
Tras haber visto [REC], la estupenda película de Jaume Balagueró y Paco Plaza, no voy a alabar lo que es evidente: su terrorífica recreación de un edificio poblado por fuerzas diabólicas.
En este aspecto, el atractivo del largometraje no inspira dudas, y sólo un crítico que deteste el género –aunque abundan, ya lo sé– puede buscarle defectos. Lo que, sin duda, me parece un mérito mayor es el modo en que Plaza y Balagueró optan por un enfoque naturalista. De hecho, en este falso reportaje televisivo salen a relucir las microhistorias de una comunidad de vecinos que, sin perder su excentricidad e incluso su gracia, intenta liberarse de un horror casi lovecraftiano.
¿Proyectos? El impulsor de Filmax los tiene a docenas. Entre los más sugestivos, me quedo con otra cinta internacional, Transsiberian, en la que Brad Anderson dirige a Woody Harrelson, Emily Mortimer, Kate Mara, Eduardo Noriega y Sir Ben Kingsley.
Julio es un hombre sumamente perspicaz y cordial: dos cualidades que debieran encabezar la ficha de cualquier buen productor. Y es que el cine también consiste en esas cosas: intuiciones, arranques de genio, gestos inteligentes que se vuelven imprescindibles en una industria tan subvencionada y llena de parches como la española.
Desde luego, Julio Fernández no pertenece a esa clase de productores que, como bien dijo Pérez-Reverte, “lloran por un cine que han matado ellos”.
Me quedo oyéndole un rato mientras los compañeros de otros medios preparan sus entrevistas a Jaume Balagueró y Paco Plaza. A decir verdad, estoy de acuerdo con todo lo que me comenta, y eso no suele ser habitual en un gremio como el del cine. No es el momento, pero a uno le entran ganas de entrevistar a don Julio. Por la simpatía que suscita toda su empresa y por el buen ojo que tiene con sus lanzamientos.
Acabamos de ver REC, y comento a sus dos directores mi primera impresión. Esta es una excelente película de terror, filmada con ritmo, buen estilo y referencias que van desde George A. Romero hasta Ramsey Campbell. ¿Acaso se puede pedir más?
Como es fácil de comprobar, no soy el único en ver la categoría de este largometraje. Hace una semana, Sony Pictures comenzó a rodar el remake norteamericano. Además, Filmax va a estrenar REC en 275 salas, y ha vendido los derechos de exhibición en medio mundo.
En la película, Manuela Velasco interpreta a Ángela, una periodista de la televisión local. Acompañada por su cámara, Marcos (Pablo Rosso), la joven prepara un reportaje sobre la actividad nocturna de los bomberos. Pero cuando Manuela y Marcos creen que van a filmar un sencillo rescate en el interior de un viejo edificio, descubren que, en realidad, los aguarda un horror que las autoridades ni siquiera se atreven a nombrar.
Qué curioso, ¿verdad? Eso del miedo. Digo esto porque la sinopsis que les acabo de contar se parece a muchas otras. Habrá quien halle indicios de El proyecto de la bruja de Blair e incluso de La noche de los muertos vivientes. Y sin embargo, REC es una cinta espléndida y posee una frescura que para sí quisieran muchas producciones norteamericanas.
Frente a un puñado de periodistas, Balagueró y Plaza reflexionan en torno a lo que su película ofrece al espectador. Para empezar, entretenimiento. Sólo con eso, REC ya supera los límites de ese tipo de películas que parecen no interesar a nuestro público. “Ya hay un ligero movimiento para romper esa barrera –dice Paco Plaza a una compañera–. Me refiero a lograr que, por fin, elcine español deje de ser un género en sí mismo. Ahora vas a la FNAC y ves los rótulos en las secciones de DVD: western, bélico… y cine español. Pero español es una nacionalidad. No tendría por qué ser un género. Creo que eso se está empezando a romper, y ocurre gracias a una generación de jóvenes cineastas que están empezando a hacer un cine sin prejuicios. El cine que a ellos –a nosotros– nos gusta ver. Hacemos cine desde España, y se trata de cine español porque está hecho por españoles, pero sin esa etiqueta general que a veces resulta peyorativa”.
Al fin, me digo. Llevo tiempo esperando reflexiones tan lúcidas. Y no es que uno se incline al fatalismo, figúrense, pero es de agradecer que dos realizadores jóvenes tengan las ideas claras. Oyéndoles, esto –España y su cinematográfica circunstancia– por fin parece una industria. Así que entro al diálogo de lo más optimista, y les planteo una serie de preguntas con un punto en común: REC, al igual que sucede con El orfanato, El hombre de arena o La luna en botella, permite hablar con orgullo de nuestro cine.
Encuestas recientes, como las de EGEDA y el Instituto de Pensamiento Estratégico de la Universidad Complutense de Madrid, dan la idea de que el público español tiene una percepción poco entusiasta de su cine. Parece como si predominase en España un cine destinado al circuito de festivales y a las salas minoritarias. Un cine ajeno al espectador, por decirlo así. Y sin embargo, REC demuestra que también es posible producir y estrenar películas que compitan en pie de igualdad con las norteamericanas. ¿Creéis que por fin va a empezar a realizarse uncine español a favor del público mayoritario?
J. Balagueró. Entiendo el cine como algo que va dirigido al espectador. No lo veo de otra manera. Tú preguntas si el cine español va a empezar a ponerse del lado del espectador. A mi modo de ver, el cine tiene que ser para los espectadores, no para los festivales. El otro día Paco y yo lo estábamos hablando… Los cocineros, ¿para quién cocinan? Cocinan para la gente. Un payaso, ¿para qué sale a la pista? Para que el público se ría… Imagínate un payaso que diga “Yo hago un humor que sólo entiendo yo”… Todos los niños mirándole, y el tío se pone a hacer sus cosas… Mira, el cine es el mensaje que un emisor hace para un receptor. A lo mejor soy demasiado popular en mis planteamientos, pero siempre he pensado así. Y por supuesto, en España se están haciendo películas pensadas para los espectadores. Quiero creer que todas.
P. Plaza. Como realizadores, siempre hemos querido hacer películas que gustasen al público. Películas que fuesen satisfactorias para quien paga una entrada. Como espectador, lo último que quieres es aburrirte o que te dejen indiferente. Y quizá el terror sea una de las experiencias más interesantes. Te sientes muy vivo cuando tienes miedo.
Una de las cosas que más me gustan de REC es que, sin dejar de ser una cinta de auténtico horror, tiene muchos detalles de costumbrismo. Me imagino que, a la hora de calibrar esos elementos en el guión, tuvisteis que buscar un punto de equilibrio nada fácil de conseguir.
J. Balagueró. Básicamente, lo que iba a regir toda la película era el tratamiento narrativo. Era de terror, sí. Una película contada en directo, con una sola cámara, que el espectador tiene que vivir en tiempo real, y casi en primera persona. Eso suponía que todo lo que sucedía tenía que tener credibilidad. Ser realista. Si la parte costumbrista funcionaba y el espectador la asumía, todo iría bien. El público debía reconocer a esos personajes. Debía reír al reconocer las tonterías que podían decir los vecinos de la película, muy similares a las que puedan decir sus propios vecinos (De hecho, algunos de mis vecinos son todavía más excéntricos y divertidos que los de REC). Al asumir todo eso como verdadero, lo que viene después resulta creíble. Para nosotros, el criterio fundamental era siempre la credibilidad. Que los espectadores viesen esta película y se la creyeran como algo que estuviese pasando, y tuviesen miedo. Queríamos hacer una película de miedo de verdad, y por consiguiente, divertida. Ese costumbrismo, necesario para dotar de credibilidad al contexto, nos permitía plantear momentos graciosos, muy útiles para que la película respirarse y para conocer más a los personajes. Cuanto más conocemos a los personajes, más nos va a impactar lo que va a suceder.
Para incidir en esa verosimilitud, habéis elegido un reparto de actores poco conocidos, hábiles a la hora de improvisar. Toda la película parece rodada sobre la marcha, cámara en mano, por un operador televisivo. Lo que ya no sé es si esa filmación estaba muy planificada de antemano, o bien habéis preferido que esas tomas surgieran de manera espontánea durante el rodaje.
P. Plaza. El trabajo que hicimos Jaume y yo en esta película consistía, básicamente, en construir una realidad falsa –una pesadilla que fuera lo más verosímil posible–, y luego enviar a un equipo de televisión para que la contase. Como si todo sucediese de verdad. La técnica de utilizar la cámara en mano nos permitía que César, el operador interpretado por Pablo Rosso, no supiese exactamente lo que iba a ocurrir. Y eso es algo que deseábamos mantener en REC: el hecho de que los actores no tuvieran el guión y que el operador que acompaña a la protagonista y filma cuanto vemos tampoco supiera exactamente lo que iba a suceder. Todo ello contribuye a potenciar esa realidad: la cámara no llega exactamente en el momento en que debe llegar, o falla a la hora de captar algún momento importante... Desde luego, si no hubiera sido con el trabajo de cámara en mano, no hubiera sido posible plasmar esa sensación.
J. Balagueró. Siempre hablábamos con Pablo Rosso de la narrativa interna que tenían que tener los planos. Estamos refiriéndonos a planos larguísimos, porque es una película que después no iba a tener un montaje. La narrativa tenía que estar dentro del propio plano. Por consiguiente, Pablo tenía que estar rodando espontáneamente, y reaccionar a cuanto iba sucediendo, pero sin olvidar jamás un concepto narrativo. La película tenía que estar contada por su cámara.
Desde luego, la verosimilitud es un factor clave en la película. Un factor que, a mi modo de ver, está plenamente conseguido.
P. Plaza. En todo caso, no se trata de una decisión estética o narrativa, sino que viene impuesta por la lógica del guión. Queríamos reproducir muy fielmente lo que sería un reportaje televisivo. Lo que sí nos trajo ciertos problemas es la posible molestia que causarían las imágenes… Era necesario que Pablo manejase la cámara con naturalidad, pero queríamos evitar algo que habíamos visto en otras películas: una narración excesivamente agresiva para el espectador, demasiado mareante o demasiado incómoda. Queríamos estar siempre en el límite de lo molesto pero no sobrepasarlo.
Tengo entendido que habéis rodado en un edificio auténtico. Sin embargo, supongo que el trabajo de decoración habrá tenido que acomodarse a las necesidades de un rodaje tan especial. Me refiero a los movimientos de esa cámara televisiva, que se desenvuelve con total fluidez a lo largo de la escalera o en el interior de los diversos apartamentos. ¿En qué medida ha habido construcción de nuevos decorados para incidir en ese realismo del que venimos hablando?
P. Plaza. Todo está rodado en un edificio real, debidamente acondicionado. De hecho, escribimos la última versión del guión en el propio edificio, adaptando el guión a lo que teníamos ahí. Por ejemplo, el taller textil que aparece en la película realmente está en funcionamiento. En definitiva, intentamos sacar el máximo provecho de los espacios reales que estaban disponibles. Desde el punto de vista decorativo, yo diría que se intervino en todo el edificio. A la hora de construir decorados, citaría el apartamento que aparece al final y un par de espacios más. Como decía, lo que se hizo es una labor de ambientación, porque es un edificio que está en muy buen estado, pero que no está habitado. Así, pues, convenía darle la apariencia de que todo está en uso.
En definitiva, el proceso de preparación ha sido crucial para que luego hubiese un margen para improvisar, ¿no es cierto?
P. Plaza. Bajo su aparente sencillez, se esconde la película más sofisticada que hemos hecho nunca. En lo que se refiere a la puesta en escena, hubo que concebir planos de quince minutos, que empiezan en un camión de bomberos y que se prolongan hasta que los personajes suben a un tercer piso. Esto nos exigía una coreografía, una puesta en escena mucho más elaborada de lo que es habitual en una película, y además, un poco desagradecida, porque debía parecer que todo era real. Nada planificado. Esa era la mayor dificultad: la de conseguir ese aspecto de sencillez.
J. Balagueró. Esta sofisticación afectaba a prácticamente todos los departamentos de la película. Por ejemplo, el de sonido. Grabar el sonido directo de esta película fue muy complicado. Teníamos a dieciséis actores, a veces juntos, a veces separados, y con ellos había que hacer un diseño sonoro muy complicado. Por un lado, teníamos siempre a un perchista, que iba detrás de la cámara, grabando el sonido ambiente. Además, usábamos el micro de la cámara que lleva el operador interpretado por Pablo Rosso. Algunos de los personajes principales llevaban un micro incorporado, que se puede ver, como sucede con la reportera y el bombero al que da vida Ferran Terraza. Otros actores tenían micros escondidos… En definitiva, era un trabajo muy complejo, que siempre teníamos que ir variando. El de efectos especiales es otro de los departamentos más complejos… Una película puede tener efectos especiales muy sofisticados, pero siempre se ruedan de forma específica. Se planifica y se ilumina para el destacar el efecto. Pero aquí no podía ser así. El efecto debía ocurrir a mitad de un plano que dura veinte minutos. Por lo tanto, el efecto debía manifestarse, y luego seguir con el plano. Todo ello supuso un reto muy difícil para todos. Por suerte, tuvimos un equipo que luchó para conseguir todo lo que Paco y yo pretendíamos.
Paco Plaza, Manuela Velasco y Jaume Balagueró, durante la presentación de REC en Madrid © Fotografía de Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.









































































































