
Frank Miller, uno de los autores de cómics más respetados en la actualidad, es nuestro anfitrión en esta gélida mañana madrileña.
Sin duda, es todo un aliciente que Miller nos visite para presentar la primera película que dirige en solitario, The Spirit, basada en la historieta clásica de Will Eisner. Es todo un aliciente, les decía, pero acaso la presencia de Miller no hubiera despertado tanta expectación si hoy no viniese acompañado por Scarlett Johansson, Eva Mendes y Paz Vega.
Déjenme contarles algo sobre Scarlett Johansson. En ninguna otra actriz moderna, el glamour y la inocencia se dan tan fuerte y eficazmente la mano. A media mañana, con el frío metido en los huesos y después de beber café caliente en un vaso de papel, la veo como una estrella de la RKO, puro old-fashion, como si cada movimiento de sus labios se midiera a veinticuatro fotogramas por segundo.

Apenas un par de flashes sirven para dar inicio a una sesión frenética, en la que los reporteros gráficos debemos encuadrar un gesto, un guiño que resuma la personalidad de la actriz. La tarea es complicada, pero muy tentadora.
Johansson ya figura en la división de honor de los buenos intérpretes. Una categoría que, por cierto, también quiere alcanzar su compañera, Eva Mendes. A través del objetivo, esta última se gana a los fotógrafos con dos virtudes siempre oportunas: el humor y la exuberancia.
Mendes posee el arrebato de lo sincero. No sé cuál es la clave de su atractivo, pero diría que en el interior de esta bomba cubana se reconoce la estirpe de maggiorattas como Claudia Cardinale y Raquel Welch.
Una cosa está clara: supongo que la belleza democratiza a los admiradores. Quienes sólo se fijan en el trabajo interpretativo de nuestras anfitrionas son muchos, pero suman un número mayor que quienes, simplemente, agradecen a la Madre Naturaleza aportaciones tan saludables como Johansson y Mendes.
Llamémosle sentido del buen orden estético.

Drama y belleza. Esa es la cultura que estas dos mujeres representan. En el buen cine de antes, el firmamento de Hollywood nos brindaba representaciones de ciertos mitos. No me pregunten por qué, pero es obvio que Eva y Scarlett llevan grabado en el alma ese arquetipo de lo femenino, indisociable de viejos sueños en Technicolor.
Junto a ellas, y a juzgar por su mirada de hoy, Frank Miller parece ocultar informaciones que tendrían que ser verificadas en la Fiscalía del Distrito. Idea instintiva: el dibujante luce un aspecto duro, con aplomo, acorde con sus historias. Verlo acompañado de estas mujeres permite reconocer a alguien que obtendría buenas calificaciones como investigador en una novela de James Ellroy.
En The Spirit, Scarlett Johansson, da vida a la perversa Silken Floss, una dama de aire imperturbable, para quien el crimen es una actitud.
El personaje le va bien, y lo interpreta sin esfuerzo. Según dice la propia Johansson, Silken Floss es “muy, muy inteligente y fácil de aburrir. Se encuentra allí por la aventura, ayudando a este tipo enloquecido [Octopus, interpretado por Samuel L. Jackson] con su tráfico de drogas y vistiendo prendas locas. Nada de todo eso es real para ella. Probablemente, en parte, porque ella continuamente está sumergida en la provisión de droga. Es una extraña fase en su vida, y quién sabe lo que ocurrirá luego”.
Con aspecto de vampiresa devorahombres, Eva Mendes encarna a Sand Saref, quien fue novia del protagonista y reaparece en la vida de éste convertida en una ladrona internacional.
“Sand Saref –dice Mendes, en clave psicológica– es en realidad una niña pequeña destrozada”. Y añade: “Ha decidido que, en realidad, sólo puede contar con las joyas caras. Ella adora las cosas brillantes, como ella misma las llama”.

El estilo de rodaje que ha dado lugar a The Spirit es el mismo que Miller aprendió de Robert Rodríguez en Sin City. Todas las escenas se han filmado sobre pantalla verde, lo que ha permitido modificarlas y darles nuevas texturas mediante los programas de imágenes generadas por ordenador (CGI).
De hecho, esta libre adaptación del cómic de Will Eisner hereda el mismo empaque visual que distingue a la película de Rodríguez y que se adivina enWatchmen , de Zack Snyder. “Lo que ocurrió con la tecnología computarizada y el CGI –aclara Miller– es que encajó perfectamente con alguien con mi abanico de conocimientos”.
¿Acaso la tecnología digital es equiparable al lenguaje del cómic? Algo hay de eso, según lo entiende el propio Miller: “Yo cuento historias con imágenes –dice–. Lo que me encanta del CGI en cine es que si soy capaz de pensar en algo, eso puede estar en la película. Y aunque esta tecnología habla del futuro, también puede recuperar algunos valores del pasado. No solamente los valores del cómic en una ciudad extraña con luz tenue, sino también los valores del cine negro clásico. Quería que The Spirit tuviese la imagen descarnada y aterradora de esas viejas películas”.
Los aficionados al cómic admiramos el tebeo original por razones muy sólidas. Por ejemplo, sus magníficos guiones: un entrañable homenaje al género negro, repleto de acción, misterio, humor y sensualidad. A ello se añade el arte de Will Eisner, uno de los narradores más importantes de lahistoria del cómic, que supo experimentar con los códigos de la novela gráfica hasta extremos sorprendentes.
“Will –reconoce Miller– fue siempre un aventurero en su trabajo. Lo que queríamos hacer en esta película era volver a estar en contacto con ese sentido de la experimentación que The Spirit aportó y que a la vez definió a The Spirit. Todos, el reparto y el equipo técnico estaban dispuestos a intentar cosas”.
Scarlett Johansson y Eva Mendes en el Hotel Santo Mauro, Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.
Paz Vega, Scarlett Johansson, Eva Mendes y Frank Miller en el Hotel Santo Mauro, Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.









































































































