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El cine en 3 D. Diálogo con Jeffrey Katzenberg

JeffreyKatzenberg

Monstruos contra alienígenas, la nueva película de animación producida por los estudios DreamWorks, tiene cuatro protagonistas que los cinéfilos de pata negra reconocerán con facilidad.

Diseñados a la antigua usanza, el doctor Cockroach (Hugh Laurie), B.O.B. (Seth Rogen), Susan (Reese Whiterspoon) y el Eslabón perdido (Will Arnett) se igualan, respectivamente, a los principales personajes de La mosca, La masa devoradora, El ataque de la mujer de 50 pies y La criatura de la Laguna Negra.

Este tributo a la ciencia-ficción de los años cincuenta tiene su razón de ser, sobre todo si recordamos que por aquel entonces alcanzó su apogeo el cine en tres dimensiones. Es más, en 1953 se estrenaron 27 títulos en ese formato que ahora vuelve, corregido y aumentado, gracias a cintas de animación digital como ésta que nos ocupa.

Se lo comento a su productor, Jeffrey Katzenberg, fundador y máximo responsable de DreamWorks, socio de Steven Spielberg y gurú de la animación en Hollywood.

“Ese homenaje no es algo que planeásemos desde el principio –me responde–. Hace cuatro años que comenzamos a preparar la película, y hace dos que tenemos la tecnología precisa para rodarla en tres dimensiones. Así pues, se trata de una feliz coincidencia”

Katzenberg ha venido a España para predicar las bondades del nuevo sistema. La penúltima novedad de su catálogo es Madagascar 2, otro éxito de la casa, rodado con la amplitud de medios que suele movilizar este productor enérgico y visionario, a quien muchos respetan como uno de los tipos más poderosos de la industria.

Hagamos memoria: antes de aliarse con Spielberg, Jeffrey Katzenberg consiguió que los estudios Disney abandonaran los números rojos. ¿Con qué estrategia? Pues ideando cuatro largometrajes de altísima precisión comercial: La sirenita, La Bella y la Bestia, Aladdin y El rey león. Con el fin de mejorar las finanzas en la Factoría del Ratón, defendió luego el consorcio con Pixar, la misma empresa con la que ahora se disputa el mercado.

“Nos hallamos ante el tercero de tres eventos revolucionarios –dice hoy, como quien da paso a un tanque Sherman en un desfile militar–. El primero fue la transición del mudo al sonoro. El segundo se debe a la llegada del color. Y la tercera de estas revoluciones viene ahora, con el cine en 3D, que es la mayor novedad en el negocio cinematográfico desde hace setenta años”.

Para ser sincero, tengo que decir que lo que me atrae de esta presentación es su naturaleza provocadora. Sin duda, el cine digital en tres dimensiones ofrece una ventaja competitiva sobre la televisión, y además, permite luchar contra la piratería, porque evita los screeners que luego se distribuyen por la red. Ahora bien, pese al empeño de Robert Zemeckis –Polar Express, Beowulf– y al buen resultado de títulos recientes como Viaje al centro de la Tierra, no tengo tan claro que este modelo de proyección sea rentable.

“Obviamente –aclara Katzenberg–, hablamos de un sistema que nada tiene que ver con el cine en 3D que tuvo éxito en los cincuenta. Por aquel entonces, era necesario emplear unas gafas de cartón, rojas y azules, que además de ser incómodas producían dolor de cabeza. Este nuevo sistema propone una nueva experiencia visual, y ofrece al espectador la impresión de estar dentro de la escena. Gracias a la tecnología digital, la sincronización es perfecta, y también lo es la sensación de profundidad”

Muy probablemente, los exhibidores, punto clave en el negocio del cine, preguntarían a Katzenberg quién va a satisfacer los costes que supone adaptar sus salas por partida doble. En primer lugar, al cine digital –se acabaron las bobinas de celuloide–, y en segundo término, a la proyección en 3D. Es cierto que algunos estudios planean sufragar esa perestroika tecnológica, pero aún persiste cierta sensación de bloqueo.

Por otro lado, la sospecha de que el cine tridimensional es, simplemente, un prodigioso juguete ha prendido en críticos tan influyentes como Roger Ebert. Su argumentación se basa en el creciente predominio de los trucajes sobre la narración. Imagino que Ebert, un admirador de cintas como Buscando a Nemo y Wall·E, olvida voluntariamente que su productora, Pixar, nació a la sombra de Industrial Light & Magic, la compañía de efectos especiales de George Lucas.

“Al margen del debate que pueda suscitar –aclara Katzenberg–, lo cierto es que el moderno cine en 3D ya no tiene nada que ver con los parques temáticos. De hecho, este sistema ha de ser un recurso que sirva de soporte a cada historia. El año próximo, James Cameron estrenará Avatar, su nuevo largometraje en 3D, y en 2010, llegarán a las pantallas unas veinte producciones tridimensionales. No se trata de una moda pasajera. Directores como Steven Spielberg, George Lucas y Peter Jackson están desarrollando proyectos en 3D. Muy pronto, incluso los dramas intimistas se rodarán en este formato”.

Año tras año, la animación digital cambia otra vez de piel. Se suele hablar de Disney como el estudio que fundó el sector –Tron fue producida en 1982–, lo cual le da el papel de árbitro en este juego. De hecho, Disney sostiene su acuerdo con Pixar y produce por cuenta propía éxitos como Bolt. Este mismo esquema empresarial es el aplicado por Fox, que asumió esta tecnología hace una década, en títulos como Titan A.E., y hoy patrocina los Blue Sky Studios, creadores de la trilogía Ice Age.

Muchos expertos siguen creyendo que Katzenberg hará saltar la banca por medio de series como Shrek, Kung Fu Panda y Madagascar. Al parecer, el cine tridimensional le ofrece la combinación de cartas que necesita para ello.

“El objetivo –nos dice, satisfecho– es ofrecer al público una experiencia de la que no puede disfrutar en casa. Es una ocasión única para animar a los espectadores a que vuelvan a las salas”.

Antes de que termine esta charla con la prensa, le pregunto por los efectos financieros que tendrán sus vaticinios. A fin de cuentas, el negocio no reside solamente en la taquilla, tal y como podría parecerle al observador externo. Supongo que el motivo de adelantarse en este mercado es que uno no sabe cuánto va a ganar hasta que no ha vendido el software a la competencia. Tengan en cuenta este dato: Katzenberg ha firmado un acuerdo con Intel para desarrollar InTru 3D, un paquete de programas indispensable para rodar esta variedad de películas. No hace falta añadir que la lista de posibles clientes abarca más de medio Hollywood.

“Nuestra idea –responde Katzenberg– es ofrecer estas herramientas de software a todo el mundo. Deseamos que todos puedan trabajar en 3D, y de hecho, ya existe colaboración entre los equipos de distintas películas. Al final, lo relevante son los creadores, no las herramientas que emplean. Todo el mundo puede comprar pinceles, pero el talento artístico es otra cuestión”.

En contra de lo que pueda parecer, en este negocio los acontecimientos se suceden de forma ordenada. Y no importa cuántos casos abordemos – Up, Coraline, Harry Potter y el príncipe mestizo o esa Cleopatra musical que prepara Steven Soderbergh–, siempre tendremos que dar por bueno el postulado de Katzenberg: el pionero lleva ventaja.

Monstruos contra alienígenas (Monsters vs. Aliens) © Paramount Pictures. Cortesía de Paramount Pictures Spain. Reservados todos los derechos.

Fotografía de Jeffrey Katzenberg © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en ABCD Las Artes y Las Letras, suplemento cultural del diario ABC.


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