
Al sentarme a ver La última casa a la izquierda, de Dennis Iliadis, me sentí más joven. Recordaba como, treinta y cinco años antes, había vivido intensamente la proyección de la película original de Wes Craven, de la que ésta es un remake.
Si mi entrega como espectador en aquel entonces no tuvo fisuras, ahora tampoco.
En apariencia, la versión actual llega en un contexto diferente al de los setenta, pero si lo analizamos con detenimiento, comprobaremos que la sociedad vive situaciones similares, en las que la violencia y el caos nos condicionan.
Pongamos ambas cintas en su contexto. La guerra del Vietnam y la televisión de aquel 1972 quedan sustituidas por cualquier conflicto moderno e Internet. En todo caso, es cierto que la generación contestataria de entonces se vio más condicionada por la manipulación política que la moderna generación 2.0. Quizá por ello Iliadis ha insistido en este asunto desde la perspectiva del joven Justin (Spencer Treat Clark), que plantea una notable ruptura con su padre.
Desde el punto de vista narrativo, La última casa a la izquierda es una producción sugerente, que define muy bien su escenario y caracteriza impecablemente a los personajes.
Sin trampas, el director combina con sencillez los clásicos ingredientes del cine de horror, y con ese recurso logra atrapar a la audiencia.
La historia evoluciona con corrección, y crece en intensidad dramática a medida que se va definiendo el rostro de los personajes, tanto el de los que sucumben al caos como el de aquellos que descubren cómo la ira puede convertirse en arma mortal, sobre todo cuando hay que protegerse.
La última casa a la izquierda es, por encima de otras consideraciones, buen cine. Como remake, mantiene el espíritu de la obra de Craven, cuya sombra planea en cada plano, pese a que Dennis Iliadis sepa mantener la autonomía creativa.
El director marca su territorio de manera elegante, sutil, pese a que el relato sea directo, crudo, difícil de digerir.
Nada queda al azar, y cada pequeño recurso del guión encuentra un momento para justificar su presencia.
Por lo demás, la cinta es fiel a las convenciones del género. Siempre habrá una casa en la colina, al final de la carretera, junto a un lago… Y siempre estará aislada, sumergida en la tiniebla, poblada por depredadores que dicen haberse perdido o que su vehículo se ha averiado.
Siempre la soledad, el silencio, la noche…, demostrando que el miedo es una sensación permanentemente viva.
Sinopsis
La noche en que Mari (Sara Paxton) y su amiga Paige (Martha MacIsaac) llegan a la solitaria casa que los Collingwood tienen a la orilla del lago, son secuestradas por Krug (Garret Dillahunt), un psicópata que se ha escapado de la cárcel, y sus compañeros, su perturbada novia Sadie (Riki Lindhome); su sádico hermano Francis (Aaron Paul), y su anulado hijo Justin (Spencer Treat Clark). Los secuestradores abandonan a Mari, convencidos de que ha muerto.
Aterrorizada, sabe que su única posibilidad de supervivencia es encontrar a sus padres John y Emma (Tony Goldwyn y Monica Potter).
Por desgracia, sus atacantes se han refugiado en el único sitio donde ella estaría segura. Cuando los padres de Mari se enteran de la terrible historia, conseguirán que tres extraños se arrepientan eternamente de haber entrado en la última casa a la izquierda.
La última casa a la izquierda © 2009 Rogue Pictures y Craven / Cunningham / Maddalena Productions. Cortesía de Universal Pictures International Spain. Reservados todos los derechos.









































































































