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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
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El arte de Moebius

moebius_starwatcherMoebius, llamado realmente Jean Giraud, nació en 1938 en París. En esa ciudad aprendió a dibujar, y en ella inició su carrera tras obtener un diploma en el Instituto de Artes Aplicadas.

Autor precoz, publicó a los dieciocho años la historieta Frank y Jeremie en la revista Far West. Tras conocer a Joseph Gillian, "Jije", ingresó en otra publicación mítica, Spirou. Poco después, comienza su colaboración con Jean-Michel Charlier. ¿El resultado? La saga de El teniente Blueberry, cuya primera entrega apareció en las páginas de Pilote en 1963.

Pasó una década, y Giraud se vio inmerso en el experimentalismo de los setenta. Fue entonces cuando su estilo de línea clara y su conocimiento de la ciencia-ficción quedaron plasmados en la obra de su alter ego, Moebius.

En todo caso Moebius no se explica sin ese grupo de ilustradores y artistas – Jean-Pierre Dionnet y Philippe Druillet entre ellos– que acabó llamándose Los Humanoides Asociados.

Una nueva revista sirvió de plataforma al grupo, Metal Hurlant. En sus páginas apareció Arzach, la obra que mejor identifica la fórmula creativa de Moebius.

¿Y cuál es esa fórmula? Pensemos en la influencia que el grabado japonés tuvo en los cartelistas, diseñadores e ilustradores franco-belgas. En cierto modo, Moebius viene a ser un heredero de Les Vingt, un grupo artístico del XIX integrado por artistas como Fernand Khnopff, Robert Picard, Jan Toorop y Henry Van de Velde, el último de los cuales era además un notable seguidor de la obra de Audrey Beardsley.

Esa técnica de dibujo a la japonesa que Moebius practica atrajo a multitud de seguidores.

Por lo demás, la industria del cine también se interesó por sus diseños en Metal Hurlant.

Para entender su ingreso en Hollywood hemos de referirnos a una excelente historieta The long tomorrow, cuyo guión elaboró Dan O'Bannon en 1975.

La trama detectivesca se ambientaba en una abigarrada megalópolis que, en gran medida, anticipaba la ambientación de Blade Runner, con enormes rascacielos y coches de despegue vertical flotando en sus cielos.

Esa relación con O'Bannon, uno de los principales creadores de la moderna ciencia-ficción norteamericana, coincidió con la entrada de Moebius en el equipo de diseño de Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979). En concreto, se ocupo de idear parte del vestuario de la tripulación.

Michael Seymour tuvo clara cuál era la fuente de inspiración del francés: Mi impresión ante los diseños de Moebius era la de estar viendo armaduras medievales japonesas.

VeniseCeleste

Posteriormente, Moebius realizó nuevos diseños para cintas como Tron (1982), Masters del Universo (Masters of the universe, 1987), Willow (1988) y Abyss (The abyss, 1989).

Inquieto y nada acomodaticio, alternó paulatinamente sus trabajos en Estados Unidos con otros en Japón, país en el que residió largas temporadas entre los años 80 y los 90.

Allí fue donde surgió el proyecto del film de animación Las aventuras del pequeño Nemo (Little Nemo: Adventures in Slumberland, 1993), con guión del productor Yutaka Fujioka en colaboración con el propio Moebius.

Mientras tanto, fijó su residencia en Tahití y lideró una nueva corriente en el cómic francobelga. Así, a comienzos de los ochenta, trabó amistad con el escritor y cineasta chileno Alejandro Jodorowsky, junto al que realizó esa historieta original y prodigiosa que es El Incal (1981).

Moebius en Japón

El que fuera cofundador de Metal Hurlant con Druillet y Dionnet pronto comprobó el éxito obtenido en Japón por series como Arzach y El garaje hermético, que además despertaron el interés de Katsuhiro Otomo y de otros ilustradores nipones.

Otomo, muy influido por el francés llegó a dedicar alguna ilustración al personaje de Arzach, la creación más conocida de Moebius (Véase la publicada en el nº 151 de la revista Cimoc, correspondiente a diciembre de 1993).

Devolviendo la cortesía, Moebius destacó lo mucho que le había impresionado Nausicä en el Valle del Viento, de Hayao Miyazaki, una obra decisiva para entender algunas obsesiones que circulan por la obra del artista francés.

Ya les hablé de su primer encargo japonés: en el archipiélago preparó Las aventuras del pequeño Nemo. La película, que contaba incluso con la aportación no acreditada del escritor Ray Bradbury, era un homenaje al universo y los personajes creados por Winsor McCay.

Pese a la decisiva intervención norteamericana, el film conservaba en su estética las notas características de la animación japonesa, una industria con la que, a partir de este título, Moebius colaboró progresivamente.

Apoyado por una infraestructura tecnológica de primer orden, el dibujante amplió las posibilidades estéticas de la animación por ordenador. En todo caso, su producción japonesa más ambiciosa iba a requerir un desarrollo más pausado.

El título al que me refiero se empezó a preparar a mediados de 1994. Moebius escribía por entonces un guión basado en la leyenda de Icaro para un dibujante japonés, Jiro Taniguchi, con el fin de comercializarlo en el mercado nipón.

Gracias al éxito de El garaje hermético en ese país, la industria del anime decidió apoyar al máximo la adaptación cinematográfica. Respondiendo a la pregunta de un entrevistador, el dibujante francés indicaba: El film será una producción de dibujos animados. Seré el codirector junto a Katsuhiro Otomo (creador de "Akira", el clásico del "anime") y Akira Kurosawa trabajará como productor ejecutivo. En esta semana mi productor, Philippe Rivier, está ocupado completando la financiación. Si todo va bien, comenzaremos la producción este verano.

El posterior desarrollo de la realización fue más lento y decepcionante de lo previsto. No obstante, ese recorrido profesional se vio enriquecido con otros proyectos que afianzaron aún más la privilegiada posición profesional de Moebius en Japón.

Destaca en este sentido su labor como diseñador gráfico de videojuegos vanguardistas y muy personales, como Panzer Dragoon (1995), comercializado por Sega.

Es significativo que, a diferencia de otras creaciones de la escuela franco-belga que sí incluyen algunos personajes japoneses -caso del Jeremiah, de Hermann-, El garaje hermético y el universo que ofrece a los lectores nada tengan que ver con el japonismo (el estilo que se afianzó en el arte europeo tras la popularización de los grabados nipones en el siglo XIX).

Sin embargo, atendiendo a la forma, a la realización gráfica, reconocemos en Moebius un estilo que lo emparenta con algunos rasgos específicos de la ilustración japonesa.

Autores como Moebius y Otomo, más alla del influjo del primero sobre el segundo, comparten algunas de sus fuentes de influencia, perpetuando un intercambio que ya supera un siglo de vida.

Por todo ello, llama poderosamente la atención que Moebius criticase el éxito de los cómics japoneses en Occidente. "El manga es una plaga –llegó a decir–. La invasión ha sido total, como demuestra las cuotas de mercado que ha conseguido. Es una epidemia. Me recuerda a lo sucedido con las abejas de la Amazonia que suben hasta Norteamérica y matan a las especies autóctonas. En Francia, los camarones han desaparecido porque echaron en nuestras aguas una especie foránea que acabó con ellos. Los nuevos también están buenos, pero no son los mismos… Tienen un acento espantoso. El problema es que el manga llega a Europa, pero el cómic europeo no va a Japón. Eso es lo injusto".

Polémicas aparte, lo que ningún aficionado al diseño y la ilustración debe ignorar es que Moebius es un creador excepcional, cuya obra se ha convertido en un auténtico objeto de culto. Y no me refiero tanto a cómics como El mundo de Edena, Mayor Fatal o Inside Moebius, sino a libros de arte tan singulares e imprescindibles como Starwatcher, Crónicas Metálicas, Venecia Celeste, Made in LA, Caos y Fusions.

Copyright de la ilustración: Portadas de Starwatcher y de Venecia Celeste © Moebius, Norma Editorial. Reservados todos los derechos.


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