
A propósito o no, Viggo Mortensen transmite una mezcla de encanto y humor lacónico. Educado, cortés, cordial, pero también simple y directo, Viggo no parece tener el menor deseo de que su carrera se limite a lograr una estrella en el Paseo de la Fama.
De hecho, posee una energía de carácter que no logra disimular su tono de voz –suave y pausado–; una energía que él canaliza a través de la actuación, la escritura, la música, la fotografía y ese amor incondicional que le tiene a su equipo predilecto: el Club Atlético San Lorenzo de Almagro. Hoy nos presenta su nueva película, Appaloosa, y sobre ella hablaremos en el Hotel Ritz de Madrid.
Appaloosa es un western de los que no se veían desde que John Ford y los de su raza –empezando por Raoul Walsh y acabando por Eastwood– abandonaron las cabalgadas por Monument Valley. Esta película de Ed Harris es la obra de un artesano que rueda más allá de las modas, con la lección aprendida en pantalla panorámica y Technicolor.
Sacando oro de un presupuesto tirando a modesto, este largometraje llega a la cartelera como una de las producciones más originales de la temporada.
Una atmósfera épica, que los cinéfilos sabrán reconocer, se eleva sobre este Lejano Oeste que Harris interpreta como un compromiso cultural. Frente a las fórmulas que vienen dictadas por la búsqueda de rentabilidad, Appaloosa se presenta como un producto sin edad y sin trampas, donde el talento más inventivo queda al servicio de una historia de las de toda la vida. Por buscarle aires de familia, podemos situarla en esa línea de clasicismo que hace no tanto exploró Kevin Costner en su Open Range y que tan buenos resultados dio en la miniserie Paloma Solitaria (Lonesome Dove).
Pero dejémoslo ahí, porque, para hablar sobre Appaloosa y los muchos significados que podemos buscarle, nos recibe en el madrileño Hotel Ritz Viggo Mortensen.
Con su prestigio ganado en proyectos tan diversos como Promesas del Este, Una historia de violencia y la trilogía de El Señor de los Anillos, Mortensen da una lección de sutileza en este western que coprotagonizan el propio Ed Harris y Renée Zellweger. El reparto, por cierto, se completa con actores formidables, como Jeremy Irons, Timothy Spall y Lance Henriksen. En un papel menor, pero significativo, aparece la española Ariadna Gil, que también participa en este encuentro con la prensa.
¿Es Mortensen un actor del método? De momento, prefiero la definición que hizo de él Arturo Pérez-Reverte a propósito de su trabajo en Alatriste. “Ten en cuenta una cosa –decía el escritor–: él no es español. Eso sí, domina nuestro idioma, cosa que le ha facilitado el acceso, y es un actor culto, que no todos los son. Es un actor que lee. Pero él llegó aquí, al fin y al cabo, como un extranjero. Lo que hubo fue un proceso de asimilación del personaje español impresionante. Eso fue lo que más me impresionó. Mi lección de todo esto ha sido ver cómo Viggo se convertía paulatinamente en Alatriste. Y no delante de la cámara, sino vitalmente durante todo el tiempo que estuvo trabajando en la película. Es tremendo cómo compuso el personaje. Desde el primer momento en que empiezas a ver la película, te das cuenta de que Viggo no está interpretando a un español, es que es español”.
En el caso de Appaloosa, sucede algo similar. Viggo Mortensen da vida a un agente de la ley, Everett Hitch, a quien la injusticia le quema la sangre. A partir de su segunda secuencia, ya nos hemos olvidado de que hay un actor frente a la cámara, y nos limitamos a acompañar a un justiciero tan leal como irónico: un tipo duro, poco hablador, que se ha ganado el respeto y la reputación a tiro limpio.
Durante la charla de hoy, las preguntas abarcan la frenética actividad de Viggo: desde su afición a la fotografía y su labor al frente de la editorial Perceval Press hasta su intervención en proyectos como La carretera (The Road), el largometraje basado en la post-apocalíptica novela de Cormac McCarthy.
Tras dedicar un recuerdo afectuoso al director de Alatriste, Agustín Díaz Yanes –ayer mismo fue al cine para ver Sólo quiero caminar–, Viggo nos indica lo mucho que admira al director y protagonista de Appaloosa.
“Muchas veces –dice– he pensado que hay muy pocos actores que puedan hacer lo que hace Ed Harris en la película. Es un trabajo detallado, sutil. Con cierto humor. Siempre se nota que ocurre algo, o que está pensando en algo. Hoy en día, sólo llegan a ese nivel Clint Eastwood y no sé quién más. Me recordaba el trabajo de Lee Marvin, de Steve McQueen…”.
Es todo un placer que los estudios hayan dado luz verde a una película como Appaloosa, perteneciente a un género arrinconado. En todo caso, a Viggo esto le lleva a reflexionar. “El cine –dice– mayormente empezó con el western. Entre la Primera Guerra Mundial y 1960, casi el veinte por ciento de las películas eran de género western. Después, cuando yo era niño, había muchas películas, muchas series de televisión ambientadas en el Oeste. Ahora no tanto. En parte, porque hay otros géneros –ciencia-ficción, fantasía…–. Hay mucho que ver y mucho que hacer en el mundo de hoy. Pero se siguen haciendo westerns, y creo que siempre se seguirán haciendo westerns porque es una época importante, y tiene algo universal”.
Appaloosa, sin duda se ciñe a ese canon que hoy define Mortensen. “El western propiamente dicho –añade– transcurre entre la Guerra Civil norteamericana y fin de siglo XIX. Ésa es su época, y ése es el western, digan lo que digan los franceses y los japoneses. Y tiene que ocurrir en Norteamérica, en el norte de México, en el oeste de Canadá o de Estados Unidos. Pero lo universal es que representa el fin de una forma de vivir. Una forma de ver el mundo. Es el fin de una época, el cierre de la frontera. En Appaloosa, estos dos hombres, aunque trabajan al lado bueno de la ley, trabajan y se comportan de una forma bastante brutal. Eso es algo que tiene que cambiar cuando viene la llamada civilización –los indios no dirían que es civilización, pero bueno…–. Leyes, justicia, pueblos… El paisaje ya no es infinito. Entran en juego las normas. Cuando llega la mujer, René Zellweger, va a cambiar todo. Y es verdad. El comportamiento del personaje de Ed Harris va a cambiar. Nuestra amistad cambia. Y en cualquier cuento es interesante qué pasa en una relación personal o en la sociedad cuando hay un obstáculo. Cuando cambia la cosa, si uno no es flexible y no se adapta al nuevo mundo, vas a sufrir. Eso siempre crea tensión y es interesante dramáticamente, pienso yo… Así que el western, como representa todo eso, sigue estando vigente”.
Aprovecho mi turno en este encuentro para formular a Viggo preguntas que tienen que ver con dos de sus pasiones: la literatura y la fotografía.
Creo que fue Ed Harris quien le prestó la novela original de Robert B. Parker. ¿Qué impresión le causó su lectura?
A Robert B. Parker, el autor de Appaloosa, se le conoce sobre todo por las novelas del detective Spenser y por otros trabajos del mismo tipo. No ha escrito mucho en el género western. Ed encontró este libro cuando salió, que era justamente cuando hacíamos la promoción de la película de David Cronenberg Una historia de violencia, en el Festival de Toronto. Recién salió ese libro, y parece que le gustó a Ed. Discreto como siempre, me dice: “¿Te gusta leer libros?... Y bueno, tengo un libro que me gusta. Te lo doy”. Lo leí, y yo sabía como es él. Supongo que por alguna razón me da el libro, ¿no? Lo leo y veo que son personajes muy interesantes. Tiene diálogos muy buenos, preciosos. Plantea una relación interesante entre dos amigos. Y entonces lo llamo y le digo “Lo leí, y está bien ¿Qué vas a hacer?” “Bueno… Tengo los derechos y quiero hacer una película”. Yo le dije: “Contá conmigo si podés juntar el dinero para hacer la película. Y así fue”.
¿Tuvo ocasión de conocer a Robert B. Parker? ¿Llegó a ir al rodaje?
Vino, vino… pero Robert no vino al rodaje, sino al estreno. Creo que estuvo en el estreno mundial, en septiembre, en el Festival de Toronto.
Appaloosa cuenta con un equipo técnico excepcional. Entre otros, trabajan en la película el diseñador de producción Waldemar Kalinowski y un director de fotografía fuera de serie…
Dean Semler.
¿Cómo fue el trabajo de Semler junto a Ed Harris? Se lo pregunto porque usted mismo también es fotógrafo.
Dean Semler y Ed pasaron un tiempo viajando. Fueron a todos los sitios –así es como se hace cine cuando se hace bien– y prepararon muy bien la película. Eligieron muy bien los escenarios y el estilo, pensando en el hecho de que esta película, idealmente, tenía que estar dentro de lo que sería la herencia del clásico western. En Appaloosa se ve el paisaje. Se ve la gente. Se ve la ambientación de la película. Y lo rodaron así, más al estilo de John Ford que al de Sergio Leone. Hay planos cortos cuando es importante, pero se reserva eso para cuando vale la pena, no continuamente.
¿A qué se refiere?
Por ejemplo, en El tren de las 3:10 (3:10 to Yuma), que tuvo éxito y es muy interesante, hay muchos planos cortos. Para mi gusto, si va a ser un western clásico, hay demasiados planos cortos. En Appaloosa rodaron planos grandes. Ahora la gente a lo mejor tiene miedo cuando hace un western. O tiene que ser una cosa muy cuidadosa, muy artística como El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (The Assassination of Jesse James By The Coward Robert Ford), o con ritmo y muchos planos cortos como El tren de las 3:10. Pero Ed no tuvo miedo de hacerlo como lo hacían antes. En términos musicales, tiene oído, compone muy bien, porque hay momentos de acción, de drama, de tensión, que salen muy bien. Pero cuando hay esas pausas, con gestos, con miradas, el espectador lo ve todo. Hay paciencia de parte del director. Y la fotografía está sensacional. Es muy bonita.
Viggo Mortensen en la terraza del Hotel Ritz, Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.









































































































