"Contra Sainte-Beuve. Recuerdos de una mañana", de Marcel Proust

Contra Sainte-Beuve, de Marcel Proust«Las cosas hermosas que escribiremos si poseemos talento están en nosotros, difusas, como el recuerdo de una melodía que nos cautiva sin que podamos acordarnos de ella», escribe Proust en Contra Sainte-Beuve, y en efecto, en esta obra el autor empezó a recordar esa melodía que se convertiría, años después, en su célebre En busca del tiempo perdido.

Bajo la forma de una conversación con su madre, Proust despliega numerosos motivos de esa cadencia: momentos en que un pequeño gesto del presente le lleva al pasado (entre ellos la escena que prefigura aquella otra, famosa, de la magdalena); el insomio y los sueños; los ruidos de la calle que se cuelan en la habitación; una hermosa condesa; la impresión que causa en él un rayo de luz en el balcón; la llegada a Venecia; páginas memorables sobre Sainte-Beuve, Nerval, Baudelaire y Balzac; los Guermantes; la infancia en Combray...

Contra Sainte-Beuve. Recuerdos de una mañana es un conjunto de fragmentos, de índole y origen diversos, que Proust redactó entre 1908 y 1909 y que quedó inédito a la muerte del autor. Si al principio dudó entre un ensayo de factura clásica en torno a Sainte-Beuve o un relato que comenzaría una mañana, cuando su madre se acercara a su cama y ambos dialogaran sobre literatura, poco a poco la narrativa fue ganando terreno para ir convirténdose en relatos en torno a la memoria recuperada.

«Proust –escribe Blas Matamoro–, consumador de la novela realista: quien la lleva a su culminación a la vez que la ultima, había advertido estas incongruencias de la estética realista–sicologista, y había dado cuenta de sus yerros en Contre Sainte-Beuve y en Pastiches et mélanges.

No es casual que al mayor novelista de Occidente lo desvelaran estos problemas teóricos a la vez que la composición de su obra de narrador.

En Pastiches, haciendo la imitación de diversos estilos para contar la historia del estafador Lemoine, daba por tierra con el simplismo de la teoría especular de la novela, de su verosimilitud mecánica.

Diversos "autores", narrando el mismo hecho "real", daban como resultado una multitud de textos distintos.

La narración ya no puede ser ese espejo que se arrastra a lo largo del camino., Hay, por lo menos, la actividad de un sujeto que interviene en orientar el ángulo de reflexión del espejo y en elegir la parte del paisaje que será "espejeada" (aunque el sujeto se oculte, se disimule detrás del marco, con flaubertiana impasibilidad).

Aun admitiendo que todo arte es verosímil, o sea, que tiene que ver con algún sistema de verdad respecto al mundo histórico en que se produce; aun admitiendo que todo arte se refiere a algo que –directa o alusivamente- parece verdadero con respecto a lo real (vero–símil), hay también que admitir, rigurosamente, que tanto el concepto de realidad como los códigos para descifrar lo verosímil de cada mensaje, son históricos: cada época tiene su realidad objetiva, su manera de concebir dicha realidad y los códigos convencionales para leer lo que "parece verdadero aunque no lo sea" (Jakobson).

Pero la artificialidad del arte (su carácter de antifísico, igual al resto de la cultura humana, del resultado de la historia humana) no autoriza a sacarlo de la Historia ni a constituir con él una "serie", al margen de la "serie social", como si el resto de la realidad fuese "natural", en oposición a lo irreal y ficticio de la obra de arte.

La literatura no es autónoma del resto de las determinaciones sociales, y aun cuando se trate de admitir su relativa demarcación independiente, ella deberá hacerse teniendo en cuenta: que la instancia determinante en último grado es la instancia económica, y que todas las "series" posibles que se puedan distinguir en la vida social son dialécticas, o sea, que guardan entre sí vínculos de interacción».

Ficha editorial

Contra Sainte-Beuve. Recuerdos de una mañana

Proust, Marcel

Traducción: Albiñana Serain, Javier

Noviembre 2005

Andanzas CA 587

ISBN: 978-84-8310-318-0

328 pág.

18,27 € (IVA no incluido)

Copyright del comentario © Blas Matamoro. El texto aparece publicado en "Cine y Letras" con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos.

Copyright del texto © Tusquets. Reservados todos los derechos.


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