Salta a la vista que los festivales pueden ser una plataforma de lanzamiento idónea para una película.
¿Pero significa eso que el público acudirá a verla en los cines? Sólo se me ocurre una respuesta segura: aquellas cintas que precisan el respaldo de los festivales son, justamente, las mismas que avanzan en el circuito de exhibición gracias a las recomendaciones de sus espectadores. En otras palabras, se trata de redefinir el viejo método del «boca a oreja».
El largometraje del que hoy les hablo, Lo mejor de mí, ha tenido buena suerte en los certámenes internacionales. En Locarno mereció dos galardones, el Premio a la Mejor Actriz (Marián Álvarez) y el Boccalino de Oro a la Mejor Película. Asimismo, accedió a la Sección Oficial de la SEMINCI vallisoletana.
El punto de partida argumental de Lo mejor de mí le reconcilia a uno con sentimientos imprescindibles. Su protagonista, Raquel, crece en un entorno donde el amor extiende su simbolismo hechicero por doquier. A pesar de ello y frente a ese derroche sentimental, Raquel se pregunta qué pasa cuando la fortuna amorosa nos resulta esquiva. Pasa el tiempo, y la joven inicia una vida en común con Tomás (Juan Sanz). A su lado, las dudas de antaño se transforman en retos, y el amor deja de ser una teoría para convertirse en una ocasión para verificar las convicciones más íntimas.
La directora Roser Aguilar se formó como cineasta en la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya. En esa faceta de alumna aventajada, participó en cursos de guión con Fernando Trueba y Joaquim Jordà, de dirección con Bob McAndrew y Juan José Campanella, y de fotografía con Manolo Laguillo, Antonio Corral y Pepe Baeza.
A la hora de presentar Lo mejor de mí, Roser manifiesta una comprensible ansiedad. «No es fácil —nos dice— encontrar una historia con la que debutar en el cine. Cuatro años, entre la primera idea y el fin de la post producción, es un tiempo considerable, para apostar y comprometerse con algo». Propensa a las metáforas, la directora explica su película en términos literarios: «Lo mejor de mí —añade— habla de la bondad de Raquel, de su candidez e ingenuidad. De su deseo de amar de la mejor manera posible y de su distanciamiento de todo aquello que ama. Pero en el transcurso de su historia, Raquel valorará por vez primera los pequeños motivos. Dejará de aguantar el aire, para poder respirar. Y aprenderá a mirar el mar y dejarse llevar». ¿No les parece razón suficiente para convertirse en testigos de ese cambio?
Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.









































































































