
El nuevo largometraje de Nikita Mijalkov tiene su punto de partida en el guión que Reginald Rose escribió para Doce hombres sin piedad (1957), de Sidney Lumet.
El texto dramático de Rose, admirable desde todos los ángulos, ya mereció una extraordinaria adaptación televisiva por parte de Gustavo Pérez Puig, que fue emitida en el espacio Estudio 1 en 1973.
Dotado de una fuerte personalidad, el remake de Mijalkov nos ofrece un retrato al aguafuerte de la Rusia actual.
Gracias a su implacable guión, la película se convierte en un estímulo intelectual, en una fuente de reflexión moral y en un verdadero placer para el espectador adulto. A lo largo del metraje, los fantasmas, las ilusiones y las decepciones de la sociedad rusa van desgranándose en un vigoroso thriller judicial que no oculta rasgos de melodrama e incluso de comedia.
No obstante, a pesar de que el reparto es sensacional, uno tiende a pensar que la cinta se alarga en demasía, como si el realizador no quisiera abandonar el relato y se empeñase en mostrarnos nuevas conclusiones. Un mínimo defecto que, salvo por un exceso de impaciencia, no enturbiará su disfrute.
Sinopsis
Un chico checheno de dieciocho años es acusado de asesinar a su padrastro, un oficial del ejército ruso. 12 miembros de un jurado son encerrados en el gimnasio de una escuela para decidir su destino.
La decisión debe ser unánime pero cuando la vida de alguien está en juego, siempre hay espacio para la duda y las tensiones acaban por explotar.
Imágenes, sinopsis y notas de producción © Three T. Productions. Cortesía del Departamento de Prensa de Flins y Pinículas. Reservados todos los derechos.










































































































