Miguel Ángel Lamata, maño orgulloso de serlo (suele incluir en sus películas a Miguel Ángel Tirado Vinués, conocido por su personaje Marianico El Corto), es uno de esos amantes del cine más variado, devorador de ficción e irremediablemente destinado a ejercer su profesión.
Formado en las filas de Pepe Navarro, como tantos otros célebres profesionales del humor como Miqui Nadal o Florentino Fernández, Lamata cuenta con tres comedias en su haber, la kaufmaniana Una de Zombis, la gamberra y adolescente Isi/Disi: Alta Tensión y la treintañera Tensión sexual no resuelta.
Sobre esta fijación cómica, casi siempre condimentada con metaficción, Lamata explica: “Creo que no hay ningún que haya hecho en el que no haya algún elemento de metaficción. He llegado a la conclusión de que sólo me salen comedias sobre escritores. La metaficción se abre paso a patadas como puede, aunque en principio no pinte nada en mis guiones”.
Pero Lamata quiere tocar más palos cinematográficos: “Acabo de hablar con unos productores sobre la posibilidad de hacer una película de terror, un género que me entusiasma, y me gustaría meterme en eso para hacer algo distinto. También tengo un guión titulado El hombre que hizo el amor con la muerte, una mezcla de acción, humor y aventura que me apetece mucho hacer, un producto muy lamatiense. Pero no me importaría cascarme diez comedias. Mira Woody Allen, es uno de mis directores favoritos y la mayor parte de sus películas con comedia”.
Entre sus directores favoritos, Lamata cita también a Steven Spielberg y a James Cameron. Del director de Avatar dice: “Me fascina. Aliens y Mentiras Arriesgadas igual las he visto treinta veces cada una”.
Pero el realizador tampoco se queda en el cine norteamericano, y admite su gusto por Bergman o Eric Rohmer, aunque siente predilección por el escapismo: “Me gusta el escapismo basado en hechos reales, como el deSpike Jonze o Charlie Kaufman. Casi todas sus películas tratan sobre alguien que no soporta la monotonía y encuentra la fantasía en los lugares más insospechados. Es una especie de fantasía que visualmente es razonable. Ves Cómo ser John Malkovich y no ves lo que ves en The Lovely Bones. Supongo que la metaficción de mis películas es como una especie de puerta que te lleva a unos parajes que tienen que ver con la realidad, pero sobre todo tienen que ver con la fantasía cinematográfica”.
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