salió a la venta en formato libro, algo que también sucedió con “Pinneaple Army”, historieta que también se alejaba de los criterios generales del cómic juvenil.

No obstante, es “El Víbora” la revista que más interesada por ofrecer novedades japonesas al público adulto. En sus páginas aparece la serie “Gon” desde 1992, con episodios tan elaborados estéticamente como “Gon va de caza”. La misma serie salió a la venta en formato libro en mayo de 1993. “Gon” relata con humor –negro en ocasiones– historias mudas protagonizadas íntegramente por animales.

El cómic erótico editado en España, hasta entonces de factura primordialmente europea, comienza en esa época a estar firmado por autores japoneses. La Cúpula, empresa editora de “El Víbora”, introduce en el mercado títulos como “Miss 130”, “Lethal Lady” y “Minifaldas”.

Todos ellos tienen un marcado carácter fetichista, entre otras particularidades que guardan relación con el peculiar erotismo japonés. En esta misma línea, Norma Editorial comienza a publicar en 1994 “Angel”, de U–Jin, uno de los cómics eróticos más populares de Japón.

Pese a la excepción de esas apuestas más desvinculadas del ámbito juvenil, es éste el principal destinatario de las novedades ofertadas en kioscos y librerías especializadas.

Norma promociona en los 90 “Dominion Tank Police”, una aventura fantacientífica de Masamune Shirow, mientras salen progresivamente a la luz empresas dedicadas a comercializar dibujo animado japonés: Manga Films y sus derivaciones, Manga Video, Anime Video y Strong Video.

La segmentación de la audiencia atendiendo principalmente a los menores de edad es una estrategia de Planeta que se hace patente en los contenidos de sus principales novedades para 1994: “Appleseed”, “Genocyber” “Guyver”, “Lamu”, “Doraemon” y “Juliette je t'aime”. Lo mismo cabe decir de Norma, que ese mismo año lanza una historieta de culto en Estados Unidos, “Video Girl AI”, y otra de tremendo éxito en Japón, “Orange Road: Johnny y sus amigos”. La serie policiaca “City Hunter” se publica desde agosto 1994, pero respetando la maquetación original japonesa, por lo que la lectura se realiza a la inversa, comenzando por la última página.

Vídeos y cómics

En los noventa, el mercado videográfico mantiene su expansión. Surge la firma Cartoonia y las estanterías de las tiendas especializadas amplían el espacio dedicado a los vídeos de animación.

En su mayoría, son versiones dobladas al español de las adaptaciones realizadas en Estados Unidos, por lo que muchas veces la diferencia con los originales es notable. Proliferan los títulos remontados e incluso algunos son producto de fundir dos o más films originalmente independientes. Por regla general, las bandas sonoras musicales también han sido alteradas. Los doblajes, dada la premura de las ediciones, muestran muchas carencias.

Comienzan por esas fechas a realizarse los primeros encuentros relacionados con el manga. Abre sus puertas el Primer Salón del Cómic de Madrid entre el 15 al 24 de abril de 1994, en el Mercado Puerta de Toledo. El jueves 21 es convocada una mesa redonda sobre el manga en la que participan Antonio Marugán, Rafael Lázaro, Mariano Ayuso, Lázaro Muñoz, Osvaldo Torres, Lorenzo Díaz, Jesús Palacios y Antonio Trashorras.

El 22 de abril de 1995 se celebra la Primera Jornada del Manga en el Sant Andreu Teatre de Barcelona. Pocos meses después, aprovechando la infraestructura del Salón del Cómic barcelonés, es inaugurado en la Ciudad Condal el I Salón del Manga, el Anime y el Videojuego, que permanecerá abierto entre el 27 y el 29 de octubre de 1995.

Aparte de contar con expositores de las principales editoriales, en el Salón hay proyecciones de vídeo, concursos de dibujo y mesas redondas sobre los diversos aspectos del cómic japonés.

Apurando el éxito de los vídeos de anime, Manga Vídeo y Salvat llegan a un acuerdo para publicar una serie de fascículos que, con el título “Manga Manía”, servirán de soporte para una nueva comercialización del fondo videográfico de Manga Vídeo. Con una distribución centrada en los kioscos, la colección se completará con treinta entregas quincenales.

Pero el éxito del anime y el manga no estará exento de polémica. En 1994 el diario “El País” publica unas declaraciones de la pedagoga madrileña María Esther del Moral, autora de una investigación sobre los efectos de la televisión en los niños: La directora de la cadena japonesa NHK me contó que “La bola de dragón” sólo se trasmite de madrugada, porque se considera una serie para adultos, ya que incluye destrucción y viejos verdes que miran a las niñas por el ojo de la cerradura. Pero esas producciones se venden muy fácilmente en Europa y otros continentes. Las cadenas extranjeras las compran al kilo en Japón para poder satisfacer las exigencias de sus mercados.

Esas declaraciones, pese a contener alguna notable inexactitud, pronto encuentran apoyo en diversas asociaciones de telespectadores que hacen pública su preocupación por los contenidos violentos de muchas de esas producciones. La serie Ranma 1/2 es una de las más vituperadas, llegándose a reproducir en prensa los diálogos considerados más ofensivos.

Quizá no lo recuerden, pero esa controversia se prolongó en el tiempo. Los medios llegaron a decir que las teleseries animadas niponas eran un paradigma de sexo y violencia. Afortunadamente, producciones tan adecuadas para la infancia como como La aldea del arce (Maple Town monogatari, 1986) y Doraemon (Doraemon, 1979) ayudaron a matizar aquella generalización sensacionalista.

Juegos de ordenador

Por las mismas fechas en que triunfan el dibujo animado y la historieta procedentes de Japón, se desarrolla en nuestro país un mercado muy relacionado con los dos medios citados: el vídeojuego. En 1981 llega a España el programa Donkey Kong (1981), creado por Shigeru Miyamoto. En esa creación infográfica un obrero escalador, de nombre Mario, debía medir sus fuerzas con un ágil gorila.

Con el tiempo, Mario se convirtió en el personaje enseña de la firma Nintendo, una de las más importantes distribuidoras de consolas, juegos recreativos y CDs en el circuito español. Llegan así desde el archipiélago juegos de estrategia, combates espaciales y, fundamentalmente, los llamados beat'em–up, esto es, luchas cuerpo a cuerpo entre personajes pertenecientes a un universo coherente, ambientado como si de un film de ciencia-ficción se tratara.

Bandai comercializa los juegos Mighty Morphin' Power Rangers (1995), Mobile Suit Gundam (1996) y Dragon Ball Z Hyper Dimension (1996), todos ellos basados en teleseries de éxito que, a su vez, poseen muchas veces el mismo esquema argumental que los vídeojuegos: luchas y más luchas en un mundo imaginario.

Lo mismo cabe decir sobre creaciones de Nintendo como Super Metroid (1994), Fatal Fury 2 (1994), Mortal Kombat 2 (1994) y Sailor Moon R (1994). En ocasiones, la trama del juego infográfico es algo más elaborada, como ocurre en uno de los principales productos de Namco, Tekken 2: Return of Iron Fist (1996), si bien en este caso el fin también son los duelos personales entre los diversos personajes.

Siguiendo la misma tendencia, Capcom saca al mercado Warriors of fate (1992) y Street Fighter II Turbo (1994), mientras que Sony produce Raiden Project (1995). Son creaciones cada vez más perfeccionadas –más cercanas al dibujo animado–, que insisten en los efectos de tridimensionalidad y que, en numerosas ocasiones, aumentan la popularidad de los personajes del cómic y el cine de animación que las protagonizan.

En el mercado de los noventa, solapan vídeo, cómic y consolas, todos ellos de origen japonés. Por lo que concierne al vídeo, podemos hablar de estancamiento en lo referido a la salida de nuevos títulos de anime y a la diversificación de las ediciones, incluyéndose en los catálogos films de ciencia-ficción no necesariamente japoneses, películas de acción de Hong-Kong y producciones de terror europeas y norteamericanas. El mercado del vídeo–juego mantiene su constante evolución, amparada en los nuevos formatos informáticos a disposición del usuario. Pero en lo que se refiere al cómic japonés, la reflexión ha de resultar más compleja, pues también lo es la tendencia del mercado.

En 1995 aparece algún título de interés, como “Neo–Tokio: Zona crepuscular”, intentando las editoriales nuevos acercamientos al público más adulto, a través de series como “Gamma, el hombre de hierro” y “Alas de guerra sobre el Japón”. Un año después, sólo “Versión.1” y “La leyenda de madre Sarah” se presentan como títulos de verdadero interés, al margen de las secuelas y continuaciones de las series iniciadas en los años anteriores.

El hecho es que el mercado del manga se resiente y empieza a experimentar un paulatino retroceso. Los temores llegan sobre todo por la anunciada desaparición de “Bola de dragón”, el cómic más vendido en España.

Los redactores de la revista especializada “Slumberland” intentan adivinar qué ocurrirá tras la publicación del último cuaderno de la serie de Akira Toriyama: “Dragon Ball” es, en España, un cómic de venta masiva, el cómic de venta masiva por excelencia. (...) El final de “Dragon Ball” no debería marcar necesariamente un antes y un después en el mundo editorial. Muerto el árbol, queda la semilla, y hay algo que “Dragon Ball” sí ha hecho en nuestro mercado: ha introducido la palabra “manga” en la conciencia colectiva.

El cómic japonés ocupaba a mediados de los noventa el 30 por ciento del mercado de la historieta en España. Es un sector atípico, pues se relaciona íntimamente los vídeojuegos y el dibujo animado, distribuido éste en DVD y televisión.

Sebastián Tudela considera “Bola de dragón” una serie que en vertiginosa difusión ha hecho florecer “fanzines”, ha provocado la distribución de todo tipo de “merchandising” y ha generado mayor afición al dibujo que incontables décadas de cómics de superhéroes, europeo, autóctono y demás.

Tudela estima la media inicial de tirada por cada ejemplar en torno a los 100.000 ejemplares, cifra que, según informa la revista “Slumberland”, debió reducirse y estabilizarse finalmente entre los 35.000 y los 45.000 ejemplares.

De cualquier modo, se trata de cifras elevadísimas si, retrospectivamente, considero la situación del mercado de la historieta en los noventa.

“Bola de dragón” es una obra clave para comprender la tendencia del comercio reciente de la historieta en nuestro país. De las páginas de “Slumberland” surge una cuestión clave: La pregunta que podría surgir (...) es ¿qué hace falta para alcanzar a ese bloque potencial de lectores? Es un grupo de consumidores/lectores que está al alcance de la mano y se teme que podría escaparse con el cierre de “Dragon Ball”.

El tiempo ha pasado y ya conocermos la respuesta. Con la moda de “Bola de dragón” se alcanzó el techo comercial del cómic japonés en España. De ahí en adelante, la selección de títulos publicados comenzó a ser más rigurosa, sobre todo cuando empezaron a desaparecer las revistas –“Totem”, “Cimoc”, “Comix Internacional”, “Zona 84”…– y se consolidaron formatos como el prestige y el comic-book.

Appleseed (2004), de Shinji Arakami © Toho Company. Película basada en el cómic de Masamune Shirow. Reservados todos los derechos.

Copyright © Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos. Esta es una versión expandida de varios escritos anteriores. En particular, incluye citas de varios artículos que escribí entre 1996 y 2001 para la Enciclopedia Universal Multimedia, de Micronet. Asimismo, contiene reflexiones y referencias que publiqué en los libros Imágenes de lo japonés en los medios audiovisuales de Japón, Europa y Estados Unidos (1996), Perspectivas de la comunicación audiovisual (2000) y La cultura de la imagen (2006).


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