
Durante una concurrida rueda de prensa en el Festival de San Sebastián, Quentin Tarantino y Brad Pitt han hablado a los periodistas sobre Malditos bastardos, una espléndida producción que inaugura la sección Zabaltegi-Perlas.
La fecha, 18 de septiembre. Ante un gran cartel verde y blanco, en el que resaltan los logotipos del Festival y de Televisión Española, Quentin Tarantino y Brad Pitt atienden a un auditorio repleto de periodistas. El realizador trae bajo el brazo el libro que el festival ha editado con ocasión de la retrospectiva que durante estos días dedica a Richard Brooks.
Tanto él como Pitt llevan la satisfacción escrita en cada uno de sus gestos. Y no me sorprende, porque Malditos bastardos es una película vigorosa, entretenida y sumamente original.
Elegida para inaugurar la sección Zabaltegi-Perlas, ganó en Cannes el Premio al Mejor Actor para Christoph Waltz y se proyectará hoy, en la primera jornada de esta 57 edición.
Entre las motivaciones íntimas de Tarantino, parecen figurar las mujeres fuertes. Malditos bastardos confirma esa inclinación. “Me gustan –dice Tarantino–. Pero no sé que decir sobre ello. Es como cuando se comenta que hay hombres fuertes en mis películas. Se trata más bien de los personajes. Me gustan los personajes con fuerza”.
¿Nostalgia de la época en que era un debutante? Quentin Tarantino sabe que su carrera, a estas alturas, ya permite este tipo de melancolías: “Creo que soy un cineasta más completo de lo que lo era en aquel tiempo”.
Cuando le preguntan qué fue lo que le impulsó a trabajar con Brad Pitt, el director responde con una anécdota muy significativa: “Fue pocas semanas antes de que yo lo concluyera cuando recibió el guión y me puse en contacto con él. Literalmente, fue tres semanas antes de que yo terminara de escribirlo… Era una forma de mostrarle el proyecto, pero indicándole que tenía previsto iniciar el rodaje de inmediato. Al principio, pensé que obtendría una negativa, porque, en fin, su agenda de proyectos está repleta de compromisos, con al menos tres películas en previsión… Sin embargo, me comentó que no trabaja de ese modo. Su idea es la de estar libre por si llega a sus manos un buen guión. Eso me impresionó”.
Pitt atribuye la comodidad del rodaje al hecho de que lo encabezaba alguien con las ideas extremadamente claras “Fue muy divertido –dice el actor–. El mismo Tarantino que hoy nos acompaña es el que trabaja en el set. Tiene la misma energía, moviéndose rápido y tomando decisiones –el director se ríe ante ese elogio– El set es la iglesia y él es Dios… Y uno aprende algo de Dios”
Cuando Tarantino escucha esto último, bebe un trago de agua y vuelve a reír. ¿Malos momentos durante el rodaje? “Si lo hubo –dice el director a quien le hace esa pregunta– no te lo estaríamos contando a ti…. Bien, pero no hubo ningún enfrentamiento, así que no nos hace falta mentir ahora”
El prestigio de Tarantino, al hilo de lo que explica Brad Pitt, se confirmó cuando éste leyó el libreto de Malditos bastardos: “Sabía que llevaba muchos años trabajando en este guión. Nada más leerlo, supe que era ideal para mí. No era necesario hacer cambio alguno en mis frases. En todo caso, el papel implicaba mucha responsabilidad. Hacer este papel fue perfecto para mí, porque siempre intento buscar personajes diferentes”.
A Tarantino le atrae el modo en que el público de cada país reacciona ante su cine. “Por lo común –señala–, aprovecho esa ocasión para sentarme en el patio de butacas y analizar cómo reacciona la audiencia. Hay veces que una determinada secuencia provoca más risas en un lugar que en otro. Lo mismo sucede con las escenas violentas. Me interesa observar esas diferencias de matiz”.
Sobre el reparto, encabezado por el sublime Christoph Waltz, Pitt tiene clara su admiración: “Hay personajes principales y otros que les sirven de apoyo. Cada uno tiene algo que decir y algo que hacer. Pese a que se trata de un grupo de actores con los cuales no había trabajado, se estableció un sentimiento de camaradería. Todos ellos tienen un formidable nivel. Son intérpretes de muy alta calidad…. Fue como… como una especie de hermandad. Cada uno tiene una relevancia particular en el curso del relato. Y fue muy interesante ver como los actores alemanes se acercaban a este asunto, porque lo hicieron con mucha humanidad”.
Si algo tiene claro Tarantino es que, más allá de ser paisanos, comparte pocas cosas con Aldo Raine, el personaje interpretado por Pitt. “Me gustaría ser tan cool como Aldo –dice–. Pero sí… soy de Tennessee y también tengo ancestros indios”.
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