El diseño y la vanguardia
El diseño industrial, de importancia creciente, reclama desde esta época sus atribuciones artísticas, desarrollándose así un debate que, años después, lleva a Gillo Dorfles a señalar lo siguiente: “El producto industrial adquiere de día en día una importancia cada vez mayor en la vida moderna, y no es posible subestimarlo, sobre todo cuando este producto constituye ya una parte integrante de la arquitectura misma y viene sustituyendo de manera progresiva a la artesanía. Es oportuno, pues, establecer si, y hasta qué punto, el diseño industrial puede o no ser considerado como parte integrante de la gran familia de las artes visuales.”
Esa cuestión por la que se preguntan los integrantes del movimiento futurista (caso de Filippo Tomaso Marinetti) cuando diseñan planchas donde las palabras quedan en libertad, jugando con las tipografías. También juega con ese futurismo comercial Marius Roussillon (O'Galop) cuando, superponiendo neumáticos blancos, da vida a la conocida mascota Bibendoum, enseña de la empresa Michelin desde 1910.
Edvard Munch, James Ensor y Georges Rouault, entre otros, aplican la máscara expresionista a la sociedad contemporánea, posibilitando con ello una obra gráfica plena de amargura y patetismo.
Asociados en el grupo “Die Brücke”, Ernst Ludwig Kirchner, Erich Heckel, Karl Schmidt-Rottluff y Fritz Bleyl, componen la segunda oleada expresionista, cuyo programa influye en el cartelismo y la ilustración, pero también en el cine.
La tercera generación expresionista, aquella que integran autores como Oskar Kokoschka, Chaim soutine y Jules Pascin, testimonia la vigencia de su ideario estético. Mientras en Munich surge el movimiento “Der Blaue Reiter”, integrado por magos del diseño como Lyonel Feininger y Vasily Kandinsky, el Rusia se suceden en importancia suprematismo y constructivismo.
Rompiendo prejuicios y esquemas preconcebidos, se hace notar el bullicio del dadaísmo, tan imaginativo en lo que toca a este campo del diseño. Por otro lado, pintores como Picasso Georges y Juan Gris exigen un nuevo tipo de observador para el arte cubista, y el movimiento surrealista reclama sus derechos en el imperio subconsciente.
Todos ellos, los vanguardistas, componen el núcleo del cual habrá de surgir, como una trama secundaria, la escuela de diseño más considerable y conocida de comienzos del siglo XX, conciliadora de estilos y, ante todo, capaz de sistematizar doctrinas y modelos de trabajo. Las metas impuestas por la Bauhaus son también las del moderno diseñador, emancipado de ataduras académicas.
































































































