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Diálogo con Keanu Reeves. "Ultimátum a la Tierra"

KeanuReeves

La presencia en Madrid del actor Keanu Reeves y del director Scott Derrickson sirve para promocionar Ultimátum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still), el remake que ambos han realizado de aquel clásico de la ciencia-ficción que Robert Wise estrenó en 1951.

Tanto Reeves como Derrickson tienen una idea muy clara de las razones que justifican esta nueva versión. Hoy nos las explicarán a lo largo de una animada charla.

Existe un prejuicio entre los críticos que podría resumirse en la siguiente idea: dado que en Hollywood la crisis creativa es casi una patología, los remakes sirven para echar la vista atrás y reaprovechar algo de ese talento que hoy tanto escasea.

Ni que decir tiene que el párrafo anterior es una simpleza. O peor aún: toda una muestra de desconocimiento. ¿Remakes? Los hubo y los habrá. Párense a pensar en muchas obras maestras de la edad dorada del cine, y descubrirán que son nuevas versiones de películas que ya triunfaron en tiempos del mudo.

Scott Derrickson lo tiene muy claro. Por eso mismo cita el caso de El Mago de Oz (The Wizard of Oz, 1939), de Victor Fleming, que no fue la primera adaptación del clásico libro de L. Frank Baum, sino un título más dentro de un catálogo muy nutrido que comienza –miren ustedes por dónde– en 1908.

Así, pues, no hay por qué incomodarse ante esta nueva versión de Ultimátum a la Tierra, de Robert Wise. Muy al contrario. De hecho, si valoramos la cinta de Scott Derrickson en comparación con el nivel medio de la ciencia-ficción de hoy, está claro que se trata de una obra más que digna, rodada con esa claridad narrativa que el realizador ya demostró en su anterior película, El exorcismo de Emily Rose (The Exorcism of Emily Rose, 2005).

Está claro que los espectadores no encontrarán aquí ese entusiasmo épico propio de la space opera que tanto agrada a J.J. Abrams, a Joss Whedon y a otros alumnos de George Lucas. El subgénero de Ultimátum a la Tierra es otro, y la razón es que hay un mensaje moral remontando las corrientes de la aventura. En todo caso, ese trasfondo se edifica sobre un drama tan ágil como inquietante.

Como ven, la fiebre del mito –tomarse demasiado a pecho la superioridad de Wise– puede entorpecer el disfrute de una cinta con buenos recursos e interpretada eficazmente.

Lo mismo sucede si apreciamos su vertiente de technothriller pensando en el omnipresente estilo Matrix, cuando en realidad Scott Derrickson prefiere reconocerse en la línea narrativa del escritor Michael Crichton. Para confirmarlo, en la película hay una explícita referencia a la nanotecnología que el citado novelista empleó en Presa (Prey, 2002)

Entre los cambios que Derrickson introduce en su adaptación, hay uno sustancial. En la película de Wise, el mundo estaba en peligro a causa de la Guerra Fría. En la moderna versión, el riesgo es inherente a la naturaleza del hombre, y se pone de manifiesto en la catástrofe ecológica que se avecina.

La idea de rodar Ultimátum a la Tierra se debe al productor Edwin Stoff, quien le propuso a Keanu Reeves el papel principal. Derrickson, que había conocido a Robert Wise durante la época en que estudiaba cine, fue el cineasta elegido para sacar adelante el proyecto.

Entiendo que uno de los retos interpretativos a los que se enfrenta Keanu Reeves en esta película es la propia naturaleza de su personaje, Klaatu. Dar vida a un extraterrestre sin el apoyo del maquillaje o la caracterización ya es difícil. Pero hacerlo con una gestualidad mínima, que se apoya sobre todo en las miradas, plantea inconvenientes aún más serios. Cuando se lo digo al actor, éste reacciona con una sonrisa.

“Eso es cierto –me responde–. Pero una de las cosas que resultaban interesantes para mí a la hora de encarnar a Klaatu era que él posee un cuerpo humano… Verás: en el cine de ciencia-ficción se plantea habitualmente el dilema de si los extraterrestres llegan a la Tierra en son de paz o con un propósito destructivo. En Ultimátum a la Tierra, Klaatu llega con un propósito pacífico, pero al mismo tiempo viene con el ánimo de destruir, lo cual lo convierte en una amenaza. Sin duda, era atractivo abordar ambos aspectos de esta figura. Al principio, como sabes, llega como un alienígena, y luego se humaniza progresivamente”.

“Desde el punto de vista interpretativo –añade–, era un buen personaje. En cierto modo, lo enfoqué como si fuera un recipiente, que eventualmente es de carne humana, y que contiene una entidad extraterrestre. El principal reto para mí consistía en resultar creíble, dado que parece un hombre, pero en realidad no pertenece a este mundo”.

El actor nos atiende con interés, y comenta Ultimátum a la Tierra
como si ningún otro pudiera hablar más y mejor de la película. Este saludable empeño por defender esta producción acredita una profesionalidad que no es tan frecuente como parece.

“Vi la película de Rober Wise cuando era un niño –dice–, y también a los veinte años. Volví a revisarla un par de veces antes de comenzar el rodaje. Pero es Scott quien está verdaderamente familiarizado con esa película y con Robert Wise”.

Esta frase de enganche permite a Scott Derrickson sumarse a la charla con los periodistas. Se nota que el joven realizador conoce la magia de los clásicos, y también es evidente que la potencia didáctica de los maestros del cine le acompaña en su trabajo.

“Soy un gran admirador de la cinta original –explica el realizador–. También estudié la obra de Robert Wise, y The Hunting y Ultimatum a la Tierra son las dos películas de Wise que considero mis predilectas. Cuando llegó el momento de preparar nuestra película, Keanu, el guionista [Daniel Scarpa] y yo tuvimos largas conversaciones. Era necesario saber a qué meta nos dirigíamos a la hora de contar esta historia. La idea era ser fieles a la película original, dado que es un relato clásico, y a un tiempo, actualizarlo para satisfacer las expectativas de la audiencia contemporánea”.

Por lo que se refiere a Keanu Reeves, ésta es una más en su larga serie de intervenciones en el campo de la ciencia-ficción. Un género que le atrae desde hace bastante tiempo. “Me gusta mucho la ciencia-ficción –dice el actor–. He tenido mucha suerte por poder participar en maravillosas producciones. Es un género que permite narrar grandes historias, y además nos deja entrever la esencia humana”.

Keanu Reeves en la terraza del Hotel Ritz, Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.


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