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Jackie Brown, de Quentin Tarantino

Jackie Brown

"Más o menos todo lo que hice en esa película –dice Quentin Tarantino– trata de la división entre blancos y negros en este país, y de cómo esa división es una auténtica farsa... Los negros pobres de Chicago tienen más cosas en común con los paletos pobres de los Apalaches de Tennessee que con los negros prósperos que viven en Pasadena, California. Están en el mismo lugar".

Así que va Tarantino y se le ocurre hacer una película diferente, en lugar de repetir Pulp fiction. "Jo, tía, yo quería oír otra vez el chiste de la hamburguesa, y se le ocurre, no sé, o sea, sacar viejos tía". La crítica había afilado las hachas buscando descabezar a un tipo que había conseguido triunfar y encima acercar al gran público un tipo de cine del que antes podían hablar para sentirse exclusivos.

Para su desgracia, no pudieron sacar fallos a una magnífica y sobria historia, dirigida con la maestría de un veterano. Así que decidieron ignorarla.

Por supuesto, el rebaño “guay” se fue a buscar chistes de hamburguesas a otros sitios y así, Jackie Brown (1997) se quedó con la etiqueta de “película menor” y olvidable. Claro que todavía hay gente que juzga a las películas por lo que son, y no por motivos extra-cinematográficos.

Jackie Brown es la primera adaptación escrita por Tarantino, una versión muy personal de la novela Rum Punch de Elmore Leonard y el cumplimiento de un sueño para Quintín: trabajar con la musa de la blaxploitation y de sus ensoñaciones eróticas juveniles, Pam Grier.

Precisamente ese espíritu de los policíacos protagonizados por afroamericanos en los años 70 se filtra por las imágenes de esta sinuosa historia en la que la veterana azafata Jackie (Pam Grier) tendrá que lidiar con las autoridades y el traficante de armas Ordell Robbie (Samuel L. Jackson), elaborando un plan con el que evitar ir a la cárcel, intentar que no la maten y, si puede ser, llevarse un buen puñado de dólares.

Como apoyo moral y táctico contará con Max Cherry (Robert Forster), un fiador que se enamora de ella al instante. Por otro lado, Robbie contará con la dudosa ayuda de Max Gara (Robert De Niro), un ex presidiario de pocas luces y de Melanie (Bridget Fonda) una “novia” playera cuyas ambiciones son ver la tele y colocarse.

En esta ocasión, la facilidad para la escritura de diálogos poderosos por parte de Tarantino no se centra tanto en el exhibicionismo sino en la progresión de la historia, dando un fin dramático a lo que antes eran brillantes divagaciones.

Del mismo modo, y sin despojar del todo de extravagancias o amaneramientos a algunos de los personajes (Chris Tucker como el chillón Beaumont o el mismo Sam Jackson luciendo un estilo capilar “supercool manchú”), lo cierto es que en esta película nos encontramos a personas de verdad con problemas bastante más creíbles que en anteriores películas.

La violencia de Jackie Brown juega más con la elipsis y la sangre apenas llega a aparecer en una escena, y es que en este film Tarantino experimenta con lo más impensable en ese momento de su carrera, la sutileza.

Esta es una película en la que las miradas y los gestos, como en el cine clásico, son el verdadero diálogo detrás del diálogo, lo cual se potencia gracias los rostros auténticos y maduros de Pam Grier y Robert Forster, dos intérpretes que, sin ser unos abueletes, poseen ese aura de haber pasado por muchas cosas en su vida, y no necesitan de histrionismos ni trucos baratos de estudiante de arte dramático para dar verdadera vida y presencia a sus personajes.

Es modélica la forma en que Tarantino y los actores manejan escenas como la de la despedida, una de las más emotivas de la década siempre y cuando uno sepa ver más allá de su nariz, y basada exclusivamente en detalles quizá no apreciables para la básica mirada del moderno asilvestrado.

Que el film sea sobrio y hable de un amor entre gente madura no quiere decir que sea una película de Garci, ni mucho menos. El ritmo es calmado, pero no cesa, y no están ausentes las escenas de tensión (como la primera visita de Ordell a Jackie, donde se usa inteligentemente el recurso de la “pantalla partida”) ni los jugueteos narrativos. Destaca al respecto la manera rashomoniana con la que es mostrado el golpe maestro de Jackie en el centro comercial.

Pasada la fiebre del tarantinismo, Jackie Brown está comenzando a ser valorada por lo que es, y no en comparación con otras películas, y es que el tiempo suele poner las cosas en su lugar.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © 1997 Miramax Films, A Band Apart, Lawrence Bender Productions. Reservados todos los derechos.


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