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Up, de Pete Docter - Cómo se hizo

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Up, de Pete Docter
Cómo se hizo
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Cómo se hizo

El legendario actor, Ed Asner, con numerosos Premios Emmy en su haber, presta su voz a Carl Fredricksen, el vendedor de globos convertido en aventurero. Con sus nueve años, Jordan Nagai debuta como actor poniendo la voz a Russell, el decidido y siempre dispuesto joven explorador, Russell. Con su voz, Christopher Plummer, el aclamado ganador de un Premio Emmy, dota de profundidad y textura al personaje de Charles Muntz, un héroe venido a menos obsesionado por recobrar su buen nombre.

John Ratzenberger, el "amuleto de la suerte" de Pixar (el único actor que ha prestado su voz a todos los largometrajes del estudio) es la voz de un capataz de la construcción llamado Tom, que intenta alentar a Carl para que venda su casa.

El reparto vocal que da vida a los perros de Muntz, incluye a Bob Peterson, Delroy Lindo y Jerome Ranft.

Tras su debut como director en 2001 con la taquillera Monsters, Inc. (Monstruos, S.A.), Pete Docter empezó a diseñar su siguiente proyecto. La idea de que pudiera haber monstruos que habitaran debajo de su cama, que tanto lo había atemorizado y despertado la curiosidad en su infancia, sirvió de inspiración para su primera película. Ahora, tras pasar tiempo desarrollando la historia de WALL•E y otros proyectos, Docter volvió a centrarse en las experiencias de su propia vida para crear "Up". Y con el co-director y guionista Bob Peterson en el proyecto, ambos realizadores comenzaron a barajar nuevas y maravillosas ideas.

Dice Pete Docter: "Bob y yo comenzamos a divertirnos diseñando este 'anciano' personaje anciano que se parecía al que nos gustaba tanto en las tiras cómicas de George Booth, y al estilo de los geniales Spencer Tracy y Walter Matthau; esos personajes gruñones que siempre se hacen querer".

"A veces, tras uno de esos duros días de trabajo en los que te sientes totalmente abrumado por la gente y el caos del mundo, soñaba con ser un náufrago en una isla desierta del Pacífico", cuenta Docter. "Bob y yo empezamos a barajar esa idea y perfilamos este entrañable personaje de anciano, como el de las tiras cómicas que George Booth publicaba en The New Yorker, al estilo de los geniales Spencer Tracy y Walter Matthau, esos personajes gruñones que siempre se hacen querer. Se nos ocurrió esta imagen de una casa flotante sujeta en el aire por globos, y que reflejaba lo que estábamos buscando: una forma de escapar del mundo. Pero no tardamos en darnos cuenta de que el mundo está basado en el contacto humano, y también es lo que acaba descubriendo Carl."

Peterson lo explica: "Pete fue el primero en perfilar la idea de un anciano gruñón que sostiene un manojo de globos de colores alegres y divertidos. Entonces comenzamos a intercambiar ideas, porque a ambos nos fascinaba crear un personaje de más edad. Es algo poco frecuente, pero ambos creemos que las personas mayores pueden contar historias maravillosas".

Docter reconoce que gran parte de sus influencias creativas proceden de ciertos "ancianos" reales, los animadores que crearon los clásicos de Disney. A pesar de no ser uno de los legendarios "nueve ancianos", Joe Grant formó parte del equipo que en 1937 creó "Snow White and the Seven Dwarfs" (Blancanieves y los siete enanitos), que ha sido una fuente de inspiración para Docter, y a quien nombra en la dedicatoria de la película: "A los verdaderos Carl y Ellie Fredricksen, que nos inspiraron para crear nuestras propios Libros de Aventuras".

"Conocí a Joe cuando tenía 90 años. Ese maravilloso sabio fue un gran amigo mío", cuenta Docter. "Cada vez que le mostraba alguna cosa sobre la que estábamos trabajando, me preguntaba: '¿Qué se van a llevar a casa los espectadores?' Era su forma de decirme que son los sentimientos, los sentimientos que transmiten los personajes, lo que la gente recordará".

Docter señala que muchos de esos sentimientos pertenecen a sus experiencias personales, como por ejemplo, en los viajes en familia que emprende todos los años con su esposa y sus dos hijos. "Todos los años hacemos un viaje en coche", cuenta Docter. "Durante dos semanas, nos lanzamos a la carretera para visitar un parque nacional u otro lugar interesante de este increíble país. Recorrer el mundo es algo maravilloso, aunque lo más importante es pasar tiempo con la familia".

"Hace unos años, viajé a Europa con mi esposa y mis hijos", continúa Docter. "Nos alojamos en hoteles de lujo, degustamos platos exquisitos, visitamos castillos magníficos... fue toda una aventura. Pero recuerdo especialmente una noche en la que estábamos tomando chocolate caliente en un pequeño café de un centro comercial de París, nada especial. Yo reía y bromeaba con mis hijos. Fue un viaje maravilloso a un lugar increíble, sin embargo, lo que más recuerdo son esas pequeñas cosas".

Para preparar ”Up”, y cumplir con la premisa de la película de realizar un viaje a uno de los lugares más magníficos y misteriosos de la Tierra, Docter y miembros escogidos de su equipo creativo se embarcaron también en una auténtica aventura. Por sugerencia de Ralph Eggleston, un veterano diseñador de producción de Pixar, reconocido por su trabajo en “Finding Nemo” (Buscando a Nemo) y “WALL•E”, el equipo puso rumbo a las selvas de Sudamérica (donde convergen las fronteras de Venezuela, Brasil y la Guyana) con el fin de descubrir su propio "Mundo perdido".

“Ralph nos enseñó un documental acerca de los tepuy (mesetas especialmente abruptas) de Sudamérica, y en cuanto puse el DVD sentí un escalofrío, porque supe de inmediato que era el lugar donde debíamos ambientar la película”, recuerda Docter. “Era un mundo fantástico y extraño del que nunca había oído hablar. Allí ambientó Conan Doyle su novela de 1912 sobre animales de la prehistoria, ‘The Lost World’ (El Mundo Perdido). Uno de los mayores desafíos de esta película era diseñar un lugar que pareciera de otro mundo, pero que fuera lo suficientemente creíble para que el público creyera que los personajes estaban realmente allí. Pero sabíamos que lo primero era conocer el lugar; porque es muy diferente haber estado en un lugar real que limitarse a ver fotografías o películas sobre ese lugar".

Tardaron tres días en llegar a su destino. Viajaron en avión, en jeep y en helicóptero. Y después empezó la diversión…

El primer tepuy que exploró el grupo fue el Roraima, en Guyana, el más alto y más famoso de las 115 mesetas.

"Este es el único tepuy que se puede escalar", cuenta Ronnie Del Carmen, supervisor de la historia. "Posee un saliente rocoso en una de sus laderas que permite escalarlo, pero implica una subida casi vertical de aproximadamente un kilómetro y medio. Hay muchas piedras sueltas, la vegetación no es firme y puede ceder con facilidad si intentas aferrarte a ella. "Nosotros somos realizadores de dibujos animados, y hasta el momento nuestro viaje más largo había sido cruzar de un edificio a otro. Así que comprendimos que no estábamos preparados para una aventura como ésta."

"Parecía nuestra peor pesadilla", cuenta Peterson. "El ascenso a la cima nos llevó unas seis o siete horas, y yo cargaba con mucho equipo. Una vez en la cumbre, tuvimos que caminar por un terreno escarpado durante hora y media más. Ya era de noche cuando llegamos a nuestro campamento. Y de pronto, salida de la oscuridad, vimos una cueva iluminada con velas donde nos esperaba una sopa caliente. Al ver nuestras tiendas, muchos nos sentamos dentro y comenzamos a llorar. Estábamos tan contentos de estar allí. Y luego, a la mañana siguiente, al despertar nos encontramos con que a 15 metros de nuestras tiendas, había un precipicio de unos 1.500 metros de altura. Al principio me mostré un tanto reticente a emprender el viaje, pero ahora estoy tan contento de haberlo hecho. Fue un viaje a otro mundo. No existe otro lugar con formaciones rocosas con formas esculturales como esas".

El grupo no halló jaurías de perros ni aves prehistóricas -que sí figuran en la película- pero sobrevivió para poder contar sus encuentros con hormigas asesinas (una variedad cuya picadura puede matarte en 24 horas), mosquitos, escorpiones, ranas minúsculas y serpientes venenosas. Desde Roraima, los intrépidos exploradores fueron en helicóptero a Kukenan (también llamado Malawi Tepuy), conocido como "la casa de los muertos" por los indígenas locales.

"En Kukenan, la sensación fue totalmente diferente a Roraima", cuenta Ricky Nierva, el diseñador de producción de la película. "Era mucho más puro, las rocas tenían formas más agresivas. Le pregunté a nuestro guía, Adrian Warren (el realizador del documental: The Living Edens: The Lost World. Venezuela's Ancient Tepuis): '¿Cuántas personas han estado aquí? ¿Unas 100?' Y él me respondió: 'Más bien unas diez. Era bastante espeluznante. Uno esperaba que en el siguiente recodo apareciera un dinosaurio vagando por allí".

El Salto del Ángel, en Venezuela, la catarata más alta del mundo, con una altura de 979 metros desde la cumbre del Auyantepuy, fue la que inspiró la mítica Cataratas del Paraíso de la película (que es tres veces más alta que su equivalente real, con unos 3.000 metros de altura). El grupo ascendió a la base del Salto del Ángel, abriéndose paso entre piedras resbaladizas y la salpicadura constante del agua.

Los realizadores de "Up" hicieron miles de fotografías y películas caseras, y realizaron centenares de bocetos de esos imponentes paisajes. Las imágenes y la vegetación del lugar influyeron de forma decisiva en el aspecto de la cinta.

Los árboles Bonnetia, las plantas Stegolepis, y las hermosas flores rosas que brotan entre las rocas negras fueron ideas para la vegetación de la película.

El diseño caricaturizado de los personajes planteaba numerosos desafíos a los expertos, diseñadores y técnicos del equipo de animación de Pixar. En el caso de Carl, debían dotar de matices, sentimientos y de todo un abanico de movimientos a un personaje que no mide más de cincuenta centímetros de alto y que es prácticamente cuadrado. Russell, un personaje ovalado, casi sin mentón y con más capas de ropa que en cualquier otra animación anterior, también presentaba dificultades.

Scott Clark trabajó como supervisor de animación de la película, con el apoyo de tres directores de animación -Dave Mullins, Shawn Krause y Mike Venturini- y un equipo de unos 70 animadores en los momentos álgidos de la producción. En la parte técnica, Thomas Jordan fue el supervisor de personajes que lideró las áreas de maquetación, montajes, sombreado, fabricación del vestuario y simulación del pelo.

Copyright de la reseña © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y nota de prensa © Walt Disney Pictures y Pixar Animation Studios. Cortesía de Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Reservados todos los derechos.




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