Mientras acuciosamente se desencadenan polémicas en torno al porvenir del cine español, hay un gremio que, en su seno, demuestra una salud vigorosa.
Me refiero, claro está, al conjunto de los creadores de dibujos animados. Y es que España, en lo relativo a animadores, tuvo siempre buena estrella. Más por talento que por criterio, nuestra industria ha dado lugar a varias generaciones de artistas que, en este campo, han sabido seducir a todos los públicos.
Un reciente largometraje, Nocturna, de Víctor Maldonado y Adrià García, confirma lo dicho. Nocturna es una coproducción de Julio Fernández y Philippe Garell. Sus principales personajes, animados con un arte soberbio, cuentan con las voces de Imanol Arias, Carlos Sobera y la cantante Natalia. La historia es sumamente sugestiva: una noche las estrellas se apagan. Tim, un crío tímido que vive en un orfanato, decide resolver esa calamidad adentrándose en Nocturna, una dimensión de nuestra propia realidad que cobra forma cuando los humanos dormimos.
Los directores de la película, además de buenos ilustradores, son unos soñadores bien adiestrados. Para ellos, el estado de duermevela ha sido y sigue siendo el ideal para formular propuestas atrevidas. No en vano, el dibujo animado es un sistema idóneo para plantear ese diálogo entre sombras y luceros. «La animación —nos dicen— es un medio ideal para recrear mundos fantásticos. Para sorprender desde lo visual. Con Nocturna hemos intentado crear un universo donde se mezclan elementos del imaginario infantil y elementos de nuestra propia cultura visual… Seres con aspecto de muñeco de juguete, marioneta o muñeco de trapo, edificios retorcidos que recuerdan vagamente a las viejas ciudades europeas a principios del siglo XX, calles inundadas de bruma, iluminadas por la luz difusa de las farolas…».
¿Qué arroja el balance de Nocturna? Para empezar, ingenio. Y desde luego, una propensión a esas pesadillas imaginativas que cultivan cineastas como Tim Burton. «La animación —añaden Maldonado y García— nos daba la posibilidad de construir esta especie de visión infantil de la Ciudad de la Noche. El reto consistía en encontrar el equilibrio entre lo fascinante y lo excesivamente oscuro o tétrico. Esperamos que los espectadores descubran en Nocturna una historia que no solo les muestre un mundo sorprendente, sino que les haga experimentar emociones propias. Una historia que perdure en ellos a lo largo de los años… ¿Quién sabe? Al igual que un niño, cualquiera puede pensar que, en Navidad, ese ruido en la chimenea es Papá Noel».
Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.









































































































