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"La conspiración del pánico"

La conspiración del pánico

Más allá del espectáculo pirotécnico y del misterio que plantea en su argumento, La conspiración del pánico (Eagle Eye), el thriller firmado por D.J. Caruso, quiere profundizar en la razón de ser del hombre: en los valores que le sostienen y en sus fragilidades, en los vínculos familiares que se construyen y destruyen, en la ignorancia y el desconocimiento que a veces dominan nuestros actos.

Para integrar todos esos elementos, la historia parte de una aparente confusión, y va in crescendo, manteniendo varias vías abiertas que al final se integran en un desenlace inesperado.

 En ese guión donde las cosas no son lo que aparentan, una voz femenina al otro lado del teléfono puede resultar encantadora o terriblemente angustiosa. De ahí que, en la mente de los personajes, las situaciones imprevistas y extremas generen una tensión difícilmente soportable.

Los jóvenes, interpretados por Shia La Beouf y Michelle Monaghan, se conocen inesperadamente y se ven inmersos en una carrera de obstáculos con objetivos muy diferentes.

Sin comprender lo que sucede a su alrededor, se dejan llevar a regañadientes por esa voz de la que antes les hablé. Una voz que lo controla todo: sus vidas y su entorno.

George Orwell, Stanley Kubrick y otros autores pueden servir como precedentes creativos de esta sociedad vigilada en la que se ambienta La conspiración del pánico.

En principio, nadie está bajo sospecha, pero alguien conoce demasiado bien la vida de los protagonistas. ¿Quien se oculta tras esas llamadas? En apariencia, podemos creer que un centro de datos. Un superordenador, dioses vagando por el silencio, a caballo de una tecnología de última generación que pervierte el ritmo vital de la sociedad.

La película de Caruso, aparte de divertir al espectador con materiales de muy buen nivel, incide en un hecho inquietante: la libertad queda en entredicho, y la manipulación se convierte en realidad, de suerte que hasta la elite política actúa como un títere en manos de esa computadora capaz de rebelarse ante su creador.

Y es que, en La conspiración del pánico, es gente sencilla la que pasa a ser un objetivo prioritario del servicio de inteligencia. Por levantar sospechas o, simplemente, por servir de mensajero en una entrega desconocida.

No les estropearé los giros de la trama, pero quédense con esta idea: sentirse vigilados no significa estar protegidos.

En ese sentido, la película de Caruso propicia una inquietante reflexión. El miedo a que alguien conozca cuanto hemos hecho un día cualquiera, y descubrir que esos detalles pueden estar al alcance de no se sabe quién, simplemente porque alguien ha decidido almacenar el alma del ser humano, puede ser una bomba de relojería que se active sin remedio.

Claro que la conspiración puede ser personal –se conspira desde el momento en que se controla al ciudadano–, pero lo cierto es que el clima de tensión que vive Occidente irrumpe con fuerza en nuestra vida cotidiana.

Los ciudadanos quedan sometidos a una vigilancia extrema que tiene que ver con el mensaje oculto del enemigo, siempre presente a través de señales inequívocas. Señales que se hacen públicas intermitente e intencionadamente para justificar la actuación del poder político, culpable de sus propias determinaciones.

Ya ven que La conspiración del pánico quiere ser actual en cuanto a la historia que aborda. Además, aprovecha referentes literarios y cinematográficos que en su tiempo fueron premonitorios. Felizmente, apuesta por la acción como arma narrativa y consigue los resultados esperados: entretener y sugerir muchas cosas al que la vea.

Sin duda, los juguetes electrónicos pueden llegar a tener otras funciones distintas de aquéllas para las que fueron creados.

(© Emilio C. García Fernández)

Sinopsis

En el Centro de Mando Militar Nacional en el Pentágono, el Secretario de Defensa Geoff Callister tiene que tomar una decisión crucial: si hay que bombardear un importante objetivo, un terrorista afgano de los más buscados. Sin una confirmación total de su identidad, el presidente ordena el ataque contra lo que aparenta ser un funeral. El bombardeo provoca un incremento de la animosidad terrorista contra Estados Unidos en el extranjero, así como una posible amenaza dentro del país…

En Chicago, un gandul de 23 años llamado Jerry Shaw (Shia LaBeouf), empleado de la tienda de fotocopias Copy Cabana, recibe de repente una llamada telefónica en su casa: su hermano gemelo idéntico, Ethan, oficial de relaciones públicas de las Fuerzas Aéreas y orgullo de la familia, ha muerto en un accidente de tráfico.

Mientras, la madre soltera Rachel Holloman (Michelle Monaghan) está a punto de enviar a Sam, su hijo único de 8 años, a Washington a tocar la trompeta con la banda de su colegio en el Kennedy Center: es su primera separación. Al salir una noche con unas amigas, recibe una extraña llamada en su teléfono móvil: una mujer desconocida le dice a Rachel que obedezca sus instrucciones al pie de la letra o Sam (a quien se puede ver de pronto en una gran pantalla de televisión al otro lado de la calle) morirá.

Al regresar a Chicago, Jerry se encuentra con que su cuenta bancaria, habitualmente vacía, contiene ahora 750.000 dólares, y que su escasamente amueblado apartamento está repleto de material terrorista de fabricación casera. También él recibe una llamada de la misma mujer, aconsejándole que huya o será detenido. Antes de poder marcharse, es arrestado.

En un cuarto de interrogatorios del FBI, el agente Thomas Morgan (Billy Bob Thornton) interroga al joven, quien insiste en que le han tendido una trampa. Cuando le dejan solo en un despacho, Jerry es contactado de nuevo por la misteriosa mujer, quien le libera haciendo que una grúa de una construcción cercana destroce la ventana, y le ordena que salte.

Es llevado por la mujer hasta un Porsche Cayenne, donde Rachel (a quien no conoce de nada) le está esperando. Sospechando uno del otro desde el principio, pronto se dan cuenta de que ambos están a merced de esa voz extrañamente sin cuerpo, que sigue todos y cada uno de sus movimientos, y tiene un control al parecer ilimitado sobre sus destinos.

Copyright de la imagen (Ralph Nelson), de la sinopsis y de las notas de prensa © DreamWorks LLC, Paramount Pictures. Cortesía del Departamento de Prensa de Paramount Pictures Spain. Reservados todos los derechos.


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