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Shutter Island, de Martin Scorsese - Cómo se hizo

Índice de Artículos
Shutter Island, de Martin Scorsese
Cómo se hizo
Shutter Island al descubierto: Los personajes
Dentro de Shutter Island: El diseño
Las tormentas de Shutter Island: el clima
Todas las páginas

Cómo se hizo

En cuanto pudo hacerse con los derechos de la novela de Lehane, el productor Bradley J. Fischer Fischer se puso manos a la obra junto con el presidente de la compañía, Mike Medavoy. El ejecutivo de Phoenix Pictures Arnold W. Messer se les unió como productor.

Fischer se puso en contacto con Laeta Kalogridis, una guionista conocida por su gran afinidad con el suspense, la aventura y los personajes complejos.

Después de trabajar con ella en el thriller de acción ambientado en la época de los vikingos El guía del desfiladero, los productores de Phoenix sabían que tenía el potencial creativo para llevar a buen puerto el proyecto. “Sabíamos que Laeta sería capaz de hacer que las maravillosas palabras de Dennis Lehane cobraran vida con todas las posibilidades que ofrece el cine”, dice Fischer.

Kalogridis, que también es una de las productoras ejecutivas de Shutter Island (junto a Chris Brigham, Lehane, Gianni Nunnari y Louis Phillips), estaba entusiasmada con el reto de adaptar el rico material de la historia de Lehane, que se va entretejiendo mediante flashbacks, alucinaciones y fantasías, jugando con el tiempo cronológico y la huidiza naturaleza de la realidad en cada momento. Se metió de lleno a explorar el amplio espectro de complejos temas que plantea Lehane, desde el terrorífico pasado de las instituciones mentales y la sórdida ciencia detrás de las lobotomías a espantosos hechos históricos como los campos de concentración nazis y los experimentos de control mental de la Guerra Fría.

“A Laeta la historia le impactó tanto como a mí”, comenta Fischer. “Comprendió que la narración tiene distintos hilos y capas para los que hay que encontrar un equilibrio – la adaptación no fue fácil – pero exploró distintas direcciones para los personajes y formas de presentar los flashbacks. Pronto tuvimos un guión con el que Mike Medavoy y yo estábamos muy satisfechos.”

Más incluso que la novela, para la que el autor se inspiró en parte por su amor por el cine de serie B, el guión recuerda a películas clásicas de Hollywood como el misterio sobre cambios de identidad Laura, de Otto Preminger, y Shock Corridor, de Sam Fuller, sobre la situación en los hospitales mentales. Era evidente que para hacerle justicia necesitarían a un director con un profundo conocimiento del cine y una pasión por la interacción psicológica.

El primer nombre en el que pensó Fischer fue el del director ganador de un Oscar, Martin Scorsese. Los ejecutivos de Phoenix se pusieron en contacto con el prolífico pero siempre ocupado director sin demasiadas esperanzas porque supusieron que, después de ganar el Oscar al mejor director por Infiltrados, era poco probable que aceptara.

No pudieron haber escogido un mejor momento. Scorsese no solo estaba disponible sino que el estilo y la temática de Shutter Island le cautivaron. Cuando Phoenix le envió el guión, estaba inmerso en la narración de Val Lewton: The Man in the Shadows, un documental sobre el creador detrás de las películas de terror de la RKO de los años 40 tan influyentes como La mujer pantera y Yo anduve con un Zombie. Scorsese tenía ganas de revisar el concepto de terror existencialista.

“A Marty le atrajo la idea de rodar una historia de terror gótico envuelta en misterio”, explica Fischer. “Se entusiasmó con la idea desde el principio. Cuando me llamó su agente para decirme que quería dirigir Shutter Island, dijo: ‘Marty dice que le recuerda a una película alemana antigua llamada... llamada...’ Mientras intentaba recordar el título, dio la casualidad que yo tenía delante de mí en mi oficina un cartel enmarcado de esa película, una de mis favoritas, un clásico mudo del cine expresionista alemán. ’Dijo que le recordaba a El gabinete del Dr. Caligari’, sugerí yo. ‘Sí’, gritó su agente. ‘¡Esa era!’”

Fischer continúa: “Que el guión le recordase a la misma película de terror de la época Weimar que a mí fue impresionante. De todos modos, no me sorprendió. Siempre asocié El gabinete del Dr. Caligari a Shutter Island. Marty también es un admirador de esa película y fue uno de sus muchos referentes durante el rodaje. A partir de ese momento, las cosas avanzaron rápidamente. Lo que Marty vio en la historia y los distintos niveles que encontró en el material hicieron que fuera un proyecto mucho más complejo de lo que nos habíamos imaginado.”

Scorsese dice que el guión de Shutter Island le enganchó en la primera lectura. “No sabía nada de la historia y empecé a leerla a las diez y media de la noche. Tenía que irme a la cama porque madrugaba al día siguiente, pero no podía apartar los ojos del guión y los distintos niveles de la historia no dejaban de sorprenderme”, recuerda.

Sintió una conexión inmediata con la mezcla de géneros clásicos de intriga, desde un oscuro cine negro al terror con mayúsculas. “Este es el tipo de película que me gusta ver, el tipo de historia que me gusta leer”, explica Scorsese. “Todos estos años, creo que me he mantenido alejado de ciertos tipos de película que emulan un estilo que en cierta manera me parece un referente, pero al final son las películas que vuelvo a ver una y otra vez. Siempre me han atraído este tipo de historias. Lo interesante es que la historia y la realidad de lo que está pasando van cambiando constantemente y hasta la escena final todo se basa en cómo se percibe la realidad.”

“Más que la ambientación o la manera de contar la historia, para mí lo importante es lo que le sucede al personaje de Teddy, que me parece muy emotivo. Esa fue la conexión emocional.”, continúa:

Scorsese usó los elementos de cine negro del guión de Kalogridis para profundizar en las microdinámicas y maquinaciones psicológicas de los personajes, combinando una gran riqueza visual con emociones subyacentes para que el público acompañe a Teddy Daniels en su viaje al límite. Desde el comienzo de la pre-producción, el director inspiró al reparto y al equipo técnico con una serie de proyecciones nocturnas de películas, algunas legendarias y otras desconocidas, que trataban los temas y estilos presentes en Shutter Island.

Entre las escogidas por Scorsese destacaban Laura, de Otto Preminger; la oscura historia de traiciones de Jacques Tourneur de 1947 Retorno al pasado; el thriller de Edward Dmytryk de 1947 Crossfire, sobre el asesinato de un soldado judío después de la segunda guerra mundial; el drama policial de 1952 de Nicholas Ray La casa en la sombra; el debut como director de Karl Malden Labios sellados, de 1957, un intenso drama psicológico sobre un soldado americano que se enfrenta a un juicio marcial; El proceso, de Orson Welles, adaptación de 1963 de la historia surrealista de Franz Kafka en la que un hombre que es detenido sin más explicación acusado de un crimen que desconoce; los documentales de John Huston San Pietro y Let There Be Light, este último sobre soldados que regresan sufriendo lo que se denominó “síndrome de guerra”; referentes del cine de terror como La guarida, de Robert Wise, y Suspense, de Jack Clayton; y varias películas de Val Lewton, a las que Scorsese debe su aprecio por el género del thriller de terror, entre ellas la enigmática The Seventh Victim, sobre una mujer que busca a su hermana desaparecida en una secta satánica.

La lista también incluía un documental obligatorio de 1967: el polémico Titicut Follies, de Frederick Wiseman, que llegó a estar prohibido y que expone el trato a los pacientes en un hospital para criminales trastornados.

El documental proporcionó a los actores y al equipo una percepción desgarradora de cómo eran los centros mentales en los 50 y los 60, antes de que las reformas modernas mejoraran las condiciones y dieran prioridad a los derechos del paciente. Ambientada en el Instituto Correccional de Massachusetts para Criminales Trastornados de Bridgewater, la película recrea sin tapujos un centro en el que se desnudaba a los pacientes, se les encadenaba a la pared de la celda, se les alimentaba por la fuerza y se les despojaba de la más mínima dignidad humana.

La película tendría una gran repercusión. Al poco de su estreno, la indignación pública era tal que se inició una demanda colectiva contra Bridgewater, lo que a su vez dio lugar a cambios permanentes en la forma de dirigir las instituciones estatales de todo el país.

“Ver Titicut Follies hizo que los actores y el equipo técnico vieran de primer mano el tipo de mundo que se retrataría en la película”, señala Fischer. “Fue una experiencia muy impactante para todos nosotros.”



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