
Tom Cruise, antaño héroe de masas y hoy chivo expiatorio, y esa extraña comediante sexy que es Cameron Díaz suponen el mayor reclamo de Noche y día (Knight and day), de James Mangold, una comedia de acción 100% hollywoodiense, con la colaboración de eminentes compatriotas como Jordi Mollà o San Fermín.
La combinación de comedia romántica y acción es una fórmula a la que Hollywood sigue recurriendo con mucha frecuencia. En teoría, estas películas son perfectas para las parejas, ya que ofrecen el romanticismo que ellas (presuntamente) buscan y llenan la pantalla de persecuciones, mamporros y tiroteos, lo que (supuestamente) ellos piden.
Para reforzar su interés, suelen estar protagonizadas por una pareja de actores atractivos, en este caso Tom Cruise, sex symbol desde la Era Reagan, y Cameron Díaz, con sus interminables piernas y su irresistible humor campechano.
Pero sucede algo de los que los productores de la Fábrica de Sueños parece que no se han dado cuenta, y es que estas comedias románticas de acción tienen una cierta tendencia a fracasar en taquilla. Ishtar (Elaine May, 1987), Me gustan los líos (Charles Shyer, 1994), Gigli (Martin Brest, 2003) o Sáhara (Breck Eisner, 2005) han sido famosas catástrofes comerciales, y lo mismo ha vuelto a suceder en Estados Unidos con Noche y día, un fracaso pese a la buena campaña de promoción y su digna producción.
Ya vemos que esta fórmula no asegura el éxito, pero ¿en qué ha fallado Noche y día?
Lo más probable, aparte de una imbatible competidora en taquilla como Toy Story 3, es que se trate de un nuevo castigo del público hacia Tom Cruise, un actor que se ha convertido en el nuevo chivo expiatorio de la sociedad, en especial de la estadounidense.
Muerto Michael Jackson, la gente normal ha concentrado sus energías negativas en el otro gran chalado del mundo del ocio –con permiso de Mel Gibson, otra suculenta diana de la gente de bien–, Tom Cruise, cuyas locuras personales son constante objetivo de chanzas e insultos. Y es que, el señalar con el dedo al rarito, uno se siente mejor consigo mismo, porque se siente más normal.
Aunque estoy lejos de defender a un actor que generalmente me ha resultado antipático desde los tiempos de Top Gun y Cocktail –especialmente en los tiempos de Top Gun y Cocktail, diría yo–, no deja de resultar triste que la carrera profesional de alguien se vaya al garete porque su vida privada no sea del agrado de los demás. Y todavía es peor si las críticas surgen a raíz de la absurda religión intergaláctica del actor, no menos ridícula que otras creencias de este sesgo.
Pese a que todo el mundo alabó a Cruise por su hilarante papel secundario en Tropic Thunder (Ben Stiller, 2008), sus últimas películas son criticadas con un exceso de fiereza, aunque sean tan dignas, e incluso intermitentemente brillantes, como La Guerra de los Mundos (Steven Spielberg, 2005) y Misión Imposible III (J.J. Abrams, 2006).
¿Es tan mala como se dice Noche y día? Pues no y sí, ya que posee una primera mitad genuinamente divertida y bien realizada.
La historia se desarrolla a la sombra de cintas como Charada (Stanley Donen, 1963) o Tras el Corazón Verde (Robert Zemeckis, 1984), con el protagonismo de una simpática y sexy Cameron Díaz, quien se ve envuelta en una intriga de espionaje y acción tras un encontronazo con un superagente de irresistible encanto y sospechosas intenciones.
El film se centra en el punto de vista del personaje de Díaz, ofreciendo al espectador sólo algunos retazos de la trama de espionaje, una opción narrativa que resulta refrescante, en especial en los momentos en los que el espía droga a la chica y asistimos a pequeños fragmentos subjetivos de lo que, según sospechamos, son espectaculares proezas aventureras.
Durante más o menos media película, el suspense, la comedia y la acción fluyen de manera sobresaliente, sobre todo en la modélica secuencia del avión.
Pero a partir de determinado punto, quizá cuando aparece ese sello de mal cine que es Jordi Mollà, el film pierde energía, y se transforma en una sucesión titubeante de escenas, unas aburridas y otras bochornosas, que no parecen dirigirse hacia ningún punto en particular.
Sinceramente, ver a Jordi Mollà vociferando –sin que sus palabras se sincronicen con el movimiento de sus labios– como un malo de película de Parchís mientras persigue a los héroes por los encierros sevillanos de San Fermín*, y los toros digitales siembran el pánico, no es la experiencia más cómoda para el espectador que no busque experiencias de esas llamadas por algunos psicotrónicas.
* Teniendo en cuenta la legendaria escena de Misión Imposible II (John Woo, 2000), en la que se fundían en una única fiesta las Fallas, la Semana Santa y hasta el vudú, uno sospecha que Penélope Cruz se lo pasó pipa desinformando a Cruise acerca de las tradiciones ibéricas.
Sinopsis
Él era un astuto espía en fuga. Ella era una desventurada transeúnte de camino a una boda. Sus caminos no tendrían que haberse cruzado nunca, pero cuando lo hicieron, los desvió completamente de rumbo.
Ahora se encuentran en una persecución sin descanso mientras les intentan atrapar juntos en un mortal y engañoso incidente de espionaje. Él anda tras ella como su señuelo, agentes secretos de todos los bandos le buscan a él por traidor, y ella busca la verdad sobre lo que hay detrás del breve flirteo con un apuesto desconocido en un aeropuerto y que ha desencadenado una espeluznante caza por todo el mundo con múltiples engaños, huidas por los pelos, identidades falsas y confianza ciega. Toda una aventura que puede resultar en el crimen del siglo o la relación romántica de su vida.
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