
La saga Crepúsculo, en su versión cinematográfica, se ha convertido en todo un fenómeno social entre las espectadoras más jóvenes, quienes resultan ser en la actualidad el público favorito de Hollywood. El estreno de la tercera entrega llega a las salas entre entusiasmos aparentemente inexplicables para los adultos.
En su magistral Diccionario del diablo, Ambrose Bierce definía al crítico como "Persona que se jacta de lo difícil que es satisfacerle, porque nadie pretende hacerlo". Tan lúcida descripción se hace aún más cierta en el caso de las películas de Crepúsculo, y se extiende a prácticamente cualquier espectador que no sea una niña de entre 10 y 15 años.
En la fabricación de estos libros y películas no se ha utilizado ningún filtro de cinismo, madurez o realismo. Su elaboración se ha llevado a cabo a base de productos tradicionales como las fotos, dibujos y frases que abarrotan las carpetas de las colegialas más ñoñas.
Como las viejas entregas de Viernes 13 o el cine pornográfico, las películas de Crepúsculo están diseñadas para un público virgen con una idea del mundo real que responde a meras nociones despistadas.
Si en la saga de Jason Voorhees el chaval que no se comía un rosco daba rienda suelta a su frustración al identificarse con ese asesino que exterminaba a los que sí lo hacían, y en el cine X ese mismo chaval alimentaba sus fantasías con una versión espectacular y ficticia de algo que en la realidad es más torpe y mundano, las aventuras románticas de Bella, Edward y Jacob apuntan y disparan al centro de los corazones de las niñas con las hormonas revolucionadas (representadas por una heroína no especialmente atractiva pero muy admirada), hambrientas de príncipes azules (el anticuado e insípido vampiro sin colmillos –¡llamando al doctor Freud!– Edward) pero con cierto temor no exento de oscura atracción respecto al tema carnal (encarnado por ese hombre lobo pegado a unos abdominales llamado Jacob).
Eclipse tiene un guión mínimo, en el que el vampiro (por llamar de alguna manera a ese elfo sin sangre) y el indio quileute cambiapieles intentan ganarse los favores de la protagonista, encarnada por una actriz incapaz de reflejar el supuesto amor que derrocha por su(s) amado(s), y que más bien parece sufrir algún tipo de dolencia menstrual durante todo el metraje.
Mientras los guapos le lanzan a la chica declaraciones y contradeclaraciones de amor y ella intenta calmar sus peleas, unos vampiros malos (aunque igual de quejicas que los vampiros buenos) amenazan con atacar a los héroes en el último tercio de la película. Entre tanto, asistimos a pequeños flashbacks sobre los orígenes de algunos de los personajes, en los que se sugieren historias llenas de tópicos pero bastante más entretenidas que la trama principal de la película.
En un alarde de atrevimiento, una de estas subtramas narra una clásica historia de venganza de una vampira que, vestida con traje de novia, acaba con los hombres que la violaron, incluyendo a su prometido. Por supuesto, la sangre y las imágenes sexualmente explícitas son tabú en la puesta en escena de una película cuya clasificación apta para menores es una clave esencial de su éxito.
Crepúsculo viene a ser algo así como la versión desnatada de la ya de por sí algo insípida serie Underworld.
El tremendo triunfo del cine para muchachas jóvenes ha sido todo un descubrimiento para los productores, que se pueden sacar de la manga una serie B como este Eclipse (la producción, quizá exceptuando el sueldo de los protagonistas, es mínima: efectos especiales de segunda, escenarios limitadísimos y acción propia de cualquier película "directa a vídeo"), y destinar el dinero que en otras ocasiones se habría usado en volar edificios o cortar autopistas para rodar complejas persecuciones a la mera promoción machacona, que con Crepúsculo ha ido desde las revistas tipo Súper POP a los anuncios televisivos de Volvo, incluyendo soportes publicitarios tan insólitos como los cajeros automáticos.
Con diálogos casposos que harían avergonzarse a Corín Tellado, vampiros llorones que provocarían el bochorno de Louis de Pointe du Lac y jóvenes nativos americanos de los que se reiría hasta el general Custer, Eclipse es, a los ojos del intruso en ese mundo de purpurina y melaza, una soberbia idiotez carente de la más básica noción de la vergüenza o el buen gusto. Pero, y hay que repetirlo, no es a usted ni a mí a quien se pretende agradar en esta ocasión.
Sinopsis
Todo comienza... con una elección.
En La Saga Crepúsculo: Eclipse, tercera entrega de la serie de descomunal éxito de Stephenie Meyer, Bella Swan (Kristen Stewart) vuelve a encontrarse rodeada de peligros, mientras Seattle se ve asolada por una oleada de misteriosos asesinatos y una maliciosa vampira prosigue su búsqueda de venganza. En medio de todo eso, Bella se ve obligada a elegir entre su amor por Edward Cullen (Robert Pattinson) y su amistad con Jacob Black (Taylor Lautner), perfectamente consciente de que su decisión tiene muchas posibilidades de exacerbar la eterna rivalidad entre vampiros y hombres lobo. Con su graduación cada vez más próxima, Bella no tiene más remedio que afrontar la decisión más importante de su vida.
Mientras que la mayoría de sus amigos del instituto están recibiendo cartas de aceptación en las distintas universidades y enviando avisos de graduación, Bella se encuentra tomando una decisión que le permitiría estar con su amado Edward para siempre. Pero le cuesta aceptar la condición impuesta por Edward (debe casarse con él antes de que él acepte ser quien la convierta en vampiro) y las consecuencias que estas elecciones pueden traer para sí misma, su familia y sus amigos.
Entre tanto, se avecina una guerra. Jugando con los puntos ciegos de los dones místicos de la familia Cullen, una fuerza desconocida ha creado un ejército de neófitos, compuesto por vampiros recién transformados, cuyo salvajismo y sed de sangre incontrolable está en su momento álgido en los primeros meses de vida sobrenatural. ¿Son peones de Victoria (Bryce Dallas Howard) en su obsesiva búsqueda de venganza, o de los todopoderosos Vulturis, que pretenden asegurarse de que Bella siga adelante con su intención de hacerse inmortal?
A medida que el ejército de neófitos, encabezado por Riley (Xavier Samuel), avanza hacia Forks y el territorio de los quileute, los Cullen y la manada de lobos deberán dejar de lado su conflicto instintivo y formar una alianza para proteger a Bella y su comunidad de una amenaza mayor. Mientras se preparan para la batalla, Bella descubre más información sobre la historia secreta de la tribu quileute, la cada vez más numerosa manada de lobos y el pasado de Jasper y de Rosalie. Este conocimiento la ayudará a comprender los vínculos creados entre los lobos, reconocer su amor por Jacob Black y contribuir a la protección de sus seres queridos.
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