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Diálogo con Steve Martin, Jean Reno y Aishwarya Rai. "La pantera rosa 2"

SteveMartin

Como cualquier admirador de Saturday Night Live, siempre me veo obligado a creer lo que dice Steve Martin.

En cierto modo, es el gurú de aquella generación de cómicos que, a finales de los setenta, cambiaron nuestra forma de sonreír. Novelista, dramaturgo, experto en comunicación y tipo cordial donde los haya, Martin nos recibe hoy para charlar sobre su nueva película, La pantera rosa 2. Lo acompañan otro intérprete excepcional, Jean Reno, y la principal estrella de Bollywood, Aishwarya Rai Bachchan.

En La Pantera Rosa 2, Steve Martin da vida al inspector Jacques Clouseau, Jean Reno es Ponton, su compañero inseparable, y Aishwarya Rai encarna a una mujer fatal: una vampiresa cuya deslumbrante belleza dificulta cualquier asomo de coherencia en su interlocutor.

Con estos tres anfitriones, se inicia una charla que cada periodista afronta con diversa disposición. Hay quien desea saberlo todo. Otros no esperan averiguar nada. Incluso hay quien no da su brazo a torcer hasta que ha logrado algún gesto de complicidad: un chiste compartido, aunque sea malo, o un guiño a su audiencia.

Martin no encaja con el estereotipo del comediante que triunfa a este lado del Atlántico. Para empezar, es todo un caballero. Ha eliminado los tópicos de su vocabulario habitual, y aunque medita las respuestas, en ningún momento parece indeciso.

Jean Reno se deja caer en su silla, como quien abre sus compuertas emocionales. Nos entiende sin necesidad de intérprete –como saben, se llama Juan Moreno y es hijo de andaluces–, lo cual añade hoy un punto de relajación a una personalidad de por sí tranquila.

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Más silenciosa, Aishwarya Rai nos estudia discretamente, y enfatiza cada respuesta de Martin o Reno con un gesto amable. Su atractivo emana del hecho de ser única. No tiene relación con ninguna otra estrella, excepto con algo que, en los sueños del mundo globalizado, tiene que ver con un éxito vertiginoso.

En 2007, Aishwara coprotagonizó La última legión (The Last Legion) y su rostro apareció en multitud de portadas. Ahora se la ve encantada de compartir cartelera en La pantera rosa 2. “Es un honor –dice– trabajar con actores tan experimentados como Jean y Steve. La experiencia es la mejor maestra. Y precisamente junto a un reparto como éste es cuando caes en la cuenta de que la comedia no es ninguna broma”.

Pongo en marcha la grabadora, y pregunto a Steve Martin una obviedad, que no es mala forma de iniciar un diálogo.

El caso es que, en esta secuela de La pantera rosa, llaman la atención dos reencuentros. Para empezar, Martin vuelve a colaborar con Jean Reno: un actor de contextura muy distinta, y sin embargo, muy próximo a su filosofía de vida.

“A decir verdad –responde–, Jean Reno se ha convertido en un amigo. Me gusta su carisma en pantalla. Jean comprende las reglas de la comedia, y es, a un tiempo, actor dramático, lo cual es muy sorprendente”.

El segundo reencuentro que comento al actor es el que ha vivido con Lily Tomlin, otra magnífica comediante de los tiempos de Saturday Night Live, con la que coincidió por última vez en Dos veces yo (All of Me, 1984).

“En lo que se refiere a Lily –dice Martin–, trabajar de nuevo con ella fue un auténtico placer, y eso que hacía tiempo que no interveníamos en algo juntos… En fin, esto es algo propio del mundo del espectáculo. En 1985 puedes haber trabajado con alguien y despedirte diciendo: “Nos vemos”. Y pueden pasar diez años y sentir que sólo ha transcurrido un día. Hay una suerte de pérdida de la memoria, y continúas la relación en el mismo punto donde la dejaste”.

Si hay algo que no cabe discutir sobre La pantera rosa 2, es la excelencia de su reparto, en el que coinciden actores tan versátiles como John Cleese, Andy García y Alfred Molina.

Más sorprendente es la participación de Jeremy Irons: algo que me lleva a preguntar por ese consenso que hay que lograr cuando en un plató se reúnen intérpretes de formación y métodos muy diferentes entre sí.

“Creo –me dice Martin– que hay una base artística que se comparte a la hora de actuar, tanto si se trata de un drama como de una comedia. Es decir: a la hora de actuar en una escena divertida, yo la estoy interpretando seriamente. Caigo por una ventana, lanzo al aire botellas de vino o quedo colgado de una cornisa, pero lo afronto con total seriedad. Jean comparte esa idea y llega a la escena con la misma disposición. Puedes verlo en pantalla: en todo ello hay cierta dosis de manía y de instinto de conservación”.

Reno asiente. “Interpretar –dice– consiste en adaptarse a una historia, a un texto previamente escrito, pero también es agruparse: bailar, actuar con otros. Interpretar no es solamente mostrar lo propio. Lo bonito de este oficio es que se lleva a cabo de forma colectiva. En una comedia, un drama, un romance, estar juntos es la parte esencial de nuestro trabajo. Hay que compartir emociones, y da lo mismo si nuestro compañero no tiene el mismo ritmo, la misma forma de vivir… De ahí que sea tan interesante trabajar con un cómico, porque tiene un ritmo especial, una manera de afrontar la vida completamente diferente de la realidad, y para –llamémoslo así– un actor serio, ver a un fenómeno como Steve Martin, que da lo mejor de su arte, es algo muy substancial y muy bonito”.

Martin es autor de un libro para niños, Our Alphabet Book (2007), y ha publicado su autobiografía, Born Standing Up (2007). Asimismo, le debemos una novela breve pero inspirada, Shopgirl (2000), y varias obras teatrales muy alabadas por la crítica, entre ellas, Picasso at the Lapin Agile (1993) y WASP (1995).

Ese perfil intelectual parece no casar bien con su oficio de comediante… ¿O quizá sí? Esto último, qué duda cabe, es un prejuicio. Una de tantas simplezas que asimilamos críticos y comentaristas a la hora de valorar –o deslucir– a quienes trabajan en una comedia. Cuando se lo sugiero al actor, él inicia una reflexión tan lúcida como oportuna.

“Estoy convencido –dice, con aire categórico– de que este prejuicio no desaparecerá jamás. Cuando llega el momento de conceder premios importantes, se parte de la idea de que éstos deben recaer en películas que también tienen el prestigio de ser importantes. Y las comedias, por lo general, carecen de esa reputación. Uno quiere hacer reír al público, entretenerlo, y este trabajo, de forma automática, es percibido como frívolo. Ésa es su definición… No obstante, si hubiera un galardón concedido a la dificultad de una labor en el mundo del cine, habría muchas comedias que recibirían ese premio”.

Jean Reno y Steve Martin en la Residencia del Embajador de Francia, Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos.

Aishwarya Rai en la Residencia del Embajador de Francia, Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos.


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