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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
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"El laberinto del fauno" (Guillermo del Toro, 2006)

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A Guillermo del Toro le admiran los cinéfilos y asimismo el público menos exigente.

He aquí un buen motivo para elogiarle, pues no hay cosa más difícil que poner de acuerdo a los espectadores más fundamentalistas —ya saben: censores a priori, de esos que ponen su entendimiento, sentimiento y voluntad al servicio del arte— y al humilde consumidor de palomitas, que prefiere saltarse a la torera los títulos de crédito.

Nacido en Jalisco, Del Toro ha tenido la habilidad de introducirse en el mismísimo corazón de Hollywood, completando una filmografía cuyo sello de continuidad es el género fantástico.

Tras debutar con aquella inolvidable cinta de vampiros llamada Cronos (1993), rodó con equipos norteamericanos películas como Mimic (1997), Blade II (2002) y Hellboy (2004). En medio de ese vaivén, recaló en el cine español, al que ha regalado, de momento, dos creaciones de fino estilo, El espinazo del diablo (2001) y la que hoy nos ocupa, El laberinto del fauno (2006).

Es esta última una versión de nuestra posguerra en clave de cuento de hadas. Un cuento oscuro, en el que fermentan ensueños y peligros. Ambientada en el año 1944, la obra narra el drama de Ofelia (Ivana Baquero), una cría de trece años que comprueba cómo su madre, Carmen (Ariadna Gil), debe comenzar una nueva vida matrimonial junto a Vidal (Sergi López), perverso capitán del ejército empeñado en aniquilar a los maquis que aún combaten por la zona.

Explorando las ruinas de un laberinto, Ofelia se topa con un fauno (Doug Jones) que le descubre su genuina estirpe. Como lo oyen: resulta que la niña es una princesa encantada. Y según mandan las leyes del encantamiento, debe superar tres pruebas antes de que reluzca la luna llena. Sólo así podrá Ofelia retornar a su mágico reino, salvando igualmente a su madre.

Guillermo del Toro y su equipo dedicaron catorce semanas al rodaje de esta fábula. No es para menos: a medio camino entre Madrid y Segovia, la filmación presentó notables dificultades, singularmente en el campo de la técnica. Por suerte, ya podemos disfrutar del resultado.

Mezcla única de drama rural y fantasía repleta de efectos especiales, El laberinto del fauno es un producto primoroso en su factura, beneficiado por un tratamiento dramático de primera categoría.

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.

 

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