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Encuentro con Juan Carlos Fresnadillo

JuanCarlosFresnadilloLa verdad es que cuando lo pienso, y sobre todo cuando me toca comprobarlo a través de algún personaje, veo lo acertado que estuvo Baltasar Gracián cuando dijo aquello de que el español mejora en la distancia.

Porque tiene su gracia. Un cineasta como Juan Carlos Fresnadillo, perteneciente a una generación de realizadores ibéricos que no tiene el público a su favor, consigue fascinar (o mejor, fascinarnos) a sus paisanos cuando logra que la industria internacional lo respalde.

Está claro que Fresnadillo, hombre de claro talento, ha planificado su carrera despacio, a largo plazo. De ahí que le haya beneficiado tanto el cambio de aires, lejos de los lugares comunes por los que circula el gremio en nuestro país.

Con todo, esta proyección internacional se veía venir: Su cortometraje Esposados (1996) fue candidato al Oscar. Lo mismo vale para Intacto (2001), un largometraje que dio bastante que hablar fuera de España. Tanto es así, que el propio Danny Boyle creyó que el autor de esa película debía ser el director de su nueva producción, 28 semanas después, continuación de la estupenda 28 días después.

Juan Carlos Fresnadillo sale a nuestro encuentro en la terraza del madrileño hotel Santo Mauro. Posa ante las cámaras con actitud reposada, con el gesto tranquilo. Sin una nota discordante. Como alguien que ya entiende de qué va eso del cosmopolitismo.

28 semanas después

Pese a que hablamos de una cinta de género –ignoro si Stephen King haría aquí su clásica distinción entre horror y terror–, 28 semanas después apunta hacia un objetivo que está más allá del estereotipo. No lo niego: aquí se trata de zombies y de persecuciones frenéticas, de sangre, de adrenalina mal contenida y de fantasmas familiares poco entrañables... Pero lo cierto es que la película contiene eso que los pedantes llaman una metáfora de la sociedad contemporánea.

Dicho de otro modo, narra temores que no se sustentan exclusivamente en la ficción. Y créanme, lo hace con un ritmo tan intenso que al arriba firmante, acostumbrado a un miedo más gradual, casi le sobrepasa.

En el trabajo de Fresnadillo ha tenido una labor importante Andrew MacDonald, productor y responsable de DNA Films, una compañía asociada a Twentieth Century Fox. “Soy un gran fan de 28 días después –comenta el cineasta canario–. Fue un honor increíble recibir su oferta para que dirigiera la segunda entrega, pero al mismo tiempo era algo muy intimidatorio. No sabía lo que podría hacer para mejorar la primera película, o para seguir su trama. Pero los de DNA estuvieron persiguiéndome durante uno o dos meses… y me sentí muy cómodo con ellos desde el primer encuentro”.

A diferencia de lo que sucede con frecuencia en el cine de terror, esta vez la escritura del guión fue una labor compleja y, sobre todo, meticulosa. “Trabajamos en el guión durante casi un año –dice Juan Carlos–, y al final logramos sacar adelante el texto que quisimos. Pero me preocupaba que no les gustase a los productores, porque era muy especial, y también diferente del de la primera película. Obviamente, conservábamos el mismo panorama y la misma visión apocalíptica del mundo. Para mi sorpresa, les gustó muchísimo”.

Protagoniza la película Robert Carlyle, un actor cuyo nivel interpretativo suele estar por encima de algunas de las cintas en las que interviene. Esta vez, la composición de su personaje resulta conmovedora, y también aterradora. ¿Una rara combinación? Ténganlo por seguro. “Carlyle –explica Fresnadillo– es un fantástico actor, y un profesional como la copa de un pino. Entendía a la perfección que éste iba a ser mi primer trabajo en inglés, así que me ayudó mucho. Hizo que todo me resultara muy fácil como director. Desde el comienzo de la película, puedes seguir a su personaje. Lo entiendes y sientes todas sus preocupaciones como si fueran tuyas”.

Puedo imaginar el modo en que Danny Boyle, tipo simpático e inteligente donde los haya, animó a Fresnadillo durante los preparativos. “Pedí ayuda a Danny y a Alex Garland –indica el director español–, porque no conocía Londres muy profundamente. Además, era mi primera experiencia rodando una película en un idioma que no es el mío. La visión de Danny Boyle era muy importante para mí porque él, de alguna forma, es la madre de la criatura, y si quieres hacer otra película en torno a ella, necesitas su ayuda. Así que trabajé de una forma muy libre, pero con el legado de Danny y la ayuda de toda la gente de DNA”.

Cuando Fresnadillo se retira al interior del hotel, reviso algunas de las fotografías que acabo de hacerle. Le veo afirmarse a través de una mirada franca, segura. La de alguien acostumbrado a hacer piruetas con la imaginación, en un mundo creado por libros y viejas películas.

Copyright © de la fotografía: Guzmán Urrero, 2007. Reservados todos los derechos.


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