H. R. Giger es un polifacético artista suizo (Chur, 1940), creador de un imaginario propio, un mundo impactante y cautivador, plagado de cyborgs, monstruos, demonios y diosas satánicas, fetiches y pasajes góticos.
Es uno de los principales representantes del Arte Fantástico y está considerado como uno de los artistas más importantes del panorama contemporáneo.
Creador difícil de encasillar, tiene muchos vínculos con el simbolismo y el surrealismo. Pero el suyo es un surrealismo oscuro y terrorífico, inquietante, proyectado a través de sus imágenes visionarias que en muchos casos tienen aspecto de pesadilla y producen desasosiego.
La figura de Giger se asocia de inmediato con su creación más famosa, el monstruo protagonista de la película Alien, el octavo pasajero (Alien; Ridley Scott, 1979), sobre la que tanto se ha escrito desde su estreno.
Y es que Giger es conocido fundamentalmente como creador de atmósferas claustrofóbicas y diseñador de monstruos debido a la fama que obtuvo con este film, un hecho que ha marcado significativamente su carrera.
La crítica especializada señala que con su trabajo en Alien cambió el look de la ciencia ficción, la revolucionó. Abrió la puerta a nuevas posibilidades de un género menospreciado hasta los años sesenta. Su look oscuro y siniestro, que generaba de inmediato un efecto turbador, se erigió como referente, y su monstruo se convirtió en uno de los iconos más famosos del cine contemporáneo, reconocido por el público general, no sólo por los aficionados al género.
Pero ante todo Giger es un artista plástico, dibujante, escultor, y sobre todo pintor, como le gusta reconocer, que cuenta con un estilo muy personal, acuñado por él mismo como “biomecánico”, en el que sintetiza formas de origen natural (lo biológico) y artificial (lo tecnológico) con gran destreza.
Esta simbiosis es tratada a nivel iconográfico por la unión de lo orgánico con lo inorgánico, anatomías y órganos con objetos industriales, de la carne con el metal. Pero de una carne enfermiza y putrefacta, y un metal corroído y sucio.
No es una unión agradable, más bien es complicada e incómoda, generadora de inquietud y desasosiego. Esta es una de sus grandes aportaciones al arte moderno, un concepto con el que crea una estética inconfundible, para abordar la problemática que rodea al ser humano en la época contemporánea, particularmente en la era tecnológica, en la que el hombre se halla esclavizado por las máquinas que invaden su entorno.
Copyright del texto © 2009 Semana de Cine Fantástico y de Terror. Cortesía de la Unidad de Cine, Donostia Kultura. Reservados todos los derechos.
































































































