
Una de las pocas alegrías cinematográficas que nos concede el verano es el estreno de ese tipo de películas familiares que, desde sus títulos de crédito, preparan al público para disfrutar.
Les hablo de largometrajes que acaso no merecerán nunca una retrospectiva en un festival, pero que cumplen la difícil tarea de seducir a una audiencia lo más amplia posible. A esa categoría pertenece Superagente 86 de película (Get Smart), una encantadora comedia de acción sobre la que hoy hablaremos con su productor, Charles Roven, su director, Peter Segal, y sus tres protagonistas, Steve Carell, Anne Hathaway y Dwayne Johnson.
Dejando aparte esos lugares comunes que corresponden a cualquier promoción, los encuentros de las estrellas con los periodistas suelen dejar un cierto margen para la sorpresa. Pequeño, es cierto, y en cierta manera predecible, sobre todo porque no hay nada más parecido a una rueda de prensa que otra rueda de prensa.
En realidad, los actores y directores suelen llevar la lección bien aprendida gracias a los responsables de marketing de las compañías a las que prestan servicio. Como dijo William Blake –y luego repitió el chismoso Kenneth Anger–, si una estrella dudara, de inmediato dejaría de brillar.
En el madrileño Hotel Palace hoy tendremos ocasión de charlar con el equipo de Superagente 86 de película. Como punto de partida para luego derivar a límites más alejados, un buen número de redactores prepara grabadoras y cuadernos de notas mientras van poniéndose a nuestro alcance los protagonistas de la sesión: los actores Steve Carell, Anne Hathaway y Dwayne Johnson, el director Peter Segal y el productor Charles Roven.

En la Ciudad de las Lentejuelas, hay muchos comediantes que fracasan. La crítica o el público se encargan de formular cargos que acaban enviando a las carreras más prometedoras hacia un terraplén sin asfaltar. Y sin embargo, algunos afortunados salen adelante. Conforme avanza su carrera, Steve Carell demuestra que posee este raro don: entusiasma a los críticos, hace reír al público más sofisticado y también al que saca el mayor partido de una caja de palomitas de maíz.
Además, a diferencia de otros colegas suyos, no da la impresión de que debe recuperarse de alguna fijación peligrosa. Su imagen pública se agranda sin extravagancias. Con el paso seguro de alguien que puede llegar a ser un gran actor –hay quien lo compara con Peter Sellers–, y que al tiempo nos convence de que es un buen tipo, tan equilibrado como su deporte predilecto: el patinaje sobre hielo.
Los teleadictos lo admiran en su papel de Michael Scott en The Office (2005-2008) y por sus memorables apariciones en programas clásicos como The Daily Show y Saturday Night Live. Ha llegado al papel de Maxwell Smart –ya ha firmado su contrato para las secuelas– después de intervenir en cintas como Virgen a los cuarenta (The 40 Year Old Virgin, 2005), Little Miss Sunshine (2006) y Horton (Horton Hears a Who!, 2008)
A la hora de prepararse para rodar Superagente 86 de película, Carell tuvo un magnífico asesor: el neoyorquino Leonard Stern, todo un veterano de la televisión –ha cumplido 85 años–, responsable de teleseries como El comisario McMillan y su esposaMcMillan & Wife, 1971-1975). (
Como productor del Superagente 86 original, supongo que Stern tendría mucho que decirle a Steve Carell sobre esta actualización del personaje. Por eso pregunto a este último por los consejos y advertencias que recibió del anciano ejecutivo.
“De hecho –me dice–, Leonard Stern hace un cameo en la película. Aparece en el interior de una avioneta. Stern fue uno de los productores originales de la teleserie. Hablé con él mucho acerca del personaje de Maxwell Smart y sobre cómo lo encarnó Don Adams. Algo que nos interesaba tratar era la identidad del personaje. Ambos llegamos a la conclusión de que, al igual que sucedió en la teleserie, nunca debíamos considerarlo un idiota o un torpe incapaz… En realidad, Maxwell Smart es un tipo eficiente. Es inteligente, es capaz de matar, puede manejarse en una lucha… pero quizá se toma a sí mismo demasiado en serio. Esos son los ingredientes que traté de incluir en mi visión de Maxwell Smart. Siempre con verdadero respeto por lo que fue el trabajo de Don Adams.”
Anne Hathaway da el tipo de esa novia soñada que de pronto se hace real y tangible. Su carrera va en ascenso, como si tuviera prisa por demostrar todo lo que sabe. Pero lo que una parte del público ve en ella –encanto familiar, ojos de niña sorprendida– se esfuma cuando trabaja horas extras y elige papeles menos conformistas, que la alejan del temido encasillamiento. Hija de la actriz teatral Kate McCauley, Hathaway actuó como soprano en el Carnegie Hall y recibió una impecable formación dramática. Su atractivo inicial –el que demostró en Princesa por sorpresa (The Princess Diaries, 2001)– ha ido haciéndose mucho más calmado y profundo en títulos como Brokeback Mountain (2005), El diablo viste de Prada (The Devil Wears Prada, 2006) y La joven Jane Austen (Becoming Jane, 2007).
En Superagente 86 da vida a la Agente 99, y de paso, la hiperactiva Hathaway hace gala de nuevas habilidades: baila, interviene en elaboradas peleas, conduce a toda velocidad…
“En esta película –comenta– era necesario alcanzar un buen tono físico. Tengo veinticinco años y un amplio repertorio, pero no soy precisamente la persona en la que piensas cuando se habla de una heroína de acción… Por eso, seis meses antes de que comenzase el rodaje, tuve que empezar a prepararme con un entrenador. También trabajé con un instructor de artes marciales. Así pues, tuve que ponerme en forma y aprender las coreografías de los combates. Luego, en las secuencias más peligrosas, todo queda en manos de mi doble, que es la misma especialista que dobló a Jennifer Garner en Alias.”
Dado su aspecto físico, Dwayne Johnson sí que podría pasar por el paradigma del héroe de acción. Pero a diferencia de otros forzudos que parecen no saber por qué se les niega la condicional, Johnson luce, a partes iguales, sentido del humor, cordialidad y bíceps. Gracias a su agente, aún desconoce lo que es un callejón sin salida. Con una estudiada satisfacción, Johnson no oculta sus ganas de hincar el diente a todo tipo de papeles.
Su prestigio en la competición americana de wrestling y varios éxitos cinematográficos le permiten crearse esta fachada de hombre al que le sonríe la suerte. Espada en mano, protagonizó El Rey Escorpión (The Scorpion King, 2002), el spin off de El retorno de la momia (The Mummy Returns, 2001), de Stephen Sommers. De ahí en adelante, ha explorado diversos géneros. En particular, se le ve bastante cómodo en la comedia, y no me sorprende que haya llegado a intervenir en más de un episodio de Saturday Night Life. Estoy seguro de que su abuelo, el jefe samoano Peter Fanene Maivia, hubiera estado orgulloso de él. De hecho, también él se dedicó al wrestling e incluso llegó a aparecer en una película de James Bond, Sólo se vive dos veces (You Only Live Twice, 1967).
No puedo evitar que mi pregunta se convierta en elogio. En poco tiempo, volviendo la espalda al encasillamento, Dwayne Johnson ha emprendido muy variados proyectos. Tan distintos y bien seleccionados que me interesa saber cómo experimenta él ese paulatino progreso como actor. La respuesta que da Johnson a mi duda es típica de su segura manera de ser:
“Llegué a actuar en Hollywood –me dice– de una manera muy poco convencional. Precisamente por eso me encontré con la necesidad de comprender en qué consistía todo el proceso de realizar una película, estudiando cómo se integra el trabajo de profesionales muy diversos. Y eso aún me lo planteo con la esperanza de mejorar como actor… Verás, los proyectos que me ofrecían al principio eran, como es comprensible, películas de acción. Pero yo quería plantearme una carrera que también tocase la mayor diversidad posible de géneros: desde comedias familiares hasta dramas y películas de aventuras… Hay tres personas que me inspiran y con quienes tengo amistad: George Clooney, Tom Hanks yWill Smith . Fíjate que todos ellos han logrado consolidar carreras muy versátiles gracias a un talento que les ha dado la oportunidad de escoger una gran diversidad de papeles”.
El próximo papel de Johnson será el de Black Adam en Billy Batson and the Legend of Shazam (2009), una puesta al día de los cómics del Capitán Marvel que dirigirá Peter Segal. La buena acogida comercial de Superagente 86 de película tiene a Segal tan satisfecho como un aviador que aterriza antes de la hora prevista. No en vano, por fin parece acortar distancias con los cineastas de primer nivel, y eso que nuestro realizador no empieza a contar desde cero. Enla reseña de esta comedia ya les hablé de otras películas de Segal. En general, bien rodadas, con un planteamiento idóneo para el espectador medio, y sin embargo, recibidas con desigual interés por la crítica. De cualquier modo, ya se sabe que cuando empieza a ulular la sirena del éxito más de un comentarista tiende a reconsiderar antiguos prejuicios.
“Aunque era un reto –dice–, este rodaje fue muy divertido. En primer lugar, se trata de una comedia, y debíamos seguir los pasos de quienes crearon la teleserie: Mel Brooks, Buck Henry y Leonard Stern… Steve Carell y yo habíamos coincidido en un proyecto de David Zucker. Desde nuestra primera reunión, pensamos en cómo hacer de esta película algo único. Queríamos captar el espíritu de Get Smart, y eso nos llevó a plantear la historia como una aventura de acción. Eso fue lo realmente divertido. De hecho, todos en el equipo nos sentimos como niños en una tienda de golosinas”.
“Como es obvio –añade–, quisimos obtener la bendición de Mel Brooks. En especial, quería hablar con Mel sobre la idea de contar los orígenes del personaje. Es lo mismo que ha pasado con Batman Begins y con Casino Royale, que nos explican los orígenes de Batman o de James Bond… Me encanta ese tipo de películas que nos cuentan algo nuevo sobre personajes con los que hemos crecido… ¿Cómo se convirtió Max en agente? ¿Cómo conoció a la agente 99?... Se lo comenté a Mel Brooks, y no sólo le pareció una gran idea, sino que me comentó que cuando hizo la versión musical de Los productores también se planteó lo mismo".
“Para ir por el camino correcto –dice–, queríamos consultarle todo a estos tipos. Leonard Stern visitó el set muchas veces, y también vino a vernos la familia de Don Adams. Mel estaba trabajando en Broadway, con su montaje de El jovencito Frankenstein, pero siempre que hablé con el, me hacía una sugerencia o planteaba un chiste que podíamos incluir en la película”.
Atento a las respuestas de sus compañeros, ocupa una silla al otro lado de la mesa Charles Roven, el hombre que consiguió que encajasen las piezas de este rompecabezas. Como quien examina un caso clínico, nos habla de sus tareas de productor sin apasionamiento. Midiendo las palabras, sin caer en obviedades.
Roven tiene los ojos azules y hace tiempo que su cabello empezó a aclararse. Creo que aprendió mucho de su esposa, Dawn Steel, pionera del marketing cinematográfico. Steel ascendió puestos en Paramount Pictures, fue una de las responsables del éxito de Star Trek (1979) y ocupó el sillón de presidente en la Columbia. Tras su muerte, en 1997, Charles Roven mantuvo el prestigio familiar.
Entre los largometrajes que ha lanzado como productor, figuran Análisis final (Final Analysis, 1992), Doce monos (Twelve Monkeys, 1995) Tres reyes (Three Kings, 1999), Scooby-Doo (2002), Batman Begins (2005), El Caballero Oscuro (The Dark Knight, 2008). Su próximo proyecto es la adaptación de otro clásico del cómic, The Flash (2010).
“Tuve la fortuna de crecer viendo esta serie –dice Roven–. Pero no me involucré en este proyecto hasta que Warner Bros. se acercó a mí con la idea. A lo largo de los años, algunos planes al respecto habían resultado fallidos. Por eso, en primer lugar, discutimos quién sería la persona idónea para encarnar a Maxwell Smart. No buscábamos a un imitador de Don Adams, sino a alguien que identificara el espíritu del personaje. Llegamos a la conclusión de que Steve Carell era el idóneo”.
“Cuando llega hasta nosotros algo que procede de otro medio –añade–, tratamos de ser respetuosos con la fuente. De hecho, cuando llevamos a la pantalla en Batman Begins a un icono del cómic, o cuando ahora adaptamos una teleserie legendaria como Get Smart, actuamos como si hubiese que filmar la versión de gran novela. Hay que tomar ese material como una genuina inspiración”.
Una vez terminado el encuentro, Dwayne Johnson permanece de pie y echa un último vistazo al salón. A él y a sus compañeros aún les aguarda el último turno de entrevistas. Un amistoso interrogatorio que a él –ésa es la medida de la fama– parece sentarle estupendamente.
Steve Carell, Anne Hathaway y Dwayne Johnson en Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos









































































































