Cine y Letras

Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
  Museo Thyssen-Bornemisza gif
  • PORTADA
  • CRÍTICAS DE CINE
  • ENTREVISTAS
  • CINE CLÁSICO
  • LIBROS
  • OPINIÓN
  • TEATRO
  • DISEÑO
  • CÓMIC
  • TELEVISIÓN
  • EXPOSICIONES

"El luchador", de Darren Aronofsky

El luchador

No hace mucho, al hilo de una efímera reflexión, un amigo me recordó que el espejo –ése en el que nos miramos todos los días, al levantarnos– no es nuestro mejor compañero. Siempre nos muestra la cara amarga de la realidad: el tiempo pasa, cada día más agresivo. Por eso, en bastantes ocasiones, el dicho de que la cara es el reflejo del alma se cumple sin esfuerzo.

Sobre todo si, como sucede en El luchador (The Wrestler), de Darren Aronofsky, toda una historia queda resumida en esa imagen del protagonista: sin esperanza, vencido por los años.

La película de Aronofsky habla del ocaso de un ídolo de la lucha libre. Un tipo machacado a golpes, que se olvidó de vivir porque no fue capaz de dejar de oír los gritos y aplausos de sus fans (Historia, por otro lado, muy reconocible, pues han sido numerosos los directores y actores que decidieron asumir un reto similar).

De nada parecen haberle servido el éxito y la fama: el pasado se apodera de Randy “The Ram” Robinson (Mickey Rourke), ese luchador admirado por niños y mayores, protagonista de inolvidables e históricos enfrentamientos. Para Randy, el recuerdo de lo que un día llegó a ser adquiere relieve en el gimnasio, en el bar de copas, en su extraña relación con Cassidy, la stripper…

Por más que se acicale, el reto por sobrevivir es continuo. A Randy le saludan allá por donde va, y sin embargo, al final, vuelve a la soledad de su caravana.

Aronofsky sabe reflejar esta melancolía. Resulta ejemplar la imagen solitaria de Randy, caminando por la calle, como también lo es el efímero paseo por el puerto que comparte con su hija.

En los vestuarios es respetado. Sobre la lona del ring, aplaudido. Pero, como ven, la existencia del luchador es de color gris.

Randy sigue adelante gracias a trabajos ocasionales. En realidad, es un trozo de carne desgarrado y viejo. El ocaso de su vida un hecho incontestable.

Sin embargo, prefiere mirar hacia otro lado, olvidar su declive y agarrarse con fuerza a las cuerdas de ese ring de tercera categoría, sobre el cual se siente vivo, a gusto consigo mismo.

Cassidy (Marisa Tomei), un corazón desvalido, irrumpe en la vida de Randy y le obliga a buscar el calor humano que éste siempre rechazó. De ahí en adelante, el espectador acompaña al protagonista por un terreno incierto, pero cargado de sensibilidad. ¿Logrará recuperar esa hija a quien un día abandonó? ¿Será capaz de corresponder a la esperanza que le brinda Cassidy?

Sin duda, El luchador es un film vibrante, intenso, emocionante, crudo… A ratos, incluso difícil de digerir.

Randy es un personaje destripado por la cámara de Aronofsky: le acompaña, le contempla, lo analiza y disecciona. Entra en el rincón más humilde de su caravana, y le proyecta hacia el abismo en cada copa que se toma, en cada reto que se plantea sobre el ring.

Ocultando las lágrimas, este perdedor al que da vida Rourke quiere recuperar el tiempo perdido. Y ahí sale a relucir la complejidad del personaje, a medio camino entre el egoismo y esa entrega sin fisuras que exige su nueva experiencia emocional.

Como espectador, me siento atrapado en este mundo extraño del pressing-catch. Aquí, el sufrimiento de unos pocos divierte a la masa, ávida de golpes y sangre sobre la lona, pero indiferente ante la miseria de los combatientes.

En el film de Aronofsky, ese contraste queda resumido en una imagen cruel: la de esos ex-luchadores que vagan por distintas ciudades vendiendo sus recuerdos. En este sentido, hay una selección de planos objetivos del propio Randy que logran poner un nudo en la garganta.

La soledad del vestuario saca a relucir penalidades y miserias. Al comprobar cómo fue dejando atrás –muy atrás– todo lo que valía realmente la pena, el luchador proclama con gritos sordos el hastío de su vida. ¿Dónde está mi juventud? ¿Dónde la razón de mi existencia? ¿Qué hago yo aquí?, parece decir Randy a cada momento.

Darren Aronofsky sabe construir un relato sin artificios, ajustado a una estructura clásica, sin romper anárquicamente los esquemas tradicionales. Y lo hace con el convencimiento de que la fuerza está en el plano, en el personaje encerrado en el encuadre, allí donde se concentra esa intensidad que surge desde el fuera de campo.

Me sorprende cómo Aronofsky consigue dar una vuelta de tuerca a una vida compleja sin recurrir a los flashbacks. Acaso no sea el pasado del protagonista lo que interese realmente.

Esta vez, los títulos de crédito sirven para sintetizar los antecedentes de la trama.

Me viene a la memoria aquella escena en la que Woody Allen espera ante una sala de cine a que llegue su acompañante y, cuando aparece, decide no entrar en la sala porque la película ya ha empezado. Con El luchador, pasa lo mismo: quien llegue tarde se perderá parte de este conmovedor relato.

Sinopsis

El luchador (The Wrestler), de Darren Aronofsky, ganadora del codiciado León de Oro en la edición de 2008 del Festival de cine de Venecia, rompe el molde de las historias  con deportista caído intentando regresar al ruedo a toda costa.

En lo más esencial del film está el corazón tierno de un hombre que se pelea no sólo en el ring con sus oponentes con aspecto de villanos de cómic, sino también contra el daño que la vida le ha inflingido en cuerpo y alma.

La película se despliega en dos panoramas tan descarnados como atrayentes. Uno es el mero espectáculo, la pura acción visceral, con esa intensidad marginal, de uno de los más emblemáticos y singulares deportes de Estados Unidos. El otro es ese espacio obsesivo, terrible, en el interior de un hombre que busca desesperadamente un lugar al sol, desafiando sus muchas debilidades.

Mickey Rourke, en lo que es un vigoroso retorno muy propio de él, nos ofrece un Randy «el Carnero» Robinson que tan sólo quiere seguir haciendo la única cosa que sabe cómo hacer. Sin embargo, también es un hombre que ha perdido todas las oportunidades. Antaño un héroe de la clase trabajadora que se vio aupado como icono en el circuito de lucha libre profesional, ahora combate para inquebrantables  admiradores en los auditorios de los institutos, sin embargo, apenas puede satisfacer el alquiler del remolque donde vive mientras combate los estragos de la edad perceptibles en su maltrecho cuerpo.

Encaja las brutalidades y las derrotas en su vida con humildad y humor autodevaluante, pero cuando un combate particularmente encarnizado evidencia la mortalidad de Randy, todo indica que su carrera ha llegado por fin a una resolución definitivamente: quedarse sin futuro, sin resquicio de propósito en la vida.

Apartándose a duras penas del borde del oscuro abismo, Randy intenta reinventarse.

Puede que no esté seguro de cómo amar, pero ahora se halla demasiado solo y asustado como para no intentarlo.

Y así se dispone a enmendar la relación con una hija perdida (Evan Rachel Wood) cuyo corazón él rompió irrevocablemente muchos años antes.

Procura iniciar un romance improbable con su única confidente, una veterana bailarina exótica (Marisa Tomei) y compañera de afición por el hard-rock en un club local. Incluso logra una ocupación de atención al público.

Pero finalmente, a Randy no le es posible resistirse por más tiempo al impulso de revivir el único momento de gran gloria de toda su vida, mientras desafía la adversidad y se prepara para la revancha contra quien ha sido la horma de su zapato desde los ochenta: «El Ayatollah,» en el único terreno en el que todavía cree que puede enfrentarse absolutamente a cualquier cosa.

Copyright de imágenes, sinopsis y notas de prensa de El luchador © Protozoa Pictures. Cortesía del Departamento de Prensa de Wide Pictures. Reservados todos los derechos.


Añade tu comentario


Código de seguridad
Refescar

Diseño e ilustración

Lo último

org_prado org_thyssen org_Filmoteca org_bne org_auditorio org_CDN
 

Cultura en Positivo

Contenidos originales

Book Review

El Ministerio de Cultura identifica a Cine y Letras como una revista que ofrece contenidos respetuosos con los derechos de propiedad intelectual, y por ello nos distingue con el sello "Cultura en positivo". LEER MÁS...