
En Espías en la sombra (Les femmes de l’ombre), Sophie Marceu encabeza un comando de cinco mujeres que cumple una peligrosa misión en la Francia ocupada por los nazis.
Dirige este thriller bélico Jean-Paul Salomé, responsable de dos sólidas adaptaciones de folletines franceses: Arsène Lupin (2004) y La máscara del faraón (Belphégor. Le fantôme du Louvre, 2001). Encantada con su papel en esta nueva superproducción, la deslumbrante actriz nos recibe para comentarnos más detalles acerca de este homenaje a la Resistencia Francesa.
No es la primera vez que Sophie Marceau coincide con Jean-Paul Salomé. Juntos rodaron La máscara del faraón, y está claro que esa química ente la actriz y el realizador sigue funcionando, porque Espías en la sombra nos hace soñar con el buen cine de antes. Hay en su puesta en escena un clasicismo que no tiene edad. Salomé dirige sin trampas ni excesos, y se beneficia de un reparto tan sólido que con él podría formar una compañía teatral de repertorio.
A diferencia de otras actrices que también son muy bellas, Sophie Marceau es capaz de alcanzar la grandeza con un solo gesto.
Decir que siempre fue versátil es quedarse corto. Cambia una y otra vez de piel, y sin embargo, consigue que la elegancia parezca algo más que una pose. Habla del tinglado del cine sin vanidad, como si su filmografía no incluyera más de una superproducción.
Mientras rodaba Espías en la sombra, la actriz puso entre las hojas de su guión una fotografía: la de esa heroína de la Resistencia en la que se inspira su papel.
Este gesto, en apariencia menor, revela cuál ha sido la intención de Sophie a la hora de elaborar su personaje. Lo llaman credibilidad, y es evidente que ella sabe bien de qué se trata.
En las entrevistas y otros encuentros con la prensa, Marceau deja claro que no necesita fórmulas de marketing. Con una franqueza excepcional, se lanza a un diálogo en el que domina la sinceridad. Es algo que yo mismo compruebo cuando le planteo mi primera pregunta.
Los actores de la vieja escuela decían que cuando el intérprete se pone un traje de época y entra en un escenario evocador, ya ha recorrido la mitad del camino para dominar su papel.
Es verdad. Uno cree en aquello que ve, y el cine es el arte visual por excelencia. Cuando el actor viste la ropa de su personaje y se ve inmerso en un decorado tan magníficamente real como los de Espías en la sombra, bien sea una sala de tortura, o una estación custodiada por nazis de uniforme… Cuando eso ocurre, uno penetra en una realidad que es la realidad cinematográfica, pero que se revela como la única posible en ese momento.
Cierto…
Por esa misma razón, a la hora de preparar una película, algo tan trivial en apariencia como la elección de una camisa se vuelve relevante. Es increíble el modo en que el actor puede llegar a identificarse con una prenda, con un sombrero o con unas botas. En definitiva, son accesorios que le permiten a uno recorrer esa mitad del camino.
Habitualmente, el género bélico ha sido un patrimonio masculino. Los cineastas eran hombres y el punto de vista mostrado era el de los militares… Una de las cosas que llaman la atención de Espías en la sombra es que, pese a que sus autores son hombres –Jean-Paul Salomé y el guionista Laurent Vachaud–, aquí las protagonistas son las mujeres y es su punto de vista el que mueve toda la acción.
Es verdad que han sido dos hombres quienes han creado esta película… Para mí, los mejores films sobre mujeres han sido realizados por hombres. Pienso en Ingmar Bergman o en Pedro Almodóvar, que ha hecho excelentes películas sobre mujeres. El cine es un arte en el que se combinan muy bien lo masculino y lo femenino. Por un lado, tenemos la síntesis y el sentido estructural, que podemos identificar con lo masculino, y el sentimiento, la emoción y el análisis propios del mundo femenino…
Entiendo.
La vida también es así. Lo mismo que la guerra. Es cierto que de ella se han apropiado los hombres, porque son ellos los combatientes. Y sin embargo, las mujeres también se ven involucradas. De hecho, todo el mundo participa en la guerra. Incluso los niños se ven traumatizados cuando pierden a seres queridos, o cuando se sienten aterrorizados por un bombardeo aéreo… Los hombres reciben las condecoraciones y arrojan luz sobre sus hazañas. Pero luego está el reverso de esa medalla, porque en la guerra también se dan la traición y el colaboracionismo.
Pero Espías en la sombra sigue otro rumbo.
En este caso, el relato tenía un sesgo diferente. Las mujeres que se alistaron en la Resistencia e hicieron labores de espionaje estaban concienciadas políticamente y quisieron trabajar al servicio del Gobierno de la Francia Libre. Esas mujeres existieron, y por eso es tan atractivo abordar su experiencia.
Hablamos de la Resistencia, un fenómeno histórico con una mitología muy precisa, que todo el mundo conoce. Como actriz, ¿adoptó alguna estrategia para conseguir que su papel no cayera en el estereotipo?
Lo cierto es que no tengo miedo a los clichés ni al ridículo. Realmente, el riesgo que corres como actriz es relativo. No puedo ir a la cárcel por lo que estoy haciendo. Caso distinto es el del director, que sí arriesga más. Al fin y al cabo, ésta no era una historia mía…
Ahora que lo menciona, usted ya ha dirigido Parlez-moi d'amour y La disparue de Deauville…
Cuando dirijo, sí que pienso más en los riesgos que puedo correr. Como persona, no tengo ninguna estrategia ni necesito justificarme. Además, las referencias son inevitables. Si hay referentes y los referentes sirven, qué bien… El secreto consiste en que creas en la verdad de esa historia. Con todo, hagas lo que hagas, es más que probable que ya se haya hecho previamente algo similar. Los pintores no paran de repetir cuadros que ya se han pintado, y los arquitectos se fijan en la labor de otros de su misma profesión. En cualquier caso, siempre hay algo nuevo. Un papel nunca es exactamente igual que otro. El problema surge cuando el tema es redundante o carece de modernidad. Pero eso es algo que concierne al director. Como actor, el único problema que puedes tener es repetirte a ti mismo. Es decir, apoyarte en las certezas previas y no tratar de hacer cosas nuevas.
En definitiva, ése es el reto, ¿verdad?
Siempre evolucionas y vas cambiando… De todas formas, abordé este papel de una forma totalmente distinta. Por lo común, soy una persona que le doy muchas vueltas a las cosas. Necesito escribirlo todo, anotarlo todo, sacar conclusiones… Y sin embargo, aquí evité caer en esa exigencia… La razón es que la guerra es algo más fuerte que todo lo que yo pudiera imaginarme. Mas fuerte que todos los trucos emocionales o historias paralelas que pudiera plantearme. La guerra, con todo lo que conlleva de miedo, muerte y tortura, es más fuerte que todo eso. Por eso me convertí en una espectadora más. Me confié. No adopté la postura de lo que llamaríamos una actriz de composición. Al contrario: simplemente, dejé que todo fluyera.
Sophie Marceau en el Hotel Intercontinental, Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos.









































































































