
El arte del cortometrajista suele girar sobre ideas afortunadas. La brevedad es un condicionante despiadado, e impone, ante todo, una cierta economía de recursos. Lo sabe bien Javier Ramírez de Dampierre, autor del cortometraje Siete días, cuyo estreno tuvo lugar el 30 de mayo.
Dampierre construye Siete días a partir de una anécdota propia de la comedia romántica: dos desconocidos, Román y Beatriz, quedan encerrados en una sala de proyecciones. La película ha terminado, pero ellos construyen otro guión –el del luminoso porvenir al que les predispone esa simpatía que uno siente por el otro– a lo largo de una noche en la que no faltan sonrisas, confidencias y mucha ternura.
A lo largo de la semana siguiente, Román y Beatriz se conocen –en todos los sentidos del verbo– y se juran amor eterno, todo de una vez. Pero el goteo de pistas que nos lleva a imaginar un cuento de hadas queda interrumpido por un acontecimiento que constituye la sorpresa del relato, y que demuestra cómo el cinismo, manejado sin demasiados remordimientos, ayuda a compensar los peores golpes de la vida.
Los protagonistas del cortometraje son Pablo Centomo y Aína Requena. Como suele ocurrir en el universo del cortometraje, Aína es polifacética, y alterna su labor fotográfica con la escritura de guiones. Tratándose de una actriz de prometedores recursos –con buen futuro, a juzgar por este trabajo–, Requena proyecta en Siete días dos cualidades indispensables para identificar a su personaje: dulzura y melancolía.
El papel de Pablo Centomo como narrador y depositario de nuestro punto de vista resulta aún más exigente. Este actor y presentador argentino posee una simpatía que le va bien a su personaje. A través de un estilo directo y casi siempre cordial, Centomo consigue hacerse creíble desde la primera secuencia.
Siete días está rodado en 35 mm. con una impecable eficacia narrativa. Curtido en el campo del montaje y de la publicidad, Dampierre maneja la cámara sin alardes innecesarios, al servicio de una historia que debe crecer en el rostro y en la voz de los actores.
Pese al resfriado permanente que aqueja a la industria del cine español, este cortometraje me lleva a pensar que su autor tendrá oportunidades, y lo más importante: que sabrá aprovecharlas.
Desde luego, Javier Dampierre es un buen narrador, tiene los conocimientos precisos para enfrentarse a un rodaje de mayor escala y, además de todo ello, maneja bien esa categoría casi inexpresable a la que solemos llamar buen gusto.
En la actualidad, está inmerso en la preparación del que será su primer largometraje, escrito con Ricardo Urroz y coproducido por la productora mexicana Séptimo Sello. En principio, los protagonistas de la cinta –un auténtico paso del Ecuador para el joven cineasta– serán Carmelo Gómez y Nieve de Medina.
A modo de biofilmografía, les recomiendo los vídeos que se ofrecen a renglón seguido. En ellos, bajo dirección ajena o capitaneando al equipo, Dampierre se nos presenta como montador, como publicista, y en definitiva, como un auténtico apasionado del relato audiovisual en todos sus formatos.
Sinopsis
El protagonista masculino, Román, se ha quedado encerrado en una sala de proyecciones, junto con Beatriz, una desconocida. Pasan la noche entera dentro y se enamoran perdidamente el uno del otro.
En tan sólo siete días, han encontrado lo que llevaban una vida buscando. Sin embargo, no han contado con que el destino a veces puede jugar una mala pasada.
Copyright de las imágenes y de la sinopsis © Cambalache Producciones S.L. Distribución y Javier Ramírez de Dampierre Producciones Cinematográficas. Reservados todos los derechos.










































































































