
En 1978 Éditions Du Seuil publicaba el primer tomo de la obra colectiva L’unité de l’homme. Con un título más bien poco expresivo, Le primate et l’homme, dicho volumen reunía los testimonios de los participantes en un coloquio organizado por el Centro Internacional de Estudios Bioantropológicos (CIEBAF) en septiembre de 1972. Entre los propósitos del encuentro, figuraba el de analizar hallazgos como los de Beatrice y Allen Gardner, profesores del Departamento de Psicología en la Universidad de Nevada y responsables de interesantísimos descubrimientos en el campo del lenguaje de los chimpancés. Leyendo esas conclusiones, uno siente que hay que subrayar la tarea que, en una dirección paralela, ha llevado a cabo el primatólogo español más ilustre, Jordi Sabater Pi.
En principio, y para aquellos que no estén familiarizados con esta área del comportamiento animal, baste decir que los Gardner figuran entre quienes han logrado enseñar con éxito el lenguaje de los sordomudos a los grandes monos, abriendo de ese modo una senda inesperada en los estudios del comportamiento.
Aunque ciertos críticos reprochan la metodología experimental de estas prácticas, y todavía muchos pensadores consideran el manejo y la combinación de símbolos como una destreza exclusivamente humana, este tipo de experiencias ha ido despejando un panorama bastante tupido, y ya son bastantes los autores que defienden el alto grado de las capacidades cognitivas de chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes.
Entre estos pioneros figura un eminente científico español, Jordi Sabater Pi, que fue catedrático emérito de Psicobiología y Etología de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona, y mejor conocido por ser el descubridor de Copito de Nieve, el gorila albino del Zoo de Barcelona.
De la lectura del libro más conocido de Sabater, El chimpancé y los orígenes de la cultura (Anthropos: Barcelona, 1992), se deduce que el chimpancé comparte con nosotros muchas de esas cualidades que fundamentan nuestro orgullo como reyes de la creación.
A saber: el uso y la fabricación de herramientas, la organización social compleja, la capacidad estética, la facultad para el conocimiento del esquema corporal, el empleo de un sistema comunicativo simbólico y, lo más inquietante, la noción de muerte. A falta de espacio para ampliar y discutir tales conceptos, corresponde al curioso visitar escritos como el citado y descubrir en ellos una familiaridad armónica entre el hombre y los demás primates.
(Advertencia: no ha de confundirse la ecología con la etología —del griego ethos, ‘comportamiento’, y logos, ‘tratado’—, pues la última se concentra en estudiar comparativamente los patrones de comportamiento animal).
Aunque su currículo predispone a ello, no redundaré en el elogio de Sabater Pi. Baste decir que sus estudios en África se prolongaron a lo largo de treinta años. Con el patrocinio de instituciones como la National Geographic Society, analizó con brío resuelto las comunidades de chimpancés en las montañas de Okorobikó, situadas en Río Muni, dentro de lo que era Guinea española.
En ese lugar halló en 1966 una protoindustria de los simios que protagonizaban su observación. Becas del National Institute of Health y de la New York Zoological Society le permitieron continuar esa pesquisa, que se concretó en el Centro de Investigación Biológica de Ikunde.
Ni que decir tiene que la tarea de Sabater Pi como conservador del Parque Zoológico de Barcelona dio cohesión a esa larga trayectoria, pues en este recinto desarrolló proyectos relacionados con su llamativa y admirable investigación.
Es una lástima que los españoles no brinden un homenaje más sostenido a este etólogo, cuya labor en la naturaleza quedó reflejada en monografías como El traç de la natura (Edicions 62, Barcelona, 2001), donde se reúnen varios de sus más expresivos dibujos, y en otras publicaciones, en la línea de Conducta y ecología comparadas de los gorilas y chimpancés del África occidental: aportación a una antropología biocultural (1983).
Cuando cobra una creciente importancia el análisis de la inteligencia en los animales, estudios de erudición primatológica como los de Sabater Pi sitúan la ciencia española en un lugar de privilegio.
Por lo demás, lo notable de su labor también se mide en el hecho de que no ha sido el nuestro un país generoso con sus zoólogos ni debidamente comprometido con los sondeos en esta materia.
Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.































































































