
Tom Cruise visita Madrid para promocionar el estreno de Valkiria, de Bryan Singer, y hoy nos recibe para someterse a un exhaustivo turno de preguntas.
Lo acompaña un gran guionista, Christopher McQuarrie, que conoce a fondo los hechos históricos en los que se basa la película. Detrás de los prejuicios y las polémicas reflejadas por la prensa, descubrimos en este diálogo a un hombre educado, paciente, con una simpatía excepcional y una profesionalidad envidiable. Al menos en parte, creo que esos dos detalles revelan por qué Cruise lleva veinte años en lo más alto del escalafón de Hollywood.
El actor se acerca a los reporteros que le aguardan en la terraza del Hotel Ritz. El sol brilla intensamente, formando un contraluz casi primaveral. Cruise echa un vistazo al cielo, y sonríe satisfecho. “Es un día maravilloso –nos dice–. Hola a todos”.
La estrella dedica unos minutos a posar frente a los fotógrafos –ni un mal gesto, ni un asomo de impaciencia–, y luego entra de nuevo en el hotel, dispuesto a escuchar a los numerosos periodistas que hoy queremos preguntarle sobre Valkiria.
Sentado a la izquierda de Christopher McQuarrie, Cruise atiende a mis dudas tomándose una pausa para reflexionar, como quien se prepara a resumir nueve meses de trabajo en dos o tres titulares.
Le hablo sobre el grado de fidelidad histórica de la película, y el modo en que ese rigor influyó en su interpretación de Claus von Stauffenberg, el oficial que trató de asesinar a Hitler el 20 de julio de 1944.
“Fue un verdadero reto –me dice–, porque antes de comenzar el rodaje, se investigó durante ocho o nueve meses. Cuando lees los eventos históricos que realmente ocurrieron, son como un thriller de suspense y acción. Y fue con esa estructura de suspense con la que afrontamos el rodaje. También es una cinta de época, y cuando la ves, compruebas que hay un detallismo extraordinario”.
Cruise amplía su respuesta subrayando una de las grandes bazas de esta producción: su rigor. “Tanto a Chris McQuarrie como a Bryan Singer y a mí nos apasiona la historia –dice–. El objetivo, en primer término, era rodar una película dramática, y no un documental. En todo caso, para que el proyecto tuviera rigor, fue necesario recorrer la historia política de los siglos XIX y XX. Asimismo, dedicamos mucho tiempo a rodar en los lugares donde realmente ocurrieron los hechos, y a trabajar con los testigos que aún viven”.
Hablando de testigos, hay unos cuantos que me interesan de forma especial. El más destacado de todos ellos es Rochus Misch, el guardaespaldas de Hitler. Misch ha cumplido 91 años y siempre permaneció fiel al tirano y a la memoria de su régimen criminal. El equipo de Valkiria habló con él, y me gustaría conocer si eso sirvió para mejorar algún aspecto de la película.
Cruise nunca llegó a encontrarse con el guardaespaldas. Comprendo su justificación (“Quien fue malvado lo seguirá siendo –declaró a la prensa americana–. No importa lo anciano que seas”). Por eso mismo, cuando menciono a Mirsch, el actor prefiere que responda su compañero de mesa.
“Yo no hablé con el guardaespaldas –dice–. Pero eso es algo de lo que sí tienen experiencia Chris McQuarrie y Bryan Singer”.
El guionista resume aquel encuentro. “La conversación con el guardaespaldas –aclara– fue útil, pero no tanto para el desarrollo de los personajes como para reconstruir lo sucedido en la Guarida del Lobo, aquel 20 de julio. Este hombre nos proporcionó información de primera mano acerca de aquellos hechos. De todas formas, de lo que principalmente hablamos con él fue sobre los aspectos técnicos”.
Muchos comentarios han aireado la polémica establecida entre parte de la familia Stauffenberg y el equipo de producción. La prensa, siempre atenta a este tipo de controversias, se ha prestado al debate, olvidando que otra parte de la familia apoyó Valkiria sin dudarlo.
Cuando saco a relucir a los Stauffenberg que sí fueron partidarios del proyecto, McQuarrie deja claro lo mucho que se involucraron.
“Sí, desde luego –responde–, entramos en contacto con los Stauffenberg, y algunos de ellos se implicaron en la producción. Es más: Philipp von Schulthess, el nieto de Claus von Stauffenberg, es actor, y en Valkiria interpreta al asistente del general Henning von Tresckow (Kenneth Branagh). También nos pusimos en contacto con otros miembros de la familia, que se mostraron muy discretos a la hora de hablar del pasado”.
La madre de Philipp e hija pequeña del héroe, Konstanze von Schulthess, también ha respaldado la película. Konstanze ha escrito un libro que demuestra hasta qué punto estaba al corriente de la conjura su madre, Nina Schenk Gräfin von Stauffenberg.
Las primeras declaraciones de la señora Von Schulthess tras el estreno fueron entusiastas. Describió Valkiria como una cinta respetuosa y sutil, que alcanzaba un claro éxito en su propósito de mostrar los hechos tal y como sucedieron.
Stauffenberg era un caballero, cuyos ideales fueron determinados por el honor, su moral religiosa y la repugnancia ante el modo en que Hitler había ejercido su poder. La película de Synger le rinde tributo de la mejor forma posible: con realismo y fidelidad histórica.
“En Valkiria –me dice Cruise– hay un nivel de documentación extraordinario. Hay pequeños detalles que sólo reconocerán los estudiosos y los espectadores que estén obsesionados con la Historia. Por ejemplo, se respeta la firma auténtica de personajes como Stauffenberg y el propio Hitler. También pasamos mucho tiempo rodando en los lugares donde todo esto ocurrió”.
Al oír esto, McQuarrie le apunta a Cruise uno de esos escenarios: el pabellón de descanso de Hitler en Hinterbrand, en los Alpes bávaros.
“Por otro lado –añade Cruise– se llevó a cabo una amplia investigación para definir la interpretación de Hitler –encarnado en Valkiria por David Bamber–. Era necesario establecer debidamente la actitud de Hitler y del resto de los personajes, porque todos estos hechos ocurrieron de verdad”.
El actor se identifica sinceramente con la postura de Stauffenberg. “Hay pasajes de Valkiria –continúa– que uno podría pensar que son invenciones. Pero no es así. Dado que se trataba de hacer una película, nos veíamos obligados a destacar aquello que podía ser más dramático. Stauffenberg no era un oficial de alto rango sino un oficial de complemento. Fue enviado a Africa por ser demasiado franco en su postura contraria a las decisiones del régimen nazi”.
Esa parte de la vida del personaje –su etapa como teniente coronel de la Décima División Panzer– sirve, justamente, como arranque de la acción. McQuarrie nos recuerda que en esas y otras secuencias no se emplearon trucos digitales, sino auténticos tanques y aviones de la época.
“Para mí –concluye Cruise–, lo subtancial era honrar la memoria de personas que, como Stauffenberg, asumieron tantos riesgos en esta lucha de resistencia contra Hitler”.
Tom Cruise en la terraza del Hotel Ritz, Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero Peña. Reservados todos los derechos.









































































































