
Desde hace algunos años, hay una queja repetida por los actores y actrices que ya han superado cierta edad. No encuentran guiones que hagan un hueco a personajes con su perfil. En cualquier caso, no creo que se deba especialmente a que los espectadores son mayoritariamente jóvenes. Quizás la clave sea que los directores no saben aprovechar las aportaciones de los intérpretes veteranos.
En este sentido, Nunca es tarde para enamorarse (Last Chance Harvey), de Joel Hopkins, aborda un romance maduro, con gran fuerza interior. Una historia en la que los espectadores adultos se pueden ver reflejados y que, sin duda, presenta una reflexión emotiva sobre el paso del tiempo y el desencanto.
El encuentro entre los dos protagonistas, Harvey Shine (Dustin Hoffman) y Kate Walker (Emma Thompson), me interesó desde el primer plano. Las suyas son vidas paralelas, en las que se dan cita el amor y desamor, el desengaño y la decepción.
Nunca es tarde para enamorarse es un relato de pérdidas y encuentros ocasionales, de almas que esperan una oportunidad para salir de su aislamiento.
El personaje de Hoffman, Harvey Shine, es un músico de publicidad y un frustrado pianista de jazz que perdió muchas cosas a lo largo del camino. La boda de su hija le sirve de terapia, y le lleva a darse cuenta de que mirar hacia otro lado no sirve de nada.
Por su parte, Kate Walker, interpretada por Thompson, casi no sabe por qué respira. Su existencia es una continua decepción. Vive pendiente de una llamada de su madre, otra mujer que sólo busca compañía porque su vida también fue confusa.
Como otros solitarios que podemos hallar en nuestro entorno inmediato, Kate y Harvey intentan superar su autoengaño, ese vacío vital que un teclado o una copa de vino pueden rellenar momentáneamente.
Con todo, la lección de Nunca es tarde para enamorarse tiene que ver con el hecho de que, más allá de tanta frustración, siempre hay un hilo de vida que está esperando que alguien tire de él para alcanzar metas insospechadas.
Desde su madurez, los protagonistas observan aquello que los diferencia de los jóvenes, más espontáneos, más confiados y dinámicos. Kate construye a diario su propio mundo y se protege de cualquier extraño que quiera invadirlo. Harvey no logra comprender que jóvenes compositores puedan hacer más fácilmente lo que él lleva tiempo construyendo.
El romance que ambos emprenden se nutre de esa experiencia. Es una relación cautelosa, muy reflexiva.
Muchas historias románticas se definen con tono melodramático. Nunca es tarde para enamorarse no escapa a ese enfoque, pero insiste en una realidad incuestionable: toda persona necesita tener cerca a otra, para mirarla y entablar conversación.
La película acumula vivencias cotidianas. Por eso son tan intensos muchos de los momentos del filme: una cita olvidada, la necesidad de sentirse vivo como padre, la tristeza de no asumir el riesgo de ser madre, el miedo a que llegue el momento que ponga fin a una ilusión.
Al final del camino, una luz en el horizonte se presta a iluminar emociones que parecían dormidas. Nunca es tarde para enamorarse es un historia amable, dura por momentos, pero también muy tierna y sinceramente emotiva.
Sinopsis
El oscarizado actor Dustin Hoffman y la actriz Emma Thompson se dan cita en Nunca es tarde para enamorarse, un sentido film romántico que celebra los nuevos comienzos a cualquier edad. Joel Hopkins ha escrito y dirigido este largometraje.
En Nunca es tarde para enamorarse, el neoyorquino Harvey Shine (Dustin Hoffman) está a punto de perder su trabajo sin futuro como letrista de jingles publicitarios. Advertido por su jefe (Richard Schiff) de que sólo tiene una oportunidad más para entregar un encargo, Harvey se va a Londres durante un fin de semana para asistir a la boda de su hija (Liane Balaban) aunque promete regresar el lunes para un importante encuentro, lo que le conviene cumplir.
Harvey llega a Londres a tiempo de enterarse de que su hija ha optado por su padrastro (James Brolin) para que sea quien la acompañe hasta el altar. Procurando disimular el disgusto, abandona la boda antes del banquete con la esperanza de llegar al aeropuerto a tiempo, aunque igualmente pierde el avión. Cuando telefonea a su jefe para explicárselo, Harvey se ve despedido al instante.
Ahogando sus penas en la barra del bar del aeropuerto, entabla conversación con Kate (Emma Thompson), una sensible empleada de la Oficina de estadísticas nacionales que supera los 40. Kate, cuya vida se limita al trabajo, las ocasionales citas a ciegas humillantes, y las interminables llamadas telefónicas de su asfixiante madre (Eileen Atkins), se emociona con cuanto Harvey le dice, sintiéndose éste muy motivado ante la inteligencia y compasión que Kate le demuestra.
Mientras se sienten inspirados por el creciente entendimiento que nace entre ellos, van a transformar sus vidas sin darse cuenta.
Nunca es tarde para enamorarse © 2008 Overture Films y Process Productions. Cortesía de Wide Pictures y Filmax. Reservados todos los derechos.









































































































