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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
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"Animales heridos / Animals ferits" (Ventura Pons, 2006)

animalesheridosPor lo que hace al origen de su película Animales heridos, Ventura Pons nos invita a un trayecto expresamente literario. Hace varios años que el director leyó el libro de relatos Piel de armadillo (Editorial Proa, 1998).

Su autor, Jordi Puntí, le era desconocido, pero el cineasta creyó distinguir en esta obra algunas de las emociones que más le interesan.

Reconocimiento: esa es la palabra. Cabe preguntarse, a este respecto, si la fabulación de Puntí iniciaba una cuenta atrás que Pons deseaba desgranar desde hace tiempo. ¿Qué otra cosa es la coincidencia libresca? Me refiero, claro está, a la que surge cuando leemos párrafos que desearíamos haber escrito; o mejor aún: vivido. Sincronía, sí, pero tan intensa como una experiencia real.

Tenemos el documento que lo corrobora: unas anotaciones del propio director en las que muestra su aprecio por las criaturas de Puntí. «Era como si ya supiera algo de sus vidas —escribe—, como si hubieran tenido algo que ver con otras que habían vivido en anteriores películas mías».

Tras subrayar las páginas de Piel de armadillo, Ventura Pons adquirió Animales tristes (Empúries, 2004), la nueva entrega literaria de Puntí. «De repente —nos dice— me encuentro seducido, en primer lugar por su capacidad fabuladora, pero sobre todo por la extraordinaria complejidad de esos personajes llenos de heridas de la vida y del amor, que todos ellos, relato tras relato, nos van enseñando sin pudor».

Cuaderno en mano, el realizador diseñó una sinopsis a partir de tres de los cuentos: Iconos rusos, Burbujas y Perro que se lame las heridas. El proceso de escritura del guión ya estaba en marcha. Casi sobra añadirlo: Ventura Pons es un escritor de rutilante etiqueta, idóneo para recomponer fábulas como las arriba mencionadas.

Tal como queda formulada en la pantalla, Animales heridos es una densa tragicomedia. En su transcurso nos topamos con historias de seducción, desahogo e infidelidad, cuyo resumen guarda mayor relación con un viejo problema, uno de ésos que duran de toda la vida: la imposibilidad de mostrar emociones profundas en litorales ajenos. Vemos así, entre otras cosas, como los personajes ansían aquello de lo que carecen: nuevos estilos de vida, cabezas coronadas en el lecho del vecino, y en su defecto, algún secreto juramento como corolario inevitable del galanteo. A falta de moralejas, la esgrima sentimental que acá se plantea nos sirve para reconocer las consecuencias marginales del deseo. En cuanto al realizador, la opción es clara: no vale la pena enderezar el rumbo que marcan la piel y el corazón.

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.

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