En la medida en que el miedo corra paralelo a nuestras vidas, el cine de terror no pasará de moda.
Bien lo sabe el guionista y director de Kilómetro 31, Rigoberto Castañeda, a quien se le ocurren pesadillas fascinantes. En el ensueño que ahora ha convertido en película, hallamos a dos gemelas, Catalina y Ágata, unidas por un vínculo que los crédulos definirían como telepatía.
Tras una visión fantasmal, Ágata sufre un accidente automovilístico, y queda en estado de coma. Su cuerpo no responde a los estímulos, pero su mente no ha cortado ese hilo sutil que la une a su hermana. Convencida de que Ágata permanece atrapada en un mundo paralelo, Catalina resuelve ayudarla. Cueste lo que cueste.
Para llevar a término esta película, se aunaron los esfuerzos del soberbio equipo mexicano y los de una compañía de producción española, Filmax Entertainment. Kilómetro 31 fue rodada en México, desde el 31 de enero hasta el 23 de marzo del 2005. Repleta de efectos digitales, fotográficos y de maquillaje, la cinta enorgullece con razón a sus artífices de ambos lados del Atlántico. Es, por decirlo en términos restrictivos, una película mexicana, con una cuota española nada despreciable en el equipo artístico y financiero.
De lo anterior se deduce que el cine es un arte colectivo, pero esta obviedad es aún más notoria cuando se habla de cine fantástico. Por su complejidad técnica, este género requiere la participación de numerosos profesionales, cada uno con su peculiar visión del argumento. Con todo, el director no se desprende de su principal etiqueta —la de autor— y reclama justificadamente la paternidad de la idea.
«Kilómetro 31 —nos dice Rigoberto Castañeda— es un proyecto que basa su existencia en la psicología, y en ello refleja la influencia de grandes clásicos, como El resplandor, El exorcista, El ente y La semilla del diablo, y de películas más actuales e igualmente aterradoras, como Los otros o The Ring. El guión de esta película tiene la intención de entretener al gran público».
¿Y cuál es el modo de conseguirlo? Castañeda tiene claro el protocolo industrial más recomendable. «Kilómetro 31 —añade— tiene el objetivo primordial de ser un proyecto con una manufactura extraordinaria. Pretende alcanzar una calidad digna de competir con el cine de cualquier continente. Esta filosofía coincide con la máxima de las productoras que han tomando esta historia en sus manos. Se trata de crear una película de terror cien por ciento comercial, que en verdad esté comprometida con el género, sin ningún miedo, sin tabúes, siendo metódicos y perfeccionistas en cada detalle, para de ese modo entrar como un cuchillo en la psique del espectador… y no soltarlo hasta desangrarlo».
Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.









































































































