"Camino a la libertad" (Peter Weir, 2010)


Cómo se hizo

Peter Weir explica: “nuestra película está inspirada en la novela de Slavomir Rawicz, La increíble caminata (The Long Walk: The True Story of a Trek to Freedom), que me pareció una fantástica combinación de historia de prisión y relato de supervivencia.

“Viajamos con nuestros personajes a lo largo de cuatro estaciones, 12 meses y unos 10.000 kilómetros, y vemos cómo su conducta y sus personalidades se ven afectadas por unas circunstancias tan duras. En el gulag es imprescindible aprender a valerse por uno mismo, pero en este viaje los hombres tendrán que apoyarse unos en otros y derribar las barreras que cada uno ha erigido para protegerse, si pretenden salir con vida de esta experiencia”.

Al igual que en películas tan alabadas como Master and Commander: Al otro lado del mundo, El show de Truman (Una vida en directo), Sin miedo a la vida y Gallipoli, Weir vuelve a poner la naturaleza humana bajo el microscopio de la presión. Gente corriente se ve sometida a hechos y entornos extraordinarios, que los obliga a olvidarse de sus pretensiones y examinarse a sí mismos.

El productor Joni Levin señala: “A Peter se le da de maravilla aprovechar relatos interesantes para examinar la conducta humana. Después de muchos años de desarrollo y de superar continuos obstáculos en este proyecto, es una suerte, además de sumamente emocionante, que haya acabado en manos del director más adecuado para contar esta historia”.

Así, la historia comienza en los duros confines del gulag, antes de pasar a los helados bosques de Siberia, las vastas llanuras de Mongolia y el infernal tormento del desierto de Gobi —con los personajes en constante lucha contra los elementos y entre sí. Con impresionantes entornos naturales como telón de fondo, la trama gira en torno a un joven polaco amante de la naturaleza, Janusz (Sturgess), cuya aguda capacidad de supervivencia lo convierte en líder de facto de los fugitivos.

Janusz, un oficial de la caballería polaca, que estaba luchando contra los nazis, es uno más de los millares de soldados polacos encerrados cuando el Ejército Rojo soviético avanza sobre Polonia desde el este. Arrestado por espionaje, por haber tenido contacto con alemanes y hablar inglés, Janusz es torturado, condenado y obligado a marchar hasta Siberia. Una declaración firmada de su esposa, arrancada mediante torturas, decidió definitivamente su destino.

“Todos los miembros del grupo tienen sus propios motivos para querer escapar y la llegada de mi personaje se convierte en cierto modo en la pieza que les faltaba para completar el puzle”, explica Jim Sturgess. “Janusz es culto, pero también está familiarizado con el bosque y sabe cómo moverse por él. Cree que es posible escapar, y está completamente decidido a hacerlo, porque quiere volver a casa para perdonar a su mujer por la terrible culpa que sabe que la estará consumiendo. Tiene que liberarse para liberarla”.

Los cómplices de Janusz incluyen a un taciturno ingeniero estructural norteamericano, el Sr. Smith (Ed Harris), y un ruso violentamente impredecible, Valka (Colin Farrell). Valka pertenece a un sanguinario estrato de criminales callejeros encarcelados, los “urki”, a los que se permite llevar los gulags e intimidar a los presos “políticos”.

“El gulag era una sociedad jerárquica regida por el miedo y la intimidación”, señala Farrell. “Había una especie de ética de creación propia de los urki, pero era muy duro y muy violento. Los guardias vivían en condiciones pésimas, no mucho mejor que los prisioneros. El papeleo era una pesadilla. Desde su punto de vista, cuanto más control pudieran ceder a los urki sobre ciertos elementos del sistema, mucho mejor”.

Acerca de su personaje, agrega: “Valka se crió en las calles, huérfano, y ha pasado la mayor parte de su vida encerrado. Se desenvuelve perfectamente en el gulag. Sin embargo, tiene debilidad por jugar a las cartas y, lo que es peor, tiende a perder. Así que, aunque él mismo es un tipo peligroso, lo consume cada vez más el temor a posibles represalias por sus considerables deudas de juego”.

Al enterarse por casualidad de los planes de fuga, Valka ofrece los servicios de su cuchillo como “herramienta de negociación” con Janusz, que acepta que se sume a la fuga.

“Un pacto con el diablo”, observa el Sr. Smith.

El Sr. Smith es un tipo tranquilo y enigmático, que había viajado a Rusia con su hijo para trabajar en la red de metro de Moscú. Una noche es arrestado y enviado a Siberia. Harris reconoce que, “no lo sabía pero, durante la Gran Depresión, se anunciaban trabajos en Rusia en periódicos estadounidenses. Miles de norteamericanos se desplazaron allí en busca de trabajo. A su llegada, los rusos les retiraban sus pasaportes y les exigían convertirse en ciudadanos soviéticos para conseguir empleo. Cuando empezaron las purgas, acudían en busca de ayuda a la embajada estadounidense y les decían: ‘Lo sentimos, renunciaron a su ciudadanía, no podemos hacer nada por ustedes’. Así que se quedaron tirados”. (Siete mil norteamericanos desaparecieron en los gulags.)

Los “enemigos del pueblo” solían recibir una condena de 10 a 25 años. El desgraciado actor ruso Khabarov (Mark Strong) es condenado a 10 años por “elevar el estatus de la antigua nobleza” en un papel cinematográfico, hecho curiosamente basado en testimonios reales.

“He tenido críticas mejores”, bromea Khabarov al recién llegado Janusz, de quien se hace rápidamente amigo y lo recluta como posible participante en el intento de fuga.

“Khabarov alberga grandes ideas de fuga y anima a Janusz a explorar esa posibilidad, en un intento más bien de sentirse imbuido del vigor y la juventud del joven que por abrigar la más mínima esperanza de salir de allí”, comenta Strong. “Es una fantasía a la que le gusta dar vueltas de vez cuando, con intención de distraerse del terrible suplicio y desesperanza de su situación”.

La fuga es ciertamente una fantasía. Tal como comunica el comandante a los nuevos reclusos: “No son nuestras armas, nuestros perros, ni nuestra alambrada lo que constituye vuestra prisión. Siberia es vuestra prisión”.

Un lugar apartado. Abrasador en verano, terriblemente gélido en invierno. Los presos tenían que construir sus propios refugios y vivir con 1.200 calorías al día, explica Keith Clarke - si es que lograban cumplir su agotadora cuota de trabajo. Esperanza de vida: un año. La elección: perecer entre camaradas en el gulag o morir completamente solo en el exterior.

Señala Peter Weir: “Nuestros personajes, en su mayoría inocentes de los cargos por los que fueron condenados, han sufrido abusos físicos y mentales antes siquiera de llegar al gulag. Ahora son fugitivos, que tienen que hacer frente a la naturaleza, y tratar de evitar todo conflicto con cualquier persona que se cruce en su camino, conscientes de que han puesto precio a sus cabezas”.

Según comenta Clarke, la recompensa por sus cabezas equivalía al salario de un año de un típico habitante de un pueblo. A menudo, no se exigía más “prueba” de la captura para cobrar la recompensa que una mano o un pie.

Además de Janusz, Valka y el Sr. Smith, el resto de los fugados incluye a los polacos Tamasz (Alexandru Potocean) y Kazik (Sebastian Urzendowsky), al letón Voss (Gustaf Skarsgård) y al yugoslavo cínicamente gracioso Zoran (Dragos Bucur).

Este último, contable de profesión, es aparentemente “quien menos posibilidades tiene de sobrevivir”, explica Bucur, “porque no es un hombre físicamente fuerte. Sin embargo, ha logrado conservar su sentido del humor como instrumento de supervivencia. Y sabe adaptarse. Puede que sus compañeros tengan mejores razones para querer volver a casa, que van más allá de sí mismos, pero Zoran ha decidido que intentará sobrevivir por ese simple motivo. Solo por sobrevivir”.

El letón Voss, sacerdote antes de la guerra y un tipo con una importante presencia física, se une al grupo por lealtad y por ser consciente de sus escasas probabilidades de supervivencia en el gulag. “Los más grandullones tendían a morir antes porque necesitaban más calorías”, observa Gustaf Skarsgård. “Pero, aparte de eso, Voss tiende a cuidar de la gente. Un terrible incidente de su pasado lo ha llevado a sentir que no tiene derecho a vivir y, quizá si ayuda a los demás en esta misión, recuperará ese derecho, o al menos morirá en paz”.

Kazik es el más joven del grupo, con solo 17 años y muy verde todavía, mientras que Tamasz posee unas dotes artísticas que le han permitido ganarse cierta reputación en el gulag, sobre todo en lo referente a sus retratos de voluptuosas mujeres desnudas.

“Quizá por su naturaleza artística, Tamasz es más compasivo y humano que la mayoría de los demás presos”, explica Alexandru Potocean. “Utiliza sus dibujos para apaciguar a Valka, a quien percibe como alguien a quien no conviene hacer enfadar bajo ningún concepto”.

Valka está tan hecho a la vida en prisión que incluso fuera de los muros de la misma necesita una clara jerarquía para operar. Nombra “pakhan” (“jefe de criminales”) a Janusz, mientras que se reserva para sí mismo el puesto de segundo al mando, protector del pakhan. Es una alianza precaria, plagada de recelos por ambas partes.

“Valka no se ha encontrado nunca en un entorno en el que la solidaridad fuera la nota dominante”, explica Farrell. “Ha tenido que pensar únicamente en sí mismo por necesidad. Ahora se halla en una situación con la que no está familiarizado, donde los hombres cuentan unos con otros, lo que genera en él suspicacia y desconfianza”.

Tras emprender camino en la dirección en la que creen que se encuentra el lago Baikal, de 636 km de longitud, con intención de bordearlo hacia el sur hasta Mongolia, el grupo se topa de inmediato con problemas. Decae la fe en Janusz, y se acrecientan las dudas sobre si lograrán siquiera sobrevivir a la primera semana. Las tensiones no hacen más que aumentar cuando el grupo se encuentra con una joven refugiada (Saoirse Ronan) y no se ponen de acuerdo sobre si deberían aceptar que se uniera a ellos, lo que quizá haga peligrar aún más sus ya escasas posibilidades de supervivencia.

Explica Ronan: “Mi personaje, Irena, empieza contándoles una mentira, con la esperanza de que le permitan quedarse, pero lo cierto es que acaba de huir del orfanato en el que la habían metido cuando se llevaron a sus padres por ser comunistas. Tiene cierto miedo a abordar a esos tipos, como es lógico. O sea, ¿quién sabe qué pueden hacerle? Pero decide arriesgarse porque está ávida de algo de compañía e interacción humana y sabe que, si la aceptan, tendrá más posibilidades de sobrevivir”.

El productor Joni Levin señala: “Irena causa un profundo impacto en el grupo. Logra que los hombres confíen en ella. Descubre más cosas sobre ellos de lo que ellos sabían unos de otros, a pesar de que algunos llevaran años juntos en el gulag. Gracias a ella, ese grupo de individuos muy distintos y afligidos se convierte en un equipo”.

Valka ve a Irena con menosprecio, como alguien muy similar a él, una rata callejera, producto de un podrido sistema soviético. El Sr. Smith empieza a verla como una hija. Para casi todos los hombres, el viaje ya no es únicamente cuestión de ellos mismos y sus motivos personales. Ahora hay una joven que necesita protección.

Según describe Keith Clarke: “Hay un momento fascinante en la historia, cuando los hombres la descubren y uno se pregunta: ‘¿Cuánta decencia les queda? ¿Los habrá vuelto su vida en el gulag tan amorales que la verán como una presa?’. Para mí, es un acto de rebeldía contra el propio gulag que en última instancia decidan protegerla, como si dijeran: ‘No me has vuelto indecente. No me has arrebatado mi humanidad. No has ganado’”.

Puede que su humanidad siga intacta, pero su bienestar físico se ve cada vez más en entredicho y no hará más que empeorar. Tras la gélida tortura de Siberia y las interminables llanuras de Mongolia llega el abrasador desierto de Gobi. China. Y, en caso de llegar tan lejos, las abrumadoras cimas de los Himalayas, tras las cuales se halla el santuario de la India, bajo dominio británico. Acabarán libres o muertos. Lo que suceda antes.

 

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