
El teatro es el centro creativo de la vida de Cate Blanchett. Así de sencillo.
No obstante, se ha convertido en una de las actrices cinematográficas más portentosas y atractivas de la década. Nos visita en Madrid, y demuestra frente a las cámaras que su presencia es igualmente fascinadora a este lado de la pantalla.
Bajo el relampagueo de los flashes, Cate Blanchett, Shekhar Kapur, Geoffrey Rush y Jordi Mollá intercambian sonrisas. Por detrás del enorme cartel ante el que posan, un ventanal, semicubierto por cortinas azules, deja pasar una luz suave, que recuerda la delicia que supone pararse un instante.
Ensimismamiento. Así le llaman a esta sensación.
Un melancólico destello, un tiempo en el que el reportero se olvida del vocerío, de los rápidos movimientos de sus compañeros, y concentra su objetivo en un solo punto.
En este caso, ese punto viene definido por la mirada intensa, casi eléctrica, de Cate Blanchett.
Hablo de unos ojos azules capaces de taladrar la roca.
Y sí, sí que paralizan. Tanto que me siento incapaz de añadir descripciones de cosecha propia.
Cuando Jordi Mollá, antes de despedirse, hace el signo de la victoria, su imagen no hace justicia al personaje a quien da vida en el film que acá se promociona, Elizabeth: La edad de oro.
¿Por qué digo esto? Calculen ustedes: Mollá interpreta a Felipe II desesperado por la derrota de la Armada Invencible. Toda una catástrofe histórica, en formato panorámico y en tecnicolor.
Los españoles, para qué negarlo, somos los malos de esta magnífica película, en la que parecen conjugarse algunos de los principales ingredientes de la Leyenda Negra. La misma que presentaba a Felipe II como un tirano oscuro empeñado en conquistar Inglaterra para esclavizar a sus habitantes y convertirlos al catolicismo. (Para evitar malentendidos tan groseros, recomiendo la lectura de Felipe II y su tiempo, de Manuel Fernández Álvarez... Y es que a veces nos olvidamos de que Isabel fue quien patrocinó los ataques piratas de Drake y compañía contra los galeones de Indias. Por no hablar de esa cruel Inquisición que dominaba, a ojos ingleses, los actos del rey Felipe. Una Inquisición que, según recientes investigaciones, fue, a pesar del tópico y de lo poco honorable de sus actos, una de las más leves de Europa).
La trama nos sitúa en 1585, tras casi tres décadas de reinado de Isabel I, una mujer inteligente, astuta, ambiciosa, perdidamente enamorada de sir Walter Raleigh y enfrentada de la católica María Estuardo.
“Me llaman la reina virgen –llegó a decir la soberana–. Sin esposo, no tengo señor. Sin hijos, soy la madre de mi pueblo.Que Dios me dé fuerza para soportar mi carga”.
La cinta que nos ocupa es, en realidad, la continuación de Elizabeth, estrenada en 1998, y nominada a un total de siete Oscar, entre ellos, el de mejor película y el de mejor actriz para Cate Blanchett.
El director Shekhar Kapur entiende que el conflicto entre Isabel I y Felipe II tiene una lectura contemporánea. Su perspectiva, obviamente, es la preferida por los historiadores ingleses, que barren para casa y suelen identificar al monarca español con una suerte de pesadilla ultramontana.
“Elizabeth: La edad de oro –nos dice Kapur– muestra a Cate Blanchett interpretando a Isabel I de Inglaterra para la época actual. Trata del conflicto entre el fundamentalismo y la tolerancia, de la introspección, la divinidad, la moralidad y la inmortalidad, de todas las cosas que pueblan nuestra vida cotidiana”.
En un principio, Blanchett no deseaba volver a su regio personaje. “En realidad –señala –, me ayudó haber interpretado a Hedda Gabler en el teatro en Sídney, y dieciocho meses después de nuevo en Nueva York. Sentí que se puede ahondar más en un papel aunque ya se haya interpretado”.
“He aprendido mucho de cine desde Elizabeth –continúa–. A pesar de eso, sigue siendo un papel con trampas. Había ocasiones en las que tenía la impresión de hacerlo mal, y quería volver a empezar. Es una mujer poderosa, compleja, y hay infinidad de maneras de acercarse a ella, pero ya que el cine es temporal, decidimos enfocarla desde un punto de vista actual. Isabel sigue fascinando a la gente, por eso se han hecho tantas versiones de su vida. Lo que se cuente de ella depende de dónde se enfoque la luz”.
Pero la luz crea sombras, y a veces las sombras se extienden y tienen respiración propia…
Para entenderlo, basta imaginar los sentimientos de la reina enfrentada a pasiones tan humanas como el amor. “Isabel –dice Blanchett– controlaba su imagen. Entre otras cosas, la película muestra que a su edad la posibilidad de casarse y formar alianzas con otros países, un arma muy poderosa, es cada vez más lejana. Algunos cuestionaron su atractivo físico y si era capaz de tener hijos. Muestra la presión política y la presión interna. De pronto, surgen sentimientos que ha reprimido durante años, sobre todo por la relación que instaura con Raleigh”.
Viendo cómo congenia la actriz con Shekhar Kapur, es sencillo aceptar que ambos colaboraron muy estrechamente durante el rodaje. A vuelapluma, se me ocurren dos motivos para ello: la inteligencia que los distingue y la astuta generosidad del director. “Conectamos –dice la actriz–. Siempre entendemos de qué punto parte el otro. Se le ocurren formas de meterse en la escena que son realmente únicas y, al mismo tiempo, es un gran compañero. Le gusta ver que un actor aporta algo a la escena. Es capaz de reordenar una escena alrededor de la aportación de un actor si cree que vale la pena”.
Cate Blanchett, hoy en Madrid © Fotografía publicada por cortesía de Universal Pictures International Spain. Reservados todos los derechos.









































































































