Antes de acudir a la presentación de El orfanato, la excelente película de Juan Antonio Bayona, echo un vistazo a las notas que su productor, el también cineasta Guillermo del Toro, dedicó al citado largometraje.
«El orfanato —escribe— no sólo funciona como una película de terror: su ritmo es impecable, tiene ideas visuales extraordinarias, no abusa de los efectismos para provocar sobresaltos y relee de forma personal los lugares comunes del género». Luego añade: «También tiene una dimensión emocional insólita en propuestas de su naturaleza. Además de ser un inquietante relato sobrenatural, es una de las historias más elaboradas y bellas que he visto últimamente sobre el profundo dolor que causa la pérdida».
Si las leemos como una reseña, las palabras de Del Toro seducen de forma eficacísima. Y además, son certeras. El orfanato es una cinta de horror sobrenatural, cuyos efectos se sobreponen a un mecanismo melodramático sumamente conmovedor. La protagonista absoluta es Laura (Belén Rueda), una mujer ilusionada con la creación de una residencia infantil en el mismo lugar donde ella creció, y que antaño fue un hospicio. Simón, hijo de Laura, está fascinado con la idea de que allí residen varios «amigos invisibles». Ni que decir tiene que esas presencias fantasmales serán los agentes de una tragedia que resulta perturbadora y emotiva a partes iguales.
A Juan Antonio Bayona se le conoce como realizador de vídeos musicales, anuncios televisivos y cortometrajes. Durante la charla que mantiene con nosotros, el joven realizador dice algo que me llama poderosamente la atención: «Los analistas de guión de Sundance nos decían que la de El orfanato es una mezcla imposible de géneros. Y eso es precisamente lo que a mí me gustaba». Obviamente, Bayona es un heterodoxo que, no obstante, maneja con soltura las convenciones. Partiendo de esa idea, le planteo varias preguntas que inciden en esa idea tan simple como provocadora.
En lo narrativo, El orfanato sigue una línea próxima al clasicismo cinematográfico, que es una manera muy legítima de abordar el terror y el suspense. Legítima, pero a contracorriente. «Desde luego —me responde—, fue un reto para Sergio G. Sánchez escribir el guión y mantener la tensión de una película que fuese capaz de contener dos lecturas a un mismo tiempo. Una más realista: la que narra el proceso cercano a la locura de Laura, el personaje que interpreta Belén Rueda. Y otra muy próxima a la historia clásica de fantasmas, con todos los ingredientes habituales en las películas de este tipo».
El género de terror rebosa en la actualidad cierto mal gusto. Bayona quiere desentenderse de dicha tendencia. «No me siento reconocido en el género de terror que hoy triunfa —me indica—. Creo que hay una saturación de efectos digitales. La nuestra es una película que se toma su tiempo y que se permite el lujo de detenerse en el relato y en los personajes. Por eso, en El orfanato quise que una premisa fuera la sencillez. Sencillez en la trama y también en la resolución. De hecho, para no caer en artificios, hemos recurrido al silencio como arma de sonido. Mi intención es que el espectador dude sobre si lo que está viendo es real o está en la mente de la protagonista… Y ya que mencionas el clasicismo, te diré que antes de comenzar el rodaje, uno de los autores a los que acudí a modo de preparación fue David Lean».
Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.









































































































