Causa una excelente impresión el modo en el que nuestro cine empieza a fraguar producciones de específico talante popular.
Añado un pormenor: esta tendencia sirve para fortificar los pilares del sector. O dicho con un modismo gremial: son cintas que crean industria. Para confirmarlo, me remito a una película como La semana que viene (sin falta), cuyo argumento parece extraído del archivo norteamericano.
Su protagonista es Teo Morales (Imanol Arias), dueño de un taller mecánico, acosado por las deudas y también timado por su agente de seguros, Alberto (Charlie Levi Leroy). A la vista de una ruina inevitable, Teo prepara su contraataque y se dispone a organizar un robo en la Aseguradora.
Este asalto ha de distraer la atención de la policía, de modo que el protagonista y sus cómplices puedan corregir los detalles su póliza en los ordenadores que previamente manipuló Alberto. Con lo que ya sabemos algo importante: la película nos sitúa ante una aventura frenética, cuya gracia se comunica bien con el público general.
El autor del filme es Josetxo San Mateo, quien aliña su historia del rodaje con anécdotas reveladoras. Todo comenzó en la primavera de 2004, mientras pergeñaba un nuevo guión. Por medio del productor Antonio Pérez, el cineasta recibió en su domicilio una película francesa, Mi pequeño negocio, de Pierre Jolivet.
Entre burlas y veras, Pérez propuso a San Mateo que realizase una versión «a la española», más descocada en las situaciones y luminosa en sus bromas. Al poco tiempo, el actor Imanol Arias se postuló como protagonista y también quiso intervenir en la producción. Con estos mimbres, el proyecto se puso en marcha con ciega confianza, congregando nuevos apoyos.
Tras su estreno, la película ha confirmado las expectativas que en ella depositaron. No es un filme ilustrado, de borrosa ubicación, sincronizado con el gusto elitista. A decir verdad, La semana que viene (sin falta) ingresa en un catálogo menos distinguido, pero saludable y necesario: el de las producciones divertidas y bulliciosas, cuya trama, mil veces tejida y destejida, nos brinda el alivio de pensar que la sonrisa es un gesto importante.
Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.









































































































