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Entrevista con Catherine Hardwicke

Crepusculo

Dentro de unos años, confortablemente instalados en la era de la publicidad viral, los sociólogos del cine analizarán los resortes que encumbraron la saga de Crepúsculo hasta esas alturas que hoy domina la franquicia de Harry Potter.

Todo llegará, créanme, pero antes de repartir las cartas en este juego tan lucrativo, convendrán conmigo en que todo éxito tiene su razón de ser y debe ser explicado. Quien se encarga de esto último es una excelente directora, Catherine Hardwicke, a la que entrevistamos antes de que su esperada producción llegase a las pantallas.

Crepúsculo es la primera película de una saga inspirada en las novelas de Stephenie Meyer. Integran el ciclo cuatro volúmenes: Crepúsculo (2005), Luna Nueva (2006), Eclipse (2007) y Amanecer (2008).

Aunque muchos críticos aún no se explican la clave de su triunfo, lo cierto es que su legión de seguidores defiende estos libros como si fueran un documento literario imprescindible.

Échenle un vistazo a las estadísticas editoriales. Meyer ya ha desplazado a J.K. Rowling en las listas de ventas. Y lo ha hecho con un argumento sencillísimo: la historia de amor entre Isabella Swan, una chica corriente a la que todos llaman Bella, y Edward Cullen, un vampiro de buen corazón. En definitiva, un melodrama juvenil con ingredientes fantásticos, desprovisto de ambiciones y sin una sola veta de estilo, pero convertido en libro de cabecera por varios millones de adolescentes.

De negocios derivados, claro, los ejecutivos de Hollywood entienden más que nadie. Por eso llamaron tan pronto a la puerta de Meyer. Al principio, MTV Films, filial de Paramount, quiso comprar los derechos. Sin embargo, el contrato de adquisición llegó a manos de Summit Entertainment, una productora de categoría media.

En seis semanas, el libreto fue redactado por Melissa Rosenberg –guionista de series como Dexter y Ally McBeal– y revisado por la cineasta Catherine Hardwicke. A esta última la conocerán los más informados por su prestigio como directora artística –Tombstone, Tres Reyes– y por su competente carrera como realizadora –Thirteen, Los amos de Dogtown, Natividad: la historia–. Digamos que Hardwicke, arquitecta en sus inicios, conoce el tinglado del cine y posee una técnica más brillante que algunos directores mejor situados. Dos razones suficientes para entender por qué su versión es superior al original literario. Por si ello no bastara, esta es la cuarta vez que Catherine explora los territorios más sensibles de la adolescencia: un mérito decisivo para llevar Crepúsculo a buen puerto.

Varias semanas lleva la realizadora promocionando el estreno. Dado el cansancio que suelen provocar este tipo de giras, la experiencia de entrevistarla en un hotel madrileño resulta mucho más amena de lo que suponía. En realidad, la conversación con Hardwicke se hace fácil, porque tiene una inteligencia rápida y evita las afirmaciones categóricas.

“Al comienzo –me dice–, no sabía si Stephenie Meyer querría que yo dirigiese de una determinada forma. El caso es que me gusta la colaboración y el intercambio de ideas, así que también me agradó hablar con ella”.

No hubo, pues, una relación tormentosa entre ambas, de ésas que enriquecen cualquier crónica. “Stephenie es muy lista –subraya Hardwicke–, y obviamente es quien mejor conoce su obra y los personajes que la habitan. También es consciente de lo que les preocupa a los fans: aquello que no debes cambiar, sea grande o pequeño… A decir verdad, tuvimos una buena relación. Todo lo que sugirió era adecuado”.

Se me ocurren unas cuantas desventajas a la hora de rodar bajo la lupa de una gran compañía. Por eso le digo a la directora que quizá haya ganado en libertad creativa con el proyecto en manos de Summit.

“Me lo ha puesto más fácil –responde– y también más duro. En otras circunstancias, puedes inyectar más dinero y obtener más efectos especiales. En este caso, hubo que reducir el presupuesto, lo que me obligó a luchar por determinadas ideas visuales. En todo caso, ya he tenido experiencias con Summit, New Line y Sony Pictures. Sony es una compañía de mayor envergadura, y no obstante, me apoyaron mucho cuando rodé Los amos de Dogtown. Creo que la cuestión no es el tamaño del estudio, sino las personas que lo dirigen”.

Pese a que Crepúsculo y sus secuelas encabezan la lista de los libros juveniles más vendidos que elabora el New York Times, no soy un entusiasta de la prosa de Stephenie Meyer. Está claro que Hardwicke admira la saga mucho más que yo, pero eso no le impide ver que su adaptación debe procurarse un espíritu propio.

“Algunos lectores han tenido sus dificultades con el libro – me dice–. Contiene muchos diálogos. Demasiadas descripciones sobre la belleza de Edward… La película es física, cinemática, y no necesitamos hablar sobre lo que ya es evidente en el plano. En todo caso, la lectura es una experiencia imaginativa muy diferente, y por eso estoy segura de que las reacciones serán variadas. Habrá quien se quede con el libro y quien prefiera la película”.

Como les dije, Catherine es una experta en el universo adolescente. “Eso sirve de ayuda –comenta– porque ya he trabajado con actores de esa edad. Además, tengo dos hijas adoptivas, sobrinos… La adolescencia es un periodo fascinante, muy dramático, lleno de pasiones, excitación y nuevas posibilidades. En todo caso, te aclaro que aunque Edward parezca un adolescente, tiene más de cien años. TambiénBella es muy madura para su edad”.

Reunir en la misma sala de proyección a los incondicionales y a quienes desconocen la obra de Meyer es una tarea florentina, que requiere ajustes bastante serios. De hecho, el libro va conformándose tal y como es a base de estereotipos: un material que no siempre funciona en pantalla grande. Así se lo digo a Hardwicke, y ella encaja la duda demostrando que sabe cómo funciona la linterna mágica.

“Los estereotipos –responde– implican una mínima descripción del personaje. Por ejemplo, en el libro, el padre y los amigos de Bella carecen de una personalidad desarrollada. En el guión, hemos introducido cambios para que estos personajes sean más activos. Con todo, lo cierto es que todas esas figuras resultan accesorias, porque el foco de la historia se centra en Edward y Bella. Al final, traté de conseguir un equilibrio, enriqueciendo a los secundarios pero sin perder de vista a la pareja principal”.

En ese registro, la directora de Crepúsculo plantea esta puesta al día del american gothic como un romance sin baches de interés, sobrio, diseñado concienzudamente. Ya me dirán ustedes qué más se le puede pedir a un realizador en los tiempos que corren.

Catherine Hardwicke en el Hotel ME Madrid Reina Victoria © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.


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