El dibujante Hugo Pratt nace en las cercanías de Rimini el 15 de junio de 1927.
El padre, Rolando Pratt, es de ascendencia anglosajona, en tanto que su madre, Evelina Genero, pertenece por línea paterna a la familia judía Zeno Toledano.
Entre los ancestros más lejanos del pequeño Hugo hay franceses, españoles y turcos.
Si a ese cosmopolitismo genealógico sumarnos la afición de los progenitores por el esoterismo en todas sus manifestaciones, no nos será difícil descubrir el venero del que más adelante surgen los argumentos de Pratt.
De la infancia en Venecia quedan los recuerdos de una casa amplia, permanentemente ocupada por algún huésped… y las primeras lecturas, a mitad de camino entre las mitologías europeas y los clásicos de la aventura juvenil.
Cuando Rolando Pratt obtiene trabajo en Abisinia, Evelina y Hugo cambian el paisaje familiar por la incertidumbre y el exotismo africanos.
Corre el año 1937 y la colonia constituye un microcosmos en el que se alternan las revistas militares y las tradiciones locales.
El padre, mussoliniano convencido, enrola al pequeño como cadete en la policía colonial, institución de la cual será el benjamín.
Las impresiones de la niñez están relacionadas con el espíritu colonial, pero también con la seductora diversidad étnica y cultural de esa tierra adoptiva.
Cuatro años después, las tropas aliadas liberan Addis Abeba y Rolando es internado en un campo de prisioneros francés, donde muere, víctima de las fiebres.
Desolados por esa pérdida, madre e hijo regresan a Italia en 1943, a bordo de un buque de la Cruz Roja.
No acaba ahí el lance, pues su retorno a Venecia, bajo control alemán, levanta las sospechas de las SS, que arrestan a Hugo bajo acusación de espionaje.
Forzado en principio a colaborar con el ejército germano, opta finalmente por huir, poniéndose a las órdenes del mando aliado.
El significado de ese gesto va más allá de la deserción.
En cierto sentido, prefigura el antiautoritarismo militante que Pratt sustentará en posteriores etapas de su vida.
Ese peregrinar sin destino fijo durante su infancia y juventud coincide con el paulatino descubrimiento de la vocación artística.
Y es en el mundo de la historieta donde halla un medio apropiado para compaginar narración y dibujo, siguiendo los pasos de Will Eisner.
Bob Kane y Milton Caniff, los tres autores que recuerda haber leído y admirado en Etiopía.
En 1945 se encuentra con otro dibujante, Mario Faustinelli, fundador de la revista Albo Uragano.
Esta publicación, al cabo de dos años, recibe un nuevo título: Asso di Picche-Comics.
Desde 1948, el personaje en cuestión, L'Asso di Picche, figura ya en las páginas de Salgari, una revista publicada en por la Editorial Abril.
Su director, César Civita, brinda a Pratt y a Faustinelli la posibilidad de emplearse en Buenos Aires.
Ahí comienza una trayectoria itinerante, que conducirá a Pratt hasta México, Brasil y Londres, donde se dedica a ilustrar historietas bélicas (A la hora de hablar de esa etapa, les detallaré ese periodo profesional del autor).
En toco caso, cabe considerar su obra maestra, La balada del mar salado (La ballata del mare salato, 1967) como un resultado de esta renovación personal.
Los estudiosos de la historieta suelen considerarlo la expresión más acabada del viajero metido a dibujante.
Además, ese cómic supone para los lectores el descubrimiento de un héroe encantador: el marino Corto Maltés, protagonista de títulos inolvidables, como Bajo el signo de Capricornio, Siempre un poco más lejos, Tango... Y todo a media luz o Mu, el continente perdido.
Convertido en leyenda viva y referente intelectual, Hugo Pratt emprende en su última etapa proyectos en colaboración, como El gaucho realizado junto a Milo Manara.
Por lo demás, en los ochenta, el respeto por su personalidad es unánime.
“Un estudioso moderado y riguroso –escribe Umberto Eco– (si os dijera quién es, y si conociérais sus obras científicas, os preguntarías cómo un visionario de mundos casi matemáticos puede soñar con los océanos y los desiertos de Pratt) al que una tarde le dije que podía acompañarme al bar a conocer a Pratt, soñaba. No creo que quisiera ver al autor de tantas historias de continentes lejanos. Quería ver a quien había estado (como él, lector encantado) en aquellos continentes”.
Como si de un testamento se tratara, la editorial francesa Casterman publica en 1995 el álbum póstumo del dibujante, Saint-Exupéry: Le dernier vol, que en su versión española se titulará Saint-Exupéry, el último vuelo.
Pratt fallece en un hospital de Lausana el 20 de agosto de ese mismo año
Viaje imaginario
Hugo Pratt ha sido el guía de millones de lectores por viajes imaginarios a través de las páginas de sus cómics.
Pero, aparte de su narrativa, Hugo Pratt también demostró una gran capacidad de transmitir todo un mundo de sensaciones y mundos exóticos a través de sus acuarelas.
Todas estas obras se recopilaron para la exposición de Periplo Immaginario, de la que Norma Editorial se enorgullece de publicar su catálogo, Viaje imaginario.
Nacido en Rímini en 1927, desde una temprana edad sintió una gran pasión por la literatura y los cómics de aventuras.
A los 10 años se traslada con su familia a Etiopía, para regresar en 1943 a su Italia natal.
Dos años después debuta en la historieta con el justiciero enmascarado As de Pique, con guión de Alberto Ongaro, para la publicación Albo Uragano.
Paralelamente, crea otras series de duración más breve con otro guionista, Mario Faustinelli.
En 1949 marcha con otros compatriotas a Argentina, invitado por el editor César Civita, propietario de la Editorial Abril, una de las más importantes del mercado latinoamericano.
Allí da a luz a numerosas series memorables en las que madura su grafismo -heredero del de Milton Caniff, basado en el dominio del claroscuro y en una eficaz estilización de personajes y fondos- con obras como Junglemen, El cacique blanco, Ana de la jungla, Capitán Cormorán, etc. y muy especialmente Sgto. Kirk, Ticonderoga y Ernie Pike, estas últimas con guión del genial Héctor Oesterheld.
Tras realizar algunos trabajos para el mercado inglés, en 1962 regresa a Italia, colaborando para Corriere dei Piccoli y otras publicaciones, y en 1967 publica en la revista Sgt. Kirk la historia-río La balada del Mar Salado, donde aparece por vez primera el que será su personaje más célebre, Corto Maltés, que lo encumbra definitivamente como uno de los grandes maestros europeos del cómic.
Corto reaparece en 1969 en una serie de aventuras cortas para la revista francesa Pif, para seguir después con otros episodios más largos para otras cabeceras, incluyendo Corto Maltés en Siberia, La juventud, Fábula de Venecia, La casa dorada de Samarkanda, Las helvéticas, Tango y Mu.
Pratt escribió sendas versiones en novela de La Balada del Mar Salado y Corto Maltés en Siberia.
Paralelamente a la saga de Corto, Pratt crea otras series de aventuras: Los Escorpiones del Desierto (1973), La Macumba del Gringo (1977), Al Oeste del Edén (1978), Jesuita Joe (1980), Cato Zulú (1984), Morgan, En un cielo lejano, Saint Exupéry (1995)… además de hacer de guionista para Milo Manara en Verano Indio (1985) y El Gaucho (1991).
Pratt falleció en 1995, pese a lo cual su obra sigue siendo reeditada constantemente.
Corto Maltés ha sido llevado a la animación en forma de un largometraje y una serie de televisión, además de inspirar una ópera-ballet.
Copyright del texto © Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos.
Copyright de las imágenes, notas de prensa y sinopsis de Viaje imaginario © Norma Editorial. Cortesía del Departamento de Prensa de Norma Editorial. Reservados todos los derechos.












































































































